Un Huracán para el lobo

CAPITULO XLII

KATHRYN

El lunes por la mañana, el edificio era un hervidero de rumores podía sentir la tensión en el ambiente y en el silencio sepulcral que inundó los pasillos cuando Maximiliano y yo salimos del ascensor. Para ese día había elegido un traje sastre gris humo no era solo una elección de moda era mi armadura frente al mundo. A mi lado, Maximiliano caminaba con esa calma depredadora tan característica de él, una postura que le indicaba a todos que el mundo volvía a estar bajo su absoluto control.

  • Tengo reuniones hasta las dos - le dije, deteniéndome ante la puerta de mi despacho.

Me acerqué y le ajusté la corbata de seda negra sin importarme las miradas curiosas del personal. Él era mío, y yo, simplemente de él.

  • Estaré en mi oficina - me respondió con ese tono lleno de complicidad que últimamente compartíamos. Su voz bajó a un matiz íntimo que no se molestó en ocultar ante su secretaria - Puedes pasar cuando gustes.

Me dio un beso breve, pero cargado de promesas implícita espere que entrará a su oficina y entré a la mia lista para retomar el mando. El lugar ya no se sentía como una prisión ahora era el escenario de un nuevo comienzo, una historia que compartía junto a Maximiliano.

Sin embargo, no estaba sola Gala estaba de pie junto al ventanal, observando la ciudad. Sabía perfectamente que ella no era una desconocida en este edificio era una empleada y la amiga íntima de Maximiliano desde hacía años pero mas que eso había habido una historia entre ellos, compartían un pasado. Al girarse me dedicó una sonrisa casi perfecta, pero a diferencia de las otras veces sus ojos permanecieron fríos ya no me miraba igual y en el fondo yo sabía por qué.

  • ¡Kathryn! Por fin volviste. Quería venirte a ver antes pero he estado complicada - dijo Gala, acercándose con una elegancia que rivalizaba con la mía - Nuestro Max estaba insoportable desde que te fuiste, me alegra tanto que por fin hayan resuelto sus diferencias.

Detrás de sus palabras, percibí un destello de profunda tristeza.

  • Gracias, Gala. Ha sido un tiempo necesario para todos - respondí manteniendo la compostura.

Gala se sentó frente a mí y soltó un suspiro melancólico, cruzando las piernas con delicadeza.

  • Te lo digo de corazón, nuestro Max necesita estabilidad. Es un hombre... intenso. Yo lo sé mejor que nadie, después de todo el tiempo que pasamos tan... cerca. A veces me preocupa que no sepas en lo que te metes, pero viéndote así tan feliz, supongo que podrás manejarlo mejor de lo que yo lo hice.

Sus palabras me provocaron un ligero pinchazo de incomodidad sabía que había existido algo entre ellos, pero escucharla hablar de esa cercanía de forma tan ambigua, sugiriendo me dejó un sabor amargo en la boca.

  • Maximiliano y yo somos estamos construyendo algo sólido - repliqué con firmeza sosteniéndole la mirada.
  • Claro que sí, querida - Gala sonrió, pero de repente su rostro palideció. Se llevó una mano al estómago y cerró los ojos por un instante, respirando hondo.
  • ¿Te encuentras bien? - pregunté, frunciendo el ceño.
  • Oh, sí... - Forzó una risita, aunque su mano seguía presionando su vientre de manera extrañamente protectora - Es solo que he tenido unos mareos matutinos horribles estas últimas semanas. Debe ser algo que comí... o quizá algo que no he comido, soy muy descuidada con mis horarios de comida Max siempre me lo hs reclamafo pero es que él suele ser tan insaciable a veces, tu debes saber de eso.

Se levantó con un visible esfuerzo, sosteniéndose del borde de mi escritorio.

  • En fin, no quiero aburrirte con mis malestares seguramente estás muy ocupada solo quería darte la bienvenida oficialmente a la familia. Max es un hombre de costumbres, Kathryn. Espero que su... pasado... no sea un obstáculo para tu futuro con él.

Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir se giró con una expresión de fingida confusión.

  • Por cierto, si ves a Max, no le comentes que me sentí mal odiaría arruinar su felicidad es que es tan protector conmigo que no quiero que se preocupe más de la cuenta... Ya sabes cómo se pone cuando las personas que ama no estan bien.

Cuando la puerta se cerró, el aire en la oficina se volvió denso y pesado me quedé inmóvil, Gala no había dicho nada explícito, pero había dejado caer las piezas, hablando de una intimidad pasada y sugiriendo síntomas de un embarazo que intentaba camuflar.

Traté de que sus insinuaciones no me afectaran, pero un frío helado me recorrió la columna clavé la mirada en mis documentos, decidida a sepultarme en el trabajo para no permitir que la duda me destruyera.




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