Un Huracán para el lobo

CAPITULO LVI

KATHRYN

Empujé las puertas dobles del despacho de Maximiliano con una tranquilidad que heló el ambiente de inmediato no necesité gritar, ni golpear la madera, ni exhibir el dolor que me estaba triturando las entrañas. Mi armadura seguía intacta, abotonada con una precisión matemática, pero por dentro yo era pura lucidez.

Al entrar, la escena se congeló ante mis ojos. Maximiliano estaba apoyado contra el ventanal, con el rostro desencajado y devorado por una culpa salvaje que nunca antes le había visto, Gala permanecía a unos pasos de él vestida con ese impecable vestido crema, luciendo como una mártir perfecta que acababa de ofrecer su mayor sacrificio en el altar de nuestra felicidad. Sobre el escritorio reposaba el sobre de manila de la clínica central reposaba como un acta de defunción para nuestro futuro.

Los dos se giraron hacia mí de golpe, Maximiliano dio un paso al frente con los ojos grises abiertos por la sorpresa y el temor.

  • Kathryn... - pronunció mi nombre y su voz tembló, perdiendo toda la autoridad que ostentaba siempre.

No le permití continuar no podía hacerlo, caminé con paso firme, el sonido de mis tacones marcando un ritmo fúnebre sobre el suelo y me detuve frente al escritorio, ignorando esa mirada cargada de un triunfo camuflado que Gala intentaba ocultar pero que yo pude ver. Extendí mi mano derecha y en el centro de mi palma, el diamante de talla esmeralda y los zafiros profundos brillaron bajo la luz artificial, despojados de todo su poder.

  • Esto te pertenece, Maximiliano - dije, mi voz sonó terriblemente pacífica, arrastrando una madurez triste que llenó cada rincón de la oficina.

Maximiliano bajó la vista hacia la joya y juraría que en ese instante dejó de respirar.

  • ¿Qué estás haciendo? - logró articular él, con la garganta evidentemente apretada por el pánico - Kathryn, por favor, escucha... Gala vino a traerme los resultados, pero estábamos hablando de...
  • Sé perfectamente de lo que estaban hablando - lo interrumpí con suavidad, girándome apenas para mirar a Gala, quien dio un sutil paso hacia atrás como si también le doliera lo que sucedia- no pensaba quedarme callada después de que deliberadamente ella había marcado mi número, porque sabía muy dentro de mi que mi teléfono no había sonado por casualidad - Escuché cada palabra a través del altavoz de mi línea directa, escuché que pretendes interrumpir tu embarazo, Gala. Sé que estás dispuesta a sacrificar a ese niño para no ser un obstáculo en nuestro compromiso.

Gala entreabrió los labios, forzando una expresión de absoluto desconcierto, mientras Maximiliano abría los ojos con horror al comprender que su conversación privada había sido pública para mí.

  • Kathryn, yo solo... solo quiero que Maximiliano sea feliz - susurró Gala, llevando una mano trémula a su pecho - No quería destruir lo suyo. Ese bebé... pasó en la cabaña, no queríamos que esto ocurriera...

Sus palabras me sonaban tan hipócritas, aunque no podía culparla por estar embarazada todo mi cuerpo gritaba que no era sincera pero no podía hacer nada.

  • Por eso mismo te devuelvo el anillo, Maximiliano - continué, fijando mi mirada en la suya, ignorando las lágrimas que amenazaban con traicionar mi compostura - Mi verdadera batalla en estos días nunca fue un arrebato de celos contra tu presente, sino la dolorosa asimilación de tu pasado antes de mí, de tu historia antes que lo nuestro se volviera algo real pero escuchar que ahora hay un bebé en camino y que ella pretende deshacerse de él por nosotros... Nos va a terminar destruyendo.
  • ¡No voy a permitir que hagas esto, Kathryn! -exclamó Maximiliano, dando un paso violento hacia mí intentando tomar mis manos pero di un paso atrás de forma deliberada,no podía flaquear necesitaba mantenerme firme - Te juro que la culpa me está matando, pero no puedes romper nuestro compromiso por esto, te amo. Eres mi prometida, la única mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida, el anillo es tuyo.
  • Ya no lo es - respondí, depositando el diamante en el centro del escritorio, justo al lado del sobre de manila de Gala - Ningún compromiso real, ningún futuro se sostiene sobre el cadáver de un hijo, Maximiliano. Si tú permites que ella sacrifique a ese bebé por mí, ese remordimiento se sentará con nosotros a la mesa en cada cena, en cada silencio de nuestro apartamento. Yo me convertiría en la intrusa que destruyó una vida inocente y la oportunidad de que tuviera una familia, no puedo ni podría vivir con eso.

Miré a Maximiliano una última vez, viendo cómo el hombre más poderoso de la ciudad se desmoronaba en silencio frente a su escritorio su laguna mental lo dejaba indefenso, lo habia convertido en un rehén de su pasado pero yo ya no tenía las fuerzas para salvarlo de sus propias sombras.

  • Quédate con ella, Maximiliano, haz lo correcto por ese niño - concluí de forma pacífica.

Me giré y caminé hacia las puertas dobles del despacho con la frente en alto, mi armadura no se había roto, pero el nuevo comienzo que habíamos planeado con esta promesa de matrimonio se había quedado sepultado bajo el peso de un pasado que no me pertenecía. Dejé atrás el anillo de compromiso, el imperio Alexander y al único hombre que había amado, sabiendo que Gala había ganado la guerra sin necesidad de disparar una sola bala.




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