KATHRYN
El lunes por la mañana, el edificio era un hervidero de rumores podía sentir la tensión en el ambiente y en el silencio sepulcral que inundó los pasillos cuando Maximiliano y yo salimos del ascensor. Para ese día había elegido un traje sastre gris humo no era solo una elección de moda era mi armadura frente al mundo. A mi lado, Maximiliano caminaba con esa calma depredadora tan característica de él, una postura que le indicaba a todos que el mundo volvía a estar bajo su absoluto control.
Me acerqué y le ajusté la corbata de seda negra sin importarme las miradas curiosas del personal. Él era mío, y yo, simplemente de él.
Me dio un beso breve, pero cargado de promesas implícita espere que entrará a su oficina y entré a la mia lista para retomar el mando. El lugar ya no se sentía como una prisión ahora era el escenario de un nuevo comienzo, una historia que compartía junto a Maximiliano.
Sin embargo, no estaba sola Gala estaba de pie junto al ventanal, observando la ciudad. Sabía perfectamente que ella no era una desconocida en este edificio era una empleada y la amiga íntima de Maximiliano desde hacía años pero mas que eso había habido una historia entre ellos, compartían un pasado. Al girarse me dedicó una sonrisa casi perfecta, pero a diferencia de las otras veces sus ojos permanecieron fríos ya no me miraba igual y en el fondo yo sabía por qué.
Detrás de sus palabras, percibí un destello de profunda tristeza.
Gala se sentó frente a mí y soltó un suspiro melancólico, cruzando las piernas con delicadeza.
Sus palabras me provocaron un ligero pinchazo de incomodidad sabía que había existido algo entre ellos, pero escucharla hablar de esa cercanía de forma tan ambigua, sugiriendo me dejó un sabor amargo en la boca.
Se levantó con un visible esfuerzo, sosteniéndose del borde de mi escritorio.
Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir se giró con una expresión de fingida confusión.
Cuando la puerta se cerró, el aire en la oficina se volvió denso y pesado me quedé inmóvil, Gala no había dicho nada explícito, pero había dejado caer las piezas, hablando de una intimidad pasada y sugiriendo síntomas de un embarazo que intentaba camuflar.
Traté de que sus insinuaciones no me afectaran, pero un frío helado me recorrió la columna clavé la mirada en mis documentos, decidida a sepultarme en el trabajo para no permitir que la duda me destruyera.
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Editado: 01.06.2026