GALA
El silencio en el despacho de Maximiliano era música para mis oídos mientras él permanecía de espaldas, apoyado contra el ventanal con la frente pegada al cristal yo contemplaba la reliquia familiar que Kathryn había dejado sobre el escritorio, el diamante de talla esmeralda destellaba bajo la luz artificial, abandonado, despojado de su propósito.
Me costó un esfuerzo sobrehumano reprimir la sonrisa triunfal que amenazaba con dibujarse en mis labios, había sido una actuación con ejecución perfecta, milimétrica y letal al marcar la línea directa de Kathryn y meter el teléfono en mi bolsillo, sabía que estaba activando la soga definitiva. Su mentalidad orgullosa y su absurda madurez habían reaccionado exactamente como lo planeé, en lugar de pelear por su hombre, decidió apartarse para no construir su felicidad sobre la interrupción de un embarazo.
Kathryn Serrano creía que se marchaba con la frente en alto, salvando su dignidad pero la realidad era que yo la había expulsado de nuestro territorio sin necesidad de levantarle la voz, ella juraba que había tomado una decisión basada en sus estúpidos e inservibles valores.
Ajusté mis emociones, borré el destello de júbilo de mis ojos y caminé hacia Maximiliano con pasos lentos y silenciosos, adopté mi papel de amiga incondicional, de la confidente trágica que cargaba con la culpa de haber destruido el futuro de ellos dos. El poder que emanaba de sus hombros anchos se sentía quebrado, el hombre más poderoso de la ciudad parecía un gigante de arcilla desmoronándose en su propia oficina.
Maximiliano no se movió, su respiración era pesada, lenta. La culpa de su laguna mental sobre lo sucedido en la cabaña lo estaba devorando vivo, él creía que su propia irresponsabilidad había desencadenado esta tragedia y que él era el único culpable de lo sucedido.
Mentir con esa nobleza heroica era un placer adictivo que había empezado a disfrutar, sabía que cada palabra que pronunciaba reforzaba la veracidad del historial clínico falsificado que el doctor Julián me había enviado y que ahora descansaba en el sobre de manila. Maximiliano estaba demasiado aturdido por el dolor de la pérdida como para cuestionar la lógica de mis síntomas o auditar los papeles médicos, su mente analítica estaba apagada, sepultada bajo el remordimiento de haber destruido el nuevo comienzo que tanto le había prometido a Kathryn.
Él asintió levemente abrumado, aceptando mi apoyo como el náufrago que se aferra a la única tabla disponible en mitad de la tormenta. Mientras lo estrechaba sutilmente contra mí, simulando un abrazo de consuelo amigo, miré por encima de su hombro hacia la puerta del despacho.
La fase más difícil había terminado, Kathryn estaba fuera de la empresa y fuera de su vida, empacando sus cosas como una mártir mientras se envolvía en su silenciosa tristeza. El anillo de compromiso estaba de vuelta en el escritorio, ahora solo era cuestión de tiempo para que el fantasma de ese supuesto bebé terminara de limpiar el terreno, permitiéndome recuperar el lugar que me pertenecía por derecho de antigüedad en el imperio Alexander.
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Editado: 20.07.2026