CAPITULO XXXIX
KATHRYN
La cama de Maximiliano es una vasta extensión de sábanas de lino que huelen a él, a poder, a sexo y a esa seguridad masculina que hasta hace unos días me parecía una trampa. Lo observo en la penumbra, su respiración es profunda, rítmica. Una mano se extiende hacia mi lado de la cama, como si incluso en el inconsciente buscara asegurarse de que no me he evaporado con la bruma de la mañana. Me deslizo fuera de las sábanas con la agilidad de un fantasma, me duele el cuerpo un recordatorio delicioso de lo que hs venido sucediendo en los últimos días, pero mi mente ya está en otro lugar, en un lugar oscuro, lleno de facturas sin pagar y promesas rotas.
Tomo mi teléfono, la pantalla brilla, hiriéndome los ojos. El mensaje de mi madre, enviado la noche que baje los muros y deje nuevamente entrar al lobo a mi vida y que había dejado en visto como un acto de resistencia, sigue ahí.
- Kathie, cariño el negocio de James en Dubai necesita liquidez. Como te comenté el apartamento y la casa ya tienen comprador, firmamos el miércoles. Pasa a verme para despedirte de las paredes, si es que te importa.
James el esposo número cinco o quizás el seis, he dejado de contar porque esa mujer se ha casado y convivido con mas hombres que los que yo puedo recordar, por lo que decido responder.
- Buenos días Selene, estoy yendo para tu casa envíame la dirección y ten listo el cafe, te llevo una propuesta.
Cruzo la ciudad mientras el sol apenas empieza a teñir de violeta el horizonte, el apartamento de Selene es una oda al exceso pagado seguramente por hombres que no me interesan saber en este momento sus historias, cuando entro el olor me golpea de inmediata una mezcla asfixiante de Gardenias de Chanel y cigarrillos mentolado que me trae recuerdos que inhibo rápidamente.
Selene está sentada en la terraza, envuelta en una bata de seda que cuesta más que el salario anual de una secretaria promedio a sus casi cincuenta años, sigue siendo una belleza devastadora, una versión de mí misma que ha decidido que el corazón es un órgano accesorio.
- Llegas temprano, Kathryn o tarde dependiendo de con quién hayas pasado la noche - dice sin mirarme y con ese tono que usa cuando conoce la historia de su interlocutor, exhalando un hilo de humo gris - Tienes esa mirada, la mirada de una mujer que ha sido domesticada que no te sienta nada bien, espero que al menos el collar sea de diamantes reales.
- Maximiliano no me pone collares, Selene -respondo consiente que ya esta enterada de mi relación con él y procedo a sentarme frente a ell - El me ayuda a crecer algo que tú no entenderías, porque siempre has preferido ser el parásito.
Selene suelta una carcajada seca, carente de cualquier calidez maternal.
- El parásito vive mejor que la anfitriona, querida. Mira este lugar. James dice que en Dubai seremos reyes, pero necesito cerrar el capítulo de este país y de lo caótica de mi existencia hasta ahora, El apartamento se vende y la casa de tu padre también.
- Esas propiedades son lo único que queda de él - siento el fuego del huracán subiendo por mi garganta - Las mantuve con mis bonos de la universidad, trabaje hasta el cansancio para pagsr las hipotecas que tú acumulaste con ese tenista italiano...
- ¡Ay, no seas melodramática! - me interrumpe con un gesto de la mano - Tu padre era un soñador con olor a madera que no sabía cómo mantener a una mujer como yo. Maximiliano te está dando un imperio, ¿Por qué te aferras a una choza vieja en decadencia?
Me pongo de pie, apoyando las manos sobre la mesa de cristal.
- No vas a venderla, he traído los papeles de cesión, voy a comprarte tu parte del patrimonio al precio de mercado, ni un centavo más.
Selene arquea una ceja, divertida.
- ¿Con qué dinero, Kathryn? ¿Con el de tu amante? Me han dicho que Maximiliano es posesivo, pero no sabía que regalaba propiedades a sus... empleadas favoritas.
- Con mi dinero, el que ahorré mientras tú te dedicabas a gastar las herencias en casinos de Mónaco.
Selene se levanta, acercándose a mí su belleza es gélida, una máscara que oculta un vacío absoluto, me toca la mejilla y yo me tenso, recordando todas las veces que esa misma mano me empujó a limpiar sus desastres después de que un marido la abandonara.
- Eres igual a mí, aunque te duela - susurra ella - Usas a las personas solo que tú lo disfrazas con respeto y yo les pido cheques, al final ambas terminamos solas en las habitaciones la diferencia es que las mias son lujosas. Firmare lo que quieras, pero el precio ha subido, James quiere un millón adicional por las molestias y la demora.
- Eres un monstruo - susurro.
- Soy una mujer que sabe lo que vale los silencios y las ausencias - responde ella, extendiendo la mano hacia el bolígrafo - ¿Vas a pagar el precio por tus recuerdos, o vas a dejar que las excavadoras derriben el taller de tu padre?
En ese momento, mi teléfono vibra en la mesa. Es un mensaje de Maximiliano.
- El lado derecho de la cama está frío. ¿Dónde estás, Kathryn? No me hagas salir a buscarte.
Miro a mi madre, miro el contrato. El pasado y el presente están colisionando, Selene es el desastre que siempre he tenido que limpiar, pero esta vez tengo a un Lobo de mi lado que no sabe lo que es perder.
- Firma - le digo, con una voz que no tiembla - Y mañana mismo te quiero fuera de mi vida no vuelvas a llamarme, no o vuelvas a ser mi madre porque la próxima vez que necesites que alguien limpie tu sangre o tus deudas, dejaré que te ahogues en ellas.
Observo a mi madre firmar los documentos con una caligrafía elegante, casi artística, como si no estuviera vendiendo el último recuerdo de su esposo fallecido sino autografiando un programa de ópera.
- Ya está, Kathryn, todo tuyo - dijo Selene, lanzando el bolígrafo de oro sobre la mesa de mármol haciendo que el sonido metálico resuene en la estancia vacía - Espero que esas paredes viejas te den el consuelo que yo nunca encontré en ellas, aunque sinceramente, el sentimentalismo es una enfermedad de pobres.