Un Huracán para el lobo

CAPITULO LII

MAXIMILIANO

El correo electrónico de Gala llegó a mi bandeja de entrada a primera hora de la mañana siguiente, confirmando mis peores temores. "Necesito tiempo para pensar" repetí mentalmente apretando los puños sobre el escritorio, su desaparición repentina era un golpe devastador. Al ausentarse bajo el pretexto de su salud para "procesar la situación" solo hacia que mi cabeza estallara em preguntas que no podian ser respondidas.

Intenté llamarla a su línea privada pero el operador me indicó que el teléfono estaba apagado. La frustración me quemaba el pecho mi laguna mental me tenía completamente acorralado, si Gala se escondía yo no tenía forma de corroborar sus insinuaciones y el peso de su supuesta gestación caía como una losa de cemento sobre mis hombros.

Pero lo que verdaderamente me estaba matando era la distancia con Kathryn, el último piso del edificio Alexander se estaba convirtiendo en un desierto de hielo, Kathryn estaba en su oficina lucía sus trajes sastre con la misma elegancia majestuosa de siempre, cruzaba los pasillos con la frente en alto y dirigía las operaciones de la empresa con una lucidez ejecutiva que despertaba la admiración de todos. Llevaba el anillo de mi abuela en el dedo anular, cumpliendo su palabra de ser mi prometida frente al mundo.

Sin embargo, cuando la puerta se cerraban y nos quedábamos a solas, su mirada no me ofrecía ningún refugio, no había reproches en su voz, ni escenas de celos, ni preguntas cortantes, me trataba con una cordialidad pacífica y madura que me desgarraba el alma. Cada vez que intentaba acercarme, que modulaba mi voz para buscar una rendija de la complicidad que solíamos compartir, ella encontraba una excusa profesional para dar tres pasos atrás, la tensión entre nosotros crecía hora tras hora, un muro invisible pero impenetrable que se alimentaba del silencio y que ahora se haría mayor con la ausencia de Gala. Sabía que Kathryn estaba sufriendo en su propio aislamiento y mi incapacidad para darle una certeza sobre mi pasado nos estaba destruyendo sin hacer ruido.

KATHRYN

La misteriosa desaparición de Gala de la oficina solo sirvió para espesar el aire de mi despacho su ausencia no me trajo paz al contrario, la certeza de que se había marchado para pensar y asimilar las consecuencias de su estado no hacía más que validar la gravedad de la situación.

Me pasé la yema del dedo sobre el diamante de talla esmeralda mientras revisaba las proyectos del próximo mes, amaba a Maximiliano lo amaba tanto que el dolor en mi pecho se había vuelto una constante física tanto que la tensión en nuestro apartamento por la noche había sido asfixiante, compartíamos el mismo espacio, pero nuestros pensamientos estaban a kilómetros de distancia. Estaba dispuesta a luchar por nuestro nuevo comienzo, pero el terror de que ese embarazo fuera el veredicto final de nuestra historia me estaba consumiendo los cimientos.




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