Un Huracán para el lobo

CAPITULO XXXI

KATHRYN

El silencio posterior que se sumio ese pequeño espacio era mas asfixiante que cuando Maximiliano estuvo aqui, sabía que había ganado no por mucho pero la victoria de este primer encuentro había sido mia pero no sabía dulce, era insípida pero estaba decidida a hacerle pagar su jugada sucia y me aferré a ello con todas mis fuerzas.

El capitán anuncia que estamos próximos a nuestro destino, respiro aliviada por ello la tensión en éste espacio de metal es cortante y necesito respirar mantener mi actitud distante y fria requiere mucha energía de mi parte que me agota. Guardo lo poco que he adelantado gracias a que mi mente ha estado en un solo lugar o mejor dicho en una sola persona el hombre que se encuentra al otro lado y me dispongo a volver a mi asiento antes del aterrizaje pero antes que logre guardar todo una fuerte turbulencia sacude el fuselaje.

Respiro, mi cerebro se pone en estado de alarma inmediata esto no es bueno pero no puedo sucumbir ante un ataque de pánico me concentro en guardar mi laptop pero mis manos tiemblan sin control y no me ayudan.

  • Respira Kathryn, respira - me digo a mi misma.

Tengo los nudillos blancos de tanto apretar el borde de la mesa mientras mi pecho sube y baja sin control y cuando el jet vuelve a sacidirse mi autocontrol empieza a tener grietas graves.

Maximiliano aparece en el umbral de la puerta, no parece afectado por el movimiento por el contrario se desplaza con la fluidez de alguien que siempre tiene el control.

  • Vamos directora, es hora de volver a su asiento no queremos que le suceda un percance que le obligue a estar mas tiempo fuera de la oficina - me dice con una calma exasperante mientras me ve luchar con el cierre de mi maletín.
  • Puedo cuidarme sola. Regrese a su asiento, no va a perder a su activo - le digo.

Pero definitivamente la suerte no esta de mi lado hoy, el jet da un bajón repentino que hace que pierda el equilibrio y lanza mi cuerpo hacia adelante pero para mi suerte o mi desgracia el golpe es detenido por Maximiliano quien me atrapa sujetando mi cintura antes de que golpee el mamparo, y por unos segundos el tiempo se detiene para mi y la vibración del avion deja de ser algo relevante.

  • Sigues siendo tan terca... y sigues odiando los aterrizajes movidos. Siento cómo te late el corazón, Kathryn, el no miente tan bien como tu boca - susurra en mi cuello.
  • Suéltame. Prefiero el impacto contra el suelo que tu "protección" - le espetó volviendo a la realidad mientras recuperó el aliento y apoyo mis manos en su pecho y lo empujo.

Con pasos inestable me dirijo a mi asiento y odio que mis dedos hayan decidido justo en este momento volverse torpes y que Maximiliano haya decidido sentarse justo a mi lado en lugar de ir a su sitio y que sus rodillas me rocen deliberadamente no está ayudando a mis nervios.

  • ¿Puedes moverte? - le digo cuando por fin logro abrocharme el cinturón.
  • El espacio estrecho - lo dice como sí solo existieran dos asientos en este lugar.

Respiro, porque no puedo lidear con tres batallas simultáneamente ya bastante tengo con tratar de mantener el ataque de pánico que amenaza con salir a raya y mi papel de indiferencia y frialdad hacia Maximiliano como para también combatir con sus provocaciones.

MAXIMILIANO

Ella gira ligeramente su cuerpo hacia el cristal buscando darme la espalda, sus manos reposan en su regazo entrelazadas con tanta presion que las puntas de sus dedos han perdido el color, su respiración es errática a pesar de los esfuerzos que hace para controlarse, pero el jet vuelve a sacudirse de manera violenta haciendo que cruja, sus ojos se cierran con fuerza y hunde los hombros, un movimiento instintivo de protección que rompe por un segundo con esa fachada de acero que trata de proyectar.

En el cristal oscuro de la ventana, se superponen dos imágenes. En primer plano, el rostro de Kathryn, pálido y tenso y detrás de ella, reflejada con una claridad espectral, mi figura, mis ojos están clavados en el reflejo de ella y en cada uno de sus movimientos y reacciones.

  • Todavía cuentas los segundos entre cada sacudida, ¿verdad? - le digo en voz baja, casi un murmuró que estoy seguro que compite con el viento exterior.

La siento tensarse ante mi comentario como si hubiera descubierto y expuesto un secreto que no debería salir a la luz.

KATHRYN

Abro los ojos de golpe al sentirme descubierta pero no me giro mis ojos se encuentran con los de él en el reflejo, es una colisión visual indirecta pero letal porque es un secreto que muy pocos conocen, no hablo de mis miedos ni de ningún punto débil para todos soy la mujer divertida, feliz y sin traumas, esa que nada la detiene, que es incapaz que la derruben por lo que no voy a darle el gusto de confirmar su afirmación.

  • Solo cuento los segundos para que se abra esa puerta y pueda alejarme de usted, señor Alexander.

Pero otra turbulencia, más fuerte que la anterior, hace que el jet caiga varios metros de golpe y un jadeo corto y entrecortado se me escapa sin poder evitarlo y lucho con el miedo amenaza en apoderarse de mi.

  • Esa rigidez te va a romper la columna, Kathryn. Relájate. El avión no se va a caer... y yo no voy a dejar que te pase nada. Al menos, no hasta que terminemos lo que empezamos - puedo ver ladeando su cabeza a través del reflejo.
  • No necesito que me salve de las nubes. Ya me salvó una vez y mire dónde estamos - le respondo apretando los dientes.
  • ¿Creés que todo va a desaparecer mágicamente si continuas clavando tus uñas en el reposabrazo? - el se inclina hacia adelante en su asiento, invadiendo el plano de mi reflejo hasta que su rostro proyectado parece estar justo al lado del mio, como un fantasma que me acecha - Mírame a la cara, Kathryn. No a través del vidrio. Mírame y dime que no tienes miedo.

No tengo miedo en este punto estoy aterrada pero no lo diré en voz alta y menos a él, lo miró fijamente a través del cristal durante tres segundos que me parecen una eternidad. El avión toca la pista con un estruendo y por reflejo cierro las persianas de la ventanilla de golpe, cortando nuestro contacto visual y dejando la cabina en una oscuridad casi total mientras frenan.

  • El miedo es una pérdida de tiempo. Y usted ya me ha quitado demasiado.
  • Bienvenida a casa, Kathryn - Es su respuesta.




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