Un Huracán para el lobo

CAPITULO XXXVII

KATHRYN

El aire en la oficina es una chispa a punto de incendiar el edificio. Maximiliano me tiene contra el escritorio, sus manos queman a través de la seda de mi blusa y su boca está a milímetros de la mía, reclamando una rendición que mi cuerpo, traidor y hambriento, está gritando por conceder, siento el peso de su cuerpo, la urgencia de su deseo y por un segundo el mundo exterior desaparece

Pero justo cuando su mano busca el borde de mi falda y sus labios rozan los míos con esa posesividad que me anula, una imagen cruza mi mente como un latigazo la rubia en su apartamento, el heredero de Gala y las amenazas legales con las que me arrastró hasta aquí.

La adrenalina del placer se convierte en el frío gélido de la realidad.

  • No - susurro, y el sonido es como un cristal rompiéndose en medio de la pasión.

Apoyo mis manos con fuerza contra su pecho y lo empujo, Maximiliano sorprendido por el cambio repentino cede unos centímetros, lo suficiente para que yo me deslice por un costado del escritorio y ponga distancia entre nosotros, me ajusto la chaqueta con manos temblorosas, pero mi mirada es un muro de acero.

  • ¿No? - Maximiliano jadea, con los ojos oscuros de frustración y la mandíbula apretada - Estabas a punto de quemarte conmigo, Kathryn. Tu cuerpo no miente.
  • Mi cuerpo reacciona a un estímulo químico, Maximiliano, pero mi cerebro sigue al mando -le respondo, recuperando mi voz de Directora, aunque mi respiración sea errática - Casi lo logras. Casi me conviertes en otra de tus anécdotas de escritorio, en la mujer que domaste después de una junta exitosa pero se te olvida algo un huracán no se detiene para complacer a nadie.

Me acerco a la puerta y la abro de par en par, exponiéndolo a la vista del pasillo, obligándolo a recuperar su compostura de CEO en un segundo. El impacto de la luz del pasillo es el recordatorio de que aquí, en estas paredes, yo soy su socia, no su amante.

  • La reunión con ingeniería empieza en cinco minutos - le digo, señalando el reloj con una frialdad que lo deja mudo - Si quieres desahogar tu frustración, ve a buscar a Ima. Ella parece estar muy disponible para tus necesidades yo tengo trabajo que realizar y un prestigio que mantener.

Maximiliano me mira y por primera vez veo algo que no es arrogancia es el desconcierto de un hombre que pensaba que el juego estaba ganado y se dio cuenta de que ni siquiera conoce las reglas.

  • Esto te va a costar caro, Kathryn - sisea mientras camina hacia la salida, recomponiendo su traje con una elegancia mecánica.
  • Añádelo a mi factura, señor Alexander. Ver tu cara de derrota ahora mismo... eso es gratis.

Él sale de mi despacho sin mirar atrás y yo me quedo sola, apoyada contra la puerta cerrada sintiendo cómo el corazón me martillea en las costillas. He ganado la batalla, he mantenido mi integridad, pero la guerra apenas comienza y sé que Maximiliano Alexander no se detendrá hasta que logre que el huracán se convierta en una brisa a su voluntad

MAXIMILIANO

La veo cerrar la puerta de su despacho y me quedo en el pasillo, con la sangre hirviendo y el sabor de su rechazo quemándome la lengua, esa pequeña victoria que se anotó en la sala de juntas y el desplante que acaba de hacerme solo alimentan la bestia que Kathryn ha despertado en mí. Ella cree que abrir la puerta y hablar de ingeniería es suficiente para marcar una distancia, pero no entiende que yo no acepto un no cuando sé que sus ojos dicen otra cosa.

Si quiere jugar a la Directora inalcanzable dentro de estas paredes, que así sea. Pero Alexander & Asociados tiene recursos que ella ni se imagina.

  • Gianni - llamo a mi secretaria que por ahora compartimos mientras camino a mi oficina sin detenerme - Cancela todas las citas de la Directora Serrano para después de las cuatro. Y dile al equipo de logística que el recorrido de inspección nocturna se adelanta para hoy.
  • Pero señor, el reporte de seguridad dice que las zonas de la costa siguen inestables por la tormenta de anoche - responde ella confundida.
  • Precisamente por eso. Necesito que mi Directora de Operaciones evalúe el terreno en condiciones críticas. Y Gianni... que sea un vehículo de la empresa. No quiero que use el suyo.

KATHRYN

El día ha sido un maratón de reuniones entre números, planos y miradas tensas cada vez que Maximiliano y yo nos cruzamos en los pasillos. He mantenido mi máscara de hierro, respondiendo solo con monosílabos profesionales, pero mi cuerpo sigue en estado de alerta. A las tres y media, cuando me dispongo a revisar los últimos informes, Gianni entra con una nota.

  • Señorita Serrano, el señor Alexander indica que deben salir de inmediato a la inspección de los terrenos del Este. El helicóptero no puede volar por el viento, así que irán por tierra. El transporte la espera abajo - dice en tono plano.

Siento un escalofrío. El Este, es una zona aislada, con acantilados y carreteras que serpentean entre la nada. Maximiliano está moviendo sus hilos otra vez, sacándome de la protección de la oficina para llevarme a su terreno. Bajo al estacionamiento esperando ver una van con el equipo técnico, pero solo encuentro una Range Rover negra con los vidrios polarizados. La puerta del copiloto se abre desde adentro.

  • Sube, Kathryn. Tenemos mucho camino por delante y la luz del día se acaba - dice Maximiliano, sentado al volante, sin el saco del traje y con las mangas de la camisa remangadas.
  • ¿Dónde está el resto del equipo? - pregunto, quedándome inmóvil en el asfalto, porque esto se ve y huele a trampa.
  • Envié a los ingenieros en otra unidad a la zona norte. Tú y yo veremos la joya de la corona en el Este. Es una decisión estratégica - me dedica una sonrisa que no tiene nada de profesional - ¿O tienes miedo de salir de la oficina ahora que no hay testigos, Directora? - me desafia.




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