-¿Estás bien? -pregunté de nuevo, mientras él tomaba el vaso, pero su mirada seguía baja, perdida en sus pensamientos.
-No -respondió sin rodeos. No intentó ocultar la verdad. Abrió el frasco de aspirinas y se las tomó, sin decir nada más. Yo lo observaba en silencio, mi mente trabajando a mil por hora. ¿Cómo podría estar bien después de todo? ¿Cómo podía estar bien cuando lo que más quería en este mundo parecía romperse constantemente entre sus dedos?
-Pero lo estaré... -añadió con un tono decidido, y aunque quería creerle, algo en mí se resistía. No sabía si él sería capaz de superar todo lo que había pasado. Sonreí levemente, aunque no lo sentí genuino. Era solo una fachada.
-A que sí -respondí, casi como una afirmación para mí misma. No lo dije por él. Lo dije porque necesitaba escucharme. Necesitaba creer que todo estaría bien. Él me sonrió, pero esa sonrisa no me convenció. No en el fondo. No lo suficiente.
-Toma un baño para que bajemos a desayunar -le dije, tratando de desviar la atención de la conversación. Necesitaba espacio. Necesitaba distancia de todo eso.
-Lamento las molestias, espero no haber sido una carga ayer... -dijo apenado, rascándose la nuca, y algo en su voz hizo que mi estómago se retorciera. No quería que se sintiera culpable. No quería que me viera como una carga, como si estuviera aquí solo por obligación. Y aún así, la sensación seguía allí.
-Lo normal -respondí sin más, aunque en mi interior sentía todo lo contrario.
"Aunque está vez casi me obligas a dejarte sin caderas...", pensé para mis adentros, y no pude evitar sonreír un poco, casi como si hubiera sido un pequeño escape a todo lo que sentía. Cuando salió del edredón y su pecho quedó expuesto ante mis ojos, me fue difícil mantener la compostura. Era una tentación a la que me costaba resistirme, pero sabía que no podía ceder.
-Gracias por siempre estar -dijo él, y le sonreí, aunque en el fondo me sentía completamente rota. Mi cabeza y mi corazón gritaban, y mis pensamientos se nublaban. ¿Qué significaba todo esto para mí? ¿Qué significaba para él?
-No te preocupes por eso -respondí, callando todas esas preguntas que amenazaban con desbordarse. Mi mente y mi cuerpo no ayudaban en estos momentos. Todo lo que podía hacer era seguir adelante. -Avisé al Instituto que llegaríamos tarde, así que apúrate -dije, y él asintió.
-Gracias de nuevo -murmuró, dándome la espalda mientras se dirigía al baño. Observé su espalda, la suavidad de su piel, y no pude evitar que mi mente me jugara malas pasadas.
-Mierda, Nail -me quejé, cubriéndome el rostro con mis manos, tratando de calmarme. -Carajo -gruñí de manera ronca, sintiendo la presión en mi entrepierna bajo la tela de mi pantalón.
Podría entrar allí a mojarme la cara, pero no sería una buena idea dadas las circunstancias, así que tomé una toalla del closet y salí hacia el baño del pasillo para tomar una ducha fría. Necesitaba aclarar mi mente, aunque sabía que no iba a ser fácil.
Salí de allí cubriéndome el problema con la toalla, caminando descalzo por el pasillo hacia el baño. Mientras me despojaba de mi ropa y me metía bajo el agua fría, una parte de mí deseaba que ese momento de alivio durara más. Pero sabía que solo era temporal. Como siempre.
Las imágenes indecentes de Anghelo gimiendo mi nombre no me ayudaban mucho, al ver que que el agua no me ayudaba lleve una de mis manos a mi falo mientras con la otra me apoyaba contra la pared mientras el agua fría caia sobre mí cuerpo tenso.
Mi mano viajo de arriba a abajo de mi miembro buscando darle algo de liberación mientras mordía mi labio inferior para acallar mis propios gemidos mientras mi cabeza seguia pasando aquellas imágenes sucias de Anghelo, conmigo, debajo de mi.
El ritmo de mi mano fue aumentando de manera brusca haciendo que mi brazo se apoyara contra el azulejo frío de la pared con la que me apoyaba para evitar caer al frío suelo de la ducha mientras mi respiración pesada se aceleraba y mi miembro se endurecía más.
Eso me hizo entender que ya estaba por terminar, el ritmo de mi mano aumento y al no sentirme saciado moví mis caderas al ritmo contrario de mi mano para crear más fricción contra mi propio miembro, luego de unos segundos más, un chorro de semen caliente baño mi mano dandole al fin calma a mi miembro.
Jadeaba de manera pesada mientras el agua se llevaba mi pequeño desastre y me calmaba en todos los sentidos. Las ganas de hacerlo mío eran más fuertes y eso me hacia enfurecer de manera insana.
Después de varios minutos bajo el agua helada, cuando al fin mi respiración se estabilizó y mi mente dejó de traicionarme con imágenes de Anghelo que no debería estar teniendo, cerré la llave de la ducha. El sonido del agua cesó, dejando en su lugar el eco de mi respiración pesada y el golpeteo de unas gotas contra el azulejo.
Apoyé las manos en la pared fría y bajé la cabeza, dejando que las últimas gotas escurrieran por mi piel. Necesitaba calmarme del todo antes de salir, pero ya no había mucho más que pudiera hacer al respecto.
Solté un suspiro y pasé una mano por mi rostro antes de salir de la ducha. Tomé la toalla y la até alrededor de mi cintura con un nudo firme. Sentía la piel fría y el cabello pegado a la frente, pero al menos mi mente estaba un poco más despejada.
Salí del baño y caminé por el pasillo en dirección a mi habitación, secándome el cabello con una segunda toalla. Cuando abrí la puerta, me encontré con una escena que no esperaba.
-Oye, Nail, tomé algo de tu ropa po... -La voz de Anghelo me tomó por sorpresa.
Se estaba terminando de abotonar una camisa roja de manga larga que evidentemente había sacado de mi armario. Su cabello oscuro seguía húmedo, y la forma en que se detenía para ajustarse la prenda hizo que mis ojos viajaran sin permiso por su figura. Pero antes de que pudiera permitirme cualquier pensamiento indebido, nuestros ojos se encontraron.
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Editado: 15.07.2026