Un Inesperado Mate

15 - Anghelo Rachman

"¿Quién puede hablar del amor y defenderlo?, levante la mano por favor.

¿Quién puede hablar del dolor?, pagar la fianza para que salga de mi corazón."

-Muchas gracias por su hospitalidad... Lamento los inconvenientes -me disculpé con los padres de Nail una vez más, inclinando un poco la cabeza por respeto.

-Ya déjalo, Anghelo. Vamos, que si no, llegaremos aún más tarde -se quejó Nail con tono impaciente mientras le daba un beso cariñoso en la mejilla a su madre-. Nos vemos más tarde -se despidió con una sonrisa y comenzó a alejarse.

-Adiós, hijo -respondió ella con dulzura.

Cuando pasé a su lado, la señora Kingahan me tomó del brazo con suavidad, me guiñó un ojo y murmuró para que sólo yo escuchara:

-Síguelo.

-Adiós, señor y señora Kingahan -me despedí también, justo cuando Nail me tomó de la muñeca y comenzó a arrastrarme con él.

Lo alcancé tras un par de pasos largos, acomodándome a su lado mientras su mano seguía sujetando la mía.

-Nail -lo llamé con voz suave. Él me miró de reojo y, al darse cuenta de que aún sostenía mi muñeca, la soltó de inmediato como si el contacto con mi piel le hubiese quemado.

-Lo siento -se disculpó rápidamente.

-No era eso, idiota -bufé. La verdad es que no me había molestado en absoluto. Siendo honesto, me gustaba que me tocara, pero... era más fácil fingir lo contrario.

-¿Entonces? -preguntó, girando su rostro hacia mí con curiosidad.

-Quiero que me ayudes a no regresar con Gali -le pedí con la mirada fija en el suelo mientras caminaba unos pasos detrás de él-. No quiero volver con ella, Nail... pero la amo demasiado. Y sé que si me pide perdón, voy a caer otra vez.

Se detuvo de golpe, lo que me obligó a levantar la vista. Se giró hacia mí con una sonrisa decidida, levantó el pulgar derecho en el aire y me dijo con voz firme:

-Claro.

Le sonreí, agradecido. Avancé un poco más hasta quedar a su lado. Él era apenas un poco más alto que yo, así que me puse de puntillas y lo abracé por los hombros con confianza.

-Eres el mejor, amigo -murmuré.

-Ya, sácate -protestó él mientras me empujaba con suavidad, riendo.

Reímos juntos y, entre bromas, empujones y comentarios sin sentido, seguimos nuestro camino hacia el instituto.

Llegamos después de unos minutos, todavía riendo. Al acercarnos al grupo, Nail me miró fugazmente... y luego siguió caminando, alejándose de todos. Fruncí el ceño, extrañado por su comportamiento.

-¡Nail! -lo llamó José, siguiéndolo con rapidez.

-Yo digo que es gay -comentó Kevin, observando a José apresurarse tras él.

-¿Quién? -preguntó Peter.

-José. Siempre anda detrás de Nail -dijo Kevin con tono burlón, llevando las manos a su nuca y soltando un largo suspiro-. Pequeña mierda ni se da cuenta de nada.

-Yo digo que el gay sos vos, bro. A leguas se nota que te gusta José -se burló Peter.

Kevin se encogió de hombros con indiferencia.

-Da igual. Él está loquito por Nail -añadió, y luego me miró arqueando una ceja-. En fin. Vamos, que tenemos entrenamiento.

Me quedé quieto un segundo, confundido por la mirada despectiva que me lanzó. No entendí a qué se refería con eso. Además... ¿José y Kevin, gays? Eso era completamente nuevo para mí.

Pensé en José. Siempre estaba cerca de Nail, incluso se había unido a nuestro grupo por él. Pero... Nail no era gay. O eso creía. Aunque lo fuera, no me lo imagino con José.

Suspiré. Ni siquiera sabía por qué pensaba en eso. ¿Qué más daba?

Los seguí hasta los lockers. El pasillo estaba lleno de estudiantes, pero no tardé en divisar a Nail y José charlando animadamente frente a uno de los casilleros.

Nail se veía... contento.

¿Y si sí lo era? ¿Si era gay y simplemente nunca me lo había dicho? Pensé en lo cercanos que éramos. ¿Me lo habría confesado si así fuera? ¿No éramos mejores amigos?

Tragué en seco cuando sentí una extraña amargura instalarse en mi estómago. Sacudí la cabeza para apartar ese sentimiento y me centré en buscar mis cosas para el entrenamiento. Saqué la chaqueta del equipo de mi locker y metí el bolso.

-Anghelo -escuché una voz inconfundible que me hizo girar de inmediato.

Galilea.

Mi cuerpo se tensó. Ella intentaba acercarse, pero Nail la retenía firmemente por el brazo, evitando que llegara a mí. Su expresión era dura, seria, y sus ojos centelleaban con una rabia contenida.

Mi corazón empezó a latir con fuerza. Apreté la chaqueta roja y blanca entre mis manos, la que tenía el número "01" bordado en la espalda con hilo dorado. Justo encima, el lobo rugiendo parecía querer saltar de la tela, feroz y majestuoso, como una sombra protectora. Esa chaqueta no era solo una prenda del equipo. Era historia, era sudor, era orgullo. Había pertenecido a Nail desde nuestro primer año y me la obsequio a mí cuando habían cambiado las filas del equipo hace dos años y me había vuelto capitán. Y cada vez que la usaba, parecía invencible.




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