CAPITULO XXXIII
KATHRYN
- ¿A dónde vas? El chofer del sedán está allá... - me detengo en seco y reclamo a pedar que estoy tiritando del frio.
- El sedán no va a ninguna parte. Han cerrado las carreteras principales por riesgo de inundación y desprendimientos - grita él por encima del trueno.
Él me empuja con firmeza hacia el interior de la camioneta y entra tras ella, cerrando la puerta y dejando fuera el estruendo de la tormenta. Agradezco el calor que ofrece pero el silencio súbito que se ha instalado es casi más violento que el viento afuera.
- Tenemos que llegar a la ciudad - me limpio el agua de la cara, tratando de no sonar alterada sin tanto éxito.
- Llegar a la ciudad es imposible esta noche. Nos quedaremos en el hotel del aeropuerto, esta ha cinco minutos de aquí. Es lo único que sigue operativo - responde con una calma exasperante.
- ¿En un hotel de aeropuerto? ¿Tú y yo? Ni lo sueñes. Llama a otro transporte, usa tus influencias, no se Maximiliano pero haz algo. No voy a encerrarme contigo en un sitio de paso - me alteró.
Maximiliano se mueve y no conforme se inclina sobre mi, reduciendo el espacio y el calor que emana de su ropa mojada crea una atmósfera pesada, cargada de vapor y magnetismo.
- Mis influencias no detienen los rayos, Directora y mi paciencia tampoco es infinita. Estamos atrapados por el clima, y tú estás empapada - Él extiende la mano y, con una lentitud deliberada, retira un mechón de pelo mojado de mi frente.
Ese movimiento hace que me tense, pero no retrocedo eso sería darle otra victoria y ya le di una.
- Acepta la realidad - Continua con una calma - Esta noche no eres la estratega que lo tiene todo siempre bajo control. Eres solo una mujer que necesita una ducha caliente urgente y un lugar donde dormir. Y yo soy el único en este momento que puede darte ambas cosas.
- Eres un oportunista. Estás disfrutando esto, ¿Verdad ? - mi voz tiembla mas de rabia que de frio ante la verdad.
- Disfruto verte admitir que por mucho que finjas que no me soportas, esta noche vas a tener que seguir mis pasos - y baja el tono - Yo manejo los hilos... y esta noche, los hilos nos llevan a la misma planta - me dice con una sonrisa oscura.- Reservaré la Suite Presidencial... y la contigua para ti así no tendrás que verte obligada a compartir mi presencia.
- Espero que haya una puerta con doble cerrojo entre ambas, Maximiliano. No quiero "visitas nocturnas" para discutir estrategias de mercado.
- Sabes que las mejores ideas surgen en la madrugada - Con una sonrisa ladeada me responde y yo solo le lanza una mirada de reproche por lo que insinúa.
Lo que se supone que eran 5 minutos y se está tomando mas tiempo, el silencio dentro del coche después de nuestra charla es denso, mirar por la ventana las luces es mas entretenido que ver o hablar con él. Maximiliano saca afortunadamente una tableta con documentos, y supongo que decide que trabajar es mas interesante.
MAXIMILIANO
Después de mi comentario volvio a su actitud distante y decidí que podía adelantar trabajo, tengo mi tableta en la mano pero mis ojos están fijos en el perfil de Kathryn.
- ¿Hasta cuándo piensas mantener este muro, Kathryn? Necesito a mi Directora de Operaciones, no a una estatua de hielo.
- Tendrá a su Directora no lo dude. Mis informes estaran listos a tiempo como siempre, mis argumentos son impecables y su empresa ganará millones. Pero no me pida que sonría mientras lo hago. Usted me quitó el derecho a la alegría el día que me obligó a volver bajo amenazas y de manera forzada - respondo sin tomarme la molestia en voltear, estoy al borde del llanto.
- Tu no entiendes, tengo que protegerte.
- Lo que usted siente no es protección, es posesión. Y yo no soy una de sus propiedades inmobiliarias, no se confunda, Alexander - le respondo girándome hacia él, con fuego en los ojos.
KATHRYN
Maximiliano se inclina hacia mi nuevamente invadiendo mi espacio personal. El coche toma una curva cerrada, obligándome a rozar sus hombros.
- Si fueras posesión, no estarías en el asiento de al lado. Estarías de rodillas pidiéndome perdón - dice tomando mi cara, obligandome a mantener su mirada.
- ¿Y por qué no lo estoy? Ah, ya recuerdo... porque me necesita más de lo que está dispuesto a admitir. Sin mí, este trato se cae en menos de diez minutos. - respondo de manera sarcástica y vuelvo a clavar la vista en la ventana.
Maximiliano no regresa a su lugar se queda ahí, invadiendo mi espacio nuevamente.
MAXIMILIANO
Observo cómo la respiración de ella agita levemente la seda de su blusa después de nuestra confrontación. La camioneta frena bajo la marquesina del hotel, la lluvia repiquetea con violencia sobre el techo metálico. Un botones corre con un paraguas gigante, lo cual es una ironía dado nuestros aspecto pero a pesar de ello ella decide salir sin esperarme, lo cual lo único que me produce es una absoluta satisfacción porque se que huye y no tiene nada que ver con su resentimiento por hacerla volver
Baja primero intentando hacerlo por su cuenta con dignidad, pero el viento le arrebata el equilibrio.
- Deja de pelear con el clima, Kathryn. Ya perdiste esa batalla en la pista - le digo cerca de su oido mientras la pego a mi cuerpo.
La llevo al vestíbulo sin despegarla de mi cuerpo ignorando sus protestas, el cambio de temperatura es radical, el aire acondicionado del hotel se siente como cuchillas sobre muestras ropas empapadas pero sobre en Kathryn que tiembla violentamente, pero mantiene la barbilla en alto mientras caminan hacia la recepción.
Decido que es mejor no decirle nada, por lo menos ya no lucha pir zafarse y saco la tarjeta de crédito negra y la deslizo sobre el mostrador de mármol.
- Necesito una reservación de emergencia, dos suites - le digo al recepcionista mientras siento temblar a Kathryn.
- Señor Alexander, debido a las cancelaciones de vuelos por la tormenta, solo nos queda una Suite Ejecutiva disponible. El resto del hotel está colapsado - responde apenado el recepcionista.