Un Huracán para el lobo

CAPITULO XL

MAXIMILIANO

El alivio en mis ojos al verla dura apenas un segundo antes de reemplazarla por una furia fría y controlada.

  • Te dije que no te fueras sin avisar, Kathryn - mi voz es un gruñido bajo, el tipo de sonido que hace un depredador antes de saltar que asustaría a cualquiera.

Pero esa mujer Selene, lejos de amedrentarse se pone de pie con una sonrisa de depredadora veterana, reconoce el poder cuando lo tenía enfrente.

  • Vaya, el Lobo en persona, las fotos de la prensa no le hacen justicia, Sr. Alexander. Tiene usted una presencia... perturbadora. ¿Desea una copa? ¿O ha venido solo a recoger a su mascota? - me irrita su voz pero mi concentración esta en la mujer que acaba de pararse.

La ignoró y caminó directamente hacia Kathryn, rodeando su cintura con un brazo de hierro y atrayéndola hacia mi cuerpo en una declaración de propiedad absoluta frente a la mujer que le había dado la vida.

  • ¿Estás bien? - le preguntó a Kathryn suavizándo mi voz aunque mis ojos siguen escaneando la habitación en busca de amenazas.
  • Estoy bien Maximiliano, solo estaba cerrando un trato - ella me responde apoyando una mano en mi pecho para intentar calmar los latidos desbocados de mi corazón.
  • No - le digo volviéndome finalmente hacia Selene - no estás cerrando un trato estás siendo extorsionada por una mujer que no merece llevar tu mismo apellido.

Una risa cristalina lleno el ambiente, aunque puedo ver como sus nudillos se blanquean alrededor de su copa de vino.

  • Extorsión es una palabra muy fuerte, Maximiliano. Kathryn simplemente está comprando su libertad o al menos la libertad de sus recuerdos como hombre de negocios debería entender que todo tiene un precio.

Doy un paso al frente, soltando a Kathryn y acercandome a Selene.

  • Hablemos de precios entonces, Selene - digo con una calma aterradora - He pasado las últimas dos horas investigando a su nuevo marido, James. Ese negocio en Dubai del que tanto presume no es más que una estructura piramidal que está a tres días de colapsar, la policía financiera de los Emiratos ya tiene su nombre en una lista negra.
  • No sabes de qué hablas. James es... - dice mientras el color desaparece de su rostro y la máscara de perfección empieza a agrietarse.
  • James es un estafador de medio pelo que encontró en usted a la víctima perfecta una mujer desesperada por mantener un estilo de vida que ya no puede pagar - continúo con una voz que corta el aire como un bisturí - Si Kathryn firma ese cheque, ese dinero no irá a una casa en el campo irá directamente a las cuentas congeladas de un hombre que la abandonará en cuanto el primer oficial de policía toque a su puerta.
  • ¿Es verdad? - pregunta Kathryn - ¿Me pediste ese dinero extra para salvar a un hombre que ni siquiera te quiere? - Kathryn mira a su madre y puedo ver que la vulnerabilidad que ve en los ojos de su madre no le produce satisfacción.

Sacó un sobre y lo arrojó sobre la mesa, justo encima del contrato firmado.

  • Ahí tiene un billete de ida a Dubai, Selene. Y una orden de restricción que mis abogados presentarán mañana.si vuelves a acercarte a Kathryn, si vuelves a enviarle un solo mensaje pidiendo dinero o intentando manipularla con el nombre de su padre, no me limitaré a arruinar a su marido la hundiré a usted me aseguraré de que no pueda comprar ni un par de zapatos en esta ciudad sin que mi nombre aparezca en el recibo.
  • No puedes hacerme esto... ¡Soy su madre! - chilla Selene, perdiendo por fin la compostura.

Me inclinó hacia ella, susurrando con una frialdad que hace que Kathryn se estremesca.

  • Usted es solo el recipiente que la trajo al mundo pero ella ahora me pertenece y yo cuido lo que es mío con una ferocidad que usted no puede ni empezar a imaginar. Usted no es una madre, es un parásito que se alimenta de la luz de su hija y el banquete se ha acabado.

Tomó el maletín de Kathryn y la guio hacia la salida, no esperó una respuesta tampoco espero que haya despedidas. El silencio de Selene, derrotada entre sus paredes de cristal, fue el único adiós.

No arranco el auto, me quedo mirando al frente apretando el volante, la tensión es real no es la tensión de la guerra, sino del peso de lo que acababa de ocurrir.

  • ¿Por qué no me lo dijiste? - preguntó finalmente - ¿Por qué viniste aquí sola a enfrentarte a ese monstruo?

Kathryn me mira no como el Lobo que acababa de despedazar a su madre sino como el hombre que ahora la sostiene en la oscuridad.

  • Porque toda mi vida he limpiado sus desastres, Maximiliano. Pensé que esta era la última vez que tenía que hacerlo para ser libre. No quería arrastrarte a mi lodo responde con una vulnerabilidad y cansancio de alguien que lleva siglos haciendo algo no porque considere que es su obligación sino porque asumió que debe ser así.

Me giró hacia ella, tomando su rostro entre sus manos mis pulgares acariciaran sus pómulos con una ternura que contrastaba violentamente con la escena anterior.

  • Escúchame bien, Kathryn tu lodo es mi lodo, tus batallas son las mías no te traje de vuelta para que pelearas sola te traje para que fuéramos un imperio y en un imperio, nadie toca a la reina y mucho menos a la mujer que la parió.

Kathryn cierra los ojos, dejando que una lágrima rodara por su mejilla. El Huracán se había detenido, el Lobo había marcado su territorio y por primera vez en su vida, el futuro no se sentía como una deuda por pagar, sino como un lienzo en blanco.

  • Vámonos a casa, Maximiliano - susurra ella.

Asiento y pongo el coche en marcha saliendo de aquel lugar, dejando atrás las cenizas de un pasado que ya no tenía poder sobre ella.

El trayecto de regreso al ático es un silencio que solo el motor del deportivo se atreve a romper, Kathryn mira, por la ventanilla viendo cómo los edificios de la ciudad se difuminaban en una mancha gris y cristalina. En su regazo lleva el maletín con los documentos de la casa de su padre que parecen pesar más que cualquier contrato multimillonario que hubiera firmado jamás.




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