Un Huracán para el lobo

CAPITULO XXX

KATHRYN

Maximiliano se encargo de todo lo único que yo hice fue mi maleta y eso porque no le di acceso a mi habitación, al llegar estaba en el vestíbulo esperandome tal cual policía esperando a su traslado por lo que subi me di un baño y baje con mi maleta, suponía que con la urgencia había comprado los boletos pero nos dirigimos a un hangar privado.

  • Imaginé que no habías comprado pasaje asi que pedí que trajeran el jet - me dijo como leyendo mis pensamientos.

Solo levanté una ceja a manera de respuesta y subi, me acomode en mi silla y me coloque los audífonos bloqueando cualquier intento de conversación que el quisiera iniciar, el rugido de los motores del jet privado era lo único que llenaba el silencio sepulcral de la cabina. Afuera, las nubes quedaban atrás a la misma velocidad con la que el ambiente se congelaba aqui adentro.

Maximiliano me observaba desde su asiento de cuero, el ambiente huele a cuero y vino caro con una copa de cristal en la mano y con esa actitud de ganador, la satisfacción le salta por los poros por haber logrado que subiera a este avión.

  • ¿Ni siquiera vas a probar el catering? - me pregunta él sirviéndose el vino con parsimonia, su voz es suave pero cargada de esa autoridad que suele desplegar cuando da órdenes - Mandé pedir ese vino que te gusta, de la cosecha en la Toscana.

No me molestó ni siquiera en girar la cabeza, se que el mira el reflejo de mis ojos en el cristal y lo único que ofrezco es una máscara de hielo con una frialdad absoluta.

  • No recuerdo nada que no esté estipulado en las cláusulas de rescisión, señor Alexander.
  • "Señor Alexander" - me dice con una media sonrisa cínica - Te gusta cómo suena esa distancia, ¿verdad? Como si usar mi apellido fuera un muro de hormigón entre nosotros.
  • No es un muro, es la realidad - le respondo girando la cabeza lentamente - Estoy aquí por el contrato señor Alexander - le recalcó, se que el usar su apellido se siente como un completo bofetón de cortesía - No estoy aquí para cenar contigo, ni para recordar viñedos o mis gustos en vino , ni para fingir que este vuelo es un viaje de placer. No confunda mi presencia con mi voluntad.

Maximiliano deja la copa sobre la mesa plegable, el sonido del cristal chocando contra la madera fina resuena en toda la cabina haciendome saber que he logrado el efecto deseado, se pone de pie y se detiene justo detrás de mi asiento rompiendo mi espacio de seguridad. Puedo oler su perfume, ese aroma que me había perseguido durante noches e hice un esfuerzo sobre humano para no delatarme y enmascaro el estremecimiento poniéndome tensa, volviéndome aún más inalcanzable para él.

  • Eres mi mano derecha en el proyecto - me susurra, inclinándose un poco - No puedes pretender que pasemos ocho horas al día tratándonos como desconocidos. Es ineficiente. Es... infantil.
  • Se equivoca - me paro y me giró por fin, obligándolo a retroceder un paso para mantener el contacto visual. Mis ojos, antes llenos de fuego, ahora eran pozos de una indiferencia muy bien ensayada - Se equivoca. Es profesional. Usted adquirió con juegos sucios mi tiempo y mi talento profesional, no mi calidez. De ahora en adelante, para usted soy la Directora de Operaciones. Nada más.

Me ajustó el saco del traje sastre con una elegancia mecánica, casi robótica y le doy una última mirada antes de seguir.

  • Si me disculpa, "señor", voy a trabajar en los ajustes que están pendientes. No quiero perder ni un segundo del tiempo que me está obligando a venderle.
  • El tiempo se puede comprar, Kathryn. Pero esa mirada de odio que me das... eso es gratis. Y me dice que te importo mucho más de lo que estás dispuesta a admitir - le escucho decir en un susurro cargado de intención.

Sus palabras me hacen detenerme y voltear le sostengo la mirada un segundo de más mientras puedo sentir una grieta en mi armadura, antes de dar media vuelta y caminar hacia la zona de trabajo sin mirar atrás, dejándolo solo con su sonrisa a medio borrar.

MAXIMILIANO

La veo alejarse, y me doy cuenta de que la he recuperado físicamente, pero Kathryn acababa de declarar una guerra mucho más sutil y dolorosa. Me enfurece su actitud distante si ella cree que puede ignorarme esta muy equivocada. Camino a donde esta no con cautela sino como un cazador que ha decidido cerrar la trampa.

Ella esta sentada trabajando como lo dijo, cierro la puerta corrediza tras de mi, el espacio, ya de por sí reducido y puedo sentir como se tensa con mi cercanía.

  • Te dije que no quería interrupciones, señor Alexander - me dice ella sin levantar la vista de su laptop, aunque sus dedos se han quedado rígidos sobre las teclas.

Decido no responder con palabras, me acerco por detrás, rodea la silla de Kathryn con mis brazos y apoyo las manos firmemente sobre la mesa, atrapándola entre mi cuerpo y el escritorio. Me inclino en un movimiento premeditado hasta que mi aliento cálido golpea directamente el lóbulo de su oreja haciendo que se estremesca.

  • Mírame cuando me hables, Kathryn - le exijo con una voz que es puro magnetismo pero también amenaza - Puedes engañar a toda la junta directiva si te da la gana con tu nuevo papel de empleada resentida, pero a mí no. Sé que debajo de ese traje sastre estás contando los minutos para que aterricemos.

KATHRYN

Exhalo un suspiro que aunque evite sale tembloroso y trató con todas mis fuerzas disfrazarlo de hastio, lucho por mantener la mirada en la pantalla, pero Maximiliano estira una mano y cierra la tapa de la laptop de golpe, obligándome a reaccionar para hacer lo que él desea pero me giro, quedando a escasos centímetros de su rostro y el deseo que esta creciendo lo remplazo con furia.

  • Esto es acoso laboral, Maximiliano. Añádelo a la lista de razones por las que haré tu vida miserable - siseo, tratando que se aleje pero no retrocede.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.