KATHRYN
En cuanto el pestillo de la puerta hizo un clic definitivo al cerrarse tras la salida de Maximiliano, la pluma se me resbaló de los dedos y rodó por el escritorio dejé caer los hombros, apoyando los codos sobre la madera y me cubrí el rostro con las manos. La armadura que con tanto esmero había sostenido frente a él y ante la junta directiva amenazaba con romperse en mil pedazos.
"Entiendo perfectamente lo que sucedió" le había dicho y en parte era una verdad dolorosa que aceptaba con madurez no albergaba deseos de venganza contra Gala ni resentimiento ciego contra Maximiliano. En mi mente, las piezas encajaban de una forma desgarradora, ellos habían estado intentando buscar ese bebé en el pasado, un proyecto de vida que planeaban construir juntos antes de que lo nuestro se transformara en algo oficial y real no había sido un desliz sucio ni un accidente de una noche lo que estaba sucediendo era el vestigio de un futuro que ellos pretendían diseñar antes de que yo llegara a desordenar el mapa de Maximiliano.
Por eso no gritaba, por eso no buscaba destruir a nadie mi verdadera batalla era interna, una lucha encarnizada por salvar lo que sentía por él frente a la implacable marea de su pasado.
Me retiré las manos del rostro y clavé la mirada en el diamante de talla esmeralda que brillaba en mi dedo anular, lo amaba con una fuerza que me aterraba, pero la idea del bebé en camino de Gala era un fantasma demasiado grande, ¿Cómo se compite contra un lazo de sangre que ya estaba en marcha antes de que Maximiliano me entregara este anillo? Un hijo significaría que el pasado de Maximiliano jamás se iría de nuestra vida, estaría presente en cada decisión, en cada rincón de su mente, recordándome que yo llegué después de que la semilla de otra historia ya hubiera echado raíces.
Me obligué a respirar hondo, tragándome el nudo de pánico que me asfixiaba el pecho, no quería tirar la toalla, no quería renunciar al amor que Máximiliano me demostraba con cada mirada, pero el terror de que ese embarazo fuera real me desgastaba los cimientos. Estaba dispuesta a luchar por nuestro nuevo comienzo, pero necesitaba saber a qué distancia real me encontraba de las sombras de su antigua vida.
MAXIMILIANO
Salí del despacho de Kathryn con la sensación de tener el pecho perforado por una bala de hielo, su desgarradora madurez me había desarmado por completo. Esperaba reclamos, ira, la legítima furia de una mujer que ve su compromiso salpicado por el escándalo, pero su tranquila resignación era mil veces más peligrosa.
"Entiendo perfectamente lo que sucedió" sus palabras resonaban en mis oídos con el eco de una despedida silenciosa.
Caminé por el pasillo principal del último piso, arrastrando una frustración salvaje yo no era un mentiroso pero mi propia ignorancia me estaba condenando. Mi mente analítica intentaba perforar la niebla de la noche en la cabaña, buscando desesperadamente la certeza de haberme cuidado, de haber mantenido una barrera, pero el whisky de malta había hecho un trabajo impecable borrando mis juicios.
Llegué a mi oficina y me detuve frente al ventanal, contemplando los rascacielos de la ciudad, el anillo de mi abuela ya estaba en su dedo, la boda contractualmente en marcha, pero el hilo invisible que unía nuestras almas se estaba deshilachando sin que yo pudiera detenerlo. Fuera de esa maldita laguna mental, yo solo veía a Gala como mi amiga pero la supuesta consecuencia que ella cargaba en su vientre era un muro que Kathryn no iba a poder saltar por mucho tiempo.
Tenía que encontrar respuestas concretas mo podía permitir que el fantasma de una noche que no recordaba destruyera el único futuro que de verdad me importaba.
GALA
Apagué el motor del auto frente a mi casa de campo, lejos del ruido asfixiante de la ciudad y de las miradas curiosas del edificio Alexander. El silencio me recibió como un bálsamo, bajé del vehículo con mi tableta y el bolso de diseñador bajo el brazo, respirando el aire fresco de la tarde.
Antes de cruzar el umbral, saqué mi teléfono personal. El doctor Julián Méndez ya había cumplido con su parte en mi bandeja de entrada reposaban los archivos encriptados con el historial clínico y la ecografía falsificada que certificaban un embarazo de seis semanas sonreí con frialdad al ver los documentos perfectamente sellados. La ciencia ya estaba de mi lado.
Redacté un correo electrónico breve y formal dirigido a la oficina de Maximiliano, con copia al departamento de recursos humanos:
'Maximiliano, debido a los malestares físicos que sufrí durante la última junta y por recomendación de mi médico de cabecera, he decidido ausentarme de la oficina por unos días. Necesito tiempo para pensar, descansar y procesar la situación en privado de manera responsable. Mi asistente tienen instrucciones precisas para delegar los asuntos urgentes de las fusiones en curso. Espero que lo entiendas"
Envié el mensaje y de inmediato saqué la tarjeta SIM del teléfono arrojándola sobre la mesa de la entrada. La ausencia alimenta la paranoia y yo quería que mi silencio fuera ensordecedor, desaparecer sembrando la duda de un embarazo era la jugada perfecta. Sabía que cada día que pasara sin dar la cara, Maximiliano se ahogaría más en la culpa y Kathryn Serrano pasaría las noches mirando su brillante diamante mientras el fantasma de mi bebé destruía su idilio. Entré a la casa con paso parsimonioso, dispuesta a disfrutar del espectáculo desde las sombras.
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Editado: 20.07.2026