MAXIMILIANO
Kathryn obedeció. Lo hizo con esa lentitud deliberada que utilizaba para procesar las crisis, acomodando los pliegues de su abrigo oscuro sobre la silla frente al escritorio de la doctora Rostova. Su espalda permanecía perfectamente recta, su armadura intacta, pero sus dedos, desprovistos de joyas, delataban una tensión extrema.
Me coloqué de pie justo a su lado, apoyando una mano sobre el respaldo de su asiento. No la tocaba físicamente, pero mi presencia la envolvía, reclamando el espacio y rompiendo de forma definitiva la distancia que ella me había impuesto. Mis ojos grises no se apartaron de su perfil. Sentía una mezcla salvaje de alivio por tenerla cerca y una rabia contenida por las semanas que pasó lidiando con esto en el absoluto aislamiento de su casa, yendo a consultas sola para ocultarme a mi hijo.
La doctora Elena Rostova carraspeó, rompiendo el silencio asfixiante de la habitación, y abrió el expediente digital en la pantalla.
KATHRYN
El calor de la presencia física de Maximiliano al lado de mi silla me abrumaba, dificultándome la respiración. Miraba fijamente el escritorio de la doctora Rostova, negándome a girar la cabeza para encontrarme con sus ojos grises. Su mano sobre el respaldo de mi asiento se sentía como una declaración de propiedad absoluta. Él había comprado este lugar estaba segura, había movido los hilos de su inmenso poder solo para acorralarme en mi propio santuario y desarmar mi farsa.
Me tragué el nudo de dolor, él no entendía nada. Creía que mi silencio era un castigo o un desplante de orgullo, ignorando que me estaba sacrificando para proteger a nuestro bebé. Si yo hablaba, si destruía el orden familiar que Gala le exigía con su propio embarazo, lo obligaría a vivir en un remordimiento eterno.
La doctora Rostova, ignorando sutilmente nuestra disputa, me indicó que pasara al área de examen tras el biombo. Me despojé del abrigo largo y me recosté en la camilla de exploración. Para mi sorpresa y desesperación, Maximiliano cruzó el biombo sin pedir permiso. Se colocó al lado de la cabecera, clavando su mirada fija en mí mientras la doctora aplicaba el gel frío sobre mi vientre
MAXIMILIANO
La sutil curva de su vientre bajo la tela suave de su ropa me cortó la respiración. Ver la delicadeza con la que la doctora Rostova deslizaba el transductor me obligó a tragarme la rabia. El monitor parpadeó, disipando la penumbra del consultorio con una luz azulada y mortecina, hasta que la imagen en blanco y negro se estabilizó en la pantalla.
Me incliné hacia delante, con el pecho apretado por una conmoción tan inmensa que me borró cualquier pensamiento. Ese era mi hijo. Una certeza real nacida de nuestro amor verdadero, concebida semanas antes de que lo sucedido en la cabaña emponzoñara nuestras vidas. Miré de inmediato a Kathryn. Sus ojos grises estaban fijos en la pantalla, y por primera vez en semanas, vi una lágrima silenciosa resbalar por su mejilla, rompiendo la máscara de mármol que tanto se esmeraba en sostener.
KATHRYN
Me limpié la yema de los dedos contra la piel con una parsimonia temblorosa, sentándome en la camilla mientras la doctora imprimía las imágenes de la ecografía. La fijeza de la mirada de Maximiliano me indicaba que la tregua que habíamos firmado por el proyecto de Don Agustín estaba completamente muerta.
Gala seguía en su departamento, resguardada por la enfermera que él mismo le había instalado y los pasillos del edificio Alexander continuaban planificando el futuro de su heredero. La marea de su pasado seguía siendo una realidad implacable para mí pero tener a Maximiliano aquí, mirando el eco de nuestro hijo con esa determinación salvaje y protectora, me hizo comprender que el exilio pacífico que había diseñado para mí misma se había terminado.
La doctora Rostova nos entregó el sobre con los resultados y nos despidió con una inclinación de cabeza. Me puse el abrigo largo oscuro, amarrando el cinturón con fuerza, intentando recuperar la rigidez de mi armadura. Caminé hacia la salida del consultorio, lista para huir de nuevo a mi auto pero la mano de Maximiliano se interpuso en la manija de la puerta, bloqueándome el paso.
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Editado: 18.08.2026