KATHRYN
El segundero del reloj de mi cocina avanzaba con una regularidad que se sentía casi como un castigo. Me apoyé con fuerza contra el borde de granito de la encimera, cerrando los ojos con fuerza mientras una nueva oleada de náuseas me sacudía el estómago. Respiré hondo, aspirando el aroma a menta de la infusión que acababa de preparar, intentando estabilizar el mareo violento que desde hacía días, se había convertido en mi primera rutina de la mañana.
Llevé una mano a mi vientre por encima del algodón suave de mi ropa, todavía no había cambios visibles en mi cuerpo pero la certeza de la vida que crecía allí dentro era un fuego silencioso que me mantenía en pie.
"Todo marcha de manera excelente" recordé las palabras de la doctora Rostova el día anterior. La imagen parpadeante en blanco y negro de la ecografía seguía guardada en el fondo de mi bolso como el secreto más sagrado y peligroso de mi existencia. Nadie en el edificio Alexander sabía la verdad y me encargaría de que siguiera siendo así.
Cuando el malestar disminuyó un poco, me obligué a erguirme. Caminé hacia el salón principal, donde los ventanales inundaban la estancia con una luz fría y clara y me senté frente a la computadora. El proyecto de Don Agustín no esperaba por mis debilidades físicas, abrí las carpetas de las proyecciones financieras y los contratos de la fase de expansión hotelera. Mis dedos se asentaron sobre el teclado con esa frialdad matemática que siempre me había caracterizado. En menos de dos horas, sincronicé los informes finales y los envié al departamento legal y al despacho de Maximiliano. Cumplía con mi contrato al milímetro, demostrando que mi aislamiento no afectaba mi lucidez ejecutiva.
Pero la paz en mi reclusión era una mentira. Al revisar el grupo de la oficina vi varios mensajes que me revolvió las entrañas una vez más, la oficina del consorcio seguía siendo un nido de víboras sedientas de escándalo, los mensajes hablaban que el día anterior, Maximiliano había acompañado personalmente a Gala a su consulta oficial de seguimiento en la clínica central del grupo. El rumor añadía que Maximiliano se había mostrado rígidamente protector y que debido a la delicada salud de la nueva vicepresidenta, se estaban organizando los horarios para que él estuviera presente en cada paso. Incluso se hablaba de una próxima convivencia oficial para resguardar el cuidado de Gala y el bebe
Un frío helado me recorrió la columna pero me obligué a tragarme el nudo de dolor de la garganta. Mi madurez pacífica se impuso sobre el sufrimiento, ella estaba verdaderamente embarazada de él y por eso mismo mi silencio debía ser inquebrantable. No iba a usar a mi hijo como un arma de reclamo en una guerra de pasados. Si Máximiliano se enteraba de mi estado, su salvaje instinto de protección lo haría romper cualquier lazo con Gala para correr a mi lado pero lo haría arrastrando el remordimiento eterno de haber abandonado a su otro hijo. Nuestro nuevo comienzo nacería muerto y emponzoñado por la culpa.
Yo lo amaba con una intensidad que me desgarraba el pecho, pero mi dignidad y el respeto por mi bebé estaban por encima de mis deseos. Silencie el grupo y con ello los rumores de la empresa y me concentré en redactar el correo de cierre para Don Agustín. Me sentía a salvo en mi apartamento, convencida de que la distancia física que le había exigido a Maximiliano en su despacho funcionaba como un escudo perfecto.
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Editado: 10.08.2026