KATHRYN
Cerré la puerta de mi despacho con suavidad, evitando el impulso de dar un golpe que delatara la tormenta que llevaba por dentro caminé hacia mi escritorio con la espalda recta, manteniendo la misma rigidez que me había servido de armadura en la sala de juntas. Dejé los informes fiscales sobre la caoba mis manos, sin embargo, comenzaron a temblar en cuanto perdí el contacto con los papeles
Me dejé caer en la silla ejecutiva el silencio de la oficina me envolvió como una mortaja.
Bajé la mirada hacia mi mano derecha el diamante de talla esmeralda destellaba bajo los focos del techo, flanqueado por esos zafiros que ayer me parecieron el azul del océano a medianoche y que ahora se sentían como hielo decorativo. El compromiso tenía menos de veinticuatro horas de vida y ya se estaba desmoronando entre mis dedos.
Maximiliano, hazte cargo de ella, me repetí en un eco mental mi propia voz en la junta había sonado tan distante, tan dolorosamente madura.
No me había quejado, no había montado una escena corporativa porque el escándalo no cambia los hechos, yo siempre supe que ellos compartían un pasado. Había aceptado que Gala y Maximiliano tuvieron una historia íntima mucho antes de que lo nuestro se consolidara. Él no me estaba engañando ahora, su devoción al entregarme el anillo de su abuela había sido real.
Pero la lealtad presente no borra el pasado y lo sucedido esa noche en la cabaña acababa de desplomarse frente a mí sobre la alfombra de la sala de juntas.
Me pasé los dedos por las sienes, sintiendo una punzada de dolor detrás de los ojos el colapso de Gala no había sido solo un desmayo por exceso de trabajo. Su mano aferrada a la solapa de Maximiliano su cuerpo buscando el refugio de sus brazos con una familiaridad ciega y esa mano acariciando su vientre bajo... Cada movimiento había sido una estocada directa a mi paz. No era sorpresa lo que sentía era la lacerante confirmación de que la falta de protección de esa noche era un hecho. Si Gala estaba embarazada, algo vital entre Maximiliano y yo se rompería para siempre
Un hijo no es un secreto que puedas archivar en un cajón de la empresa, un hijo es un lazo de sangre indestructible si esa criatura existía, Gala estaría presente en cada cena de Navidad, en cada evento familiar, en cada decisión importante de la vida de Maximiliano. Ella ganaría por derecho de maternidad lo que yo intentaba construir con un anillo de compromiso, el futuro que Maximiliano me había prometido ayer un futuro libre de miedos y sombras, se estaba transformando en una mentira compartida.
Escuché unos pasos firmes y rápidos aproximándose por el pasillo. Conocía ese andar perfectamente la calma depredadora de Maximiliano se había convertido en una urgencia caótica.
Miré el diamante en mi dedo una última vez antes de que la puerta se abriera una tristeza profunda y pacífica me inundó el pecho, lo amaba, Dios sabía que lo amaba, pero mi dignidad no estaba en venta en el edificio Alexander. Si su pasado me estaba construyendo un futuro sobre las consecuencias de una decisión antigua esta armadura que llevaba puesta no se rompería simplemente me alejaría de él, dejándolo atrás con las cenizas de su propia historia.
La manija de la puerta comenzó a girar me erguí en la silla, clavando mis ojos grises en la entrada, lista para recibirlo no con reproches, sino con la dolorosa lucidez de quien sabe que el final ya ha comenzado.
#2880 en Novela romántica
#953 en Chick lit
chica bella inteligente valiente, millonario arrogante y sexy
Editado: 27.06.2026