No sabía que habia pasado con Anghelo, pero la verdad ahora ya ni me importaba. O al menos de eso queria convencerme a mi mismo.
"No voy a permitirme ser debil otra ves con el, no puedo permitírmelo... Se acabo el Nail comprensivo que esta para el todo el tiempo, que va corriendo a cada llamado sin importar que"
Pensaba mientras me follaba a Kall, el gemía maldiciones mientras yo movía mis caderas con fuerza mientras lo penetraba sin contemplación alguna.
- ¡Aaaah, si... m- más!- gemía el mientras apretaba con fuerza las sabanas de la cama.
Yo lo tenía agarrado de las caderas mientras aumentaba el ritmo de mi cintura y hacia más profundas las penetraciones dentro de él mientras gruñía de satisfacción.
Me incliné a el mientras gruñía con fuerza y mi miembro se endurecía más, el gimió de manera fuerte moviéndose tambien bajo de mi mientras se corría llenando toda la cama de su semen y a segundos luego me corri yo tambien dentro de él.
Salí de el mientras calmaba mi respiración agitada, él se tiro a la cama de espaldas sonriendo malicioso. Desnudo me tire a su lado importándome muy poco el desastre de la cama.
Ambos recuperábamos el aliento en total silencio.
Una risilla de él me saco de mis pensamientos para dedicarle atención, mientras mi mirada estaba sobre él lo miraba gatear sobre el colchón de la cama y luego ponerse a arcadas sobre mi con cada una de sus piernas a cada lado de mi cintura.
Dejando nuestros miembros rozándose, el sonrió de manera perversa mientras con una de sus manos acariciaba la punta de mi pene y se agachaba a mi para empezar a besar mi pecho desnudo
Poco a poco me excite otra vez, y mientras él me masturbaba sin contemplaciones yo lleve mis manos a su trasero para introducir dos de mis dedos en él.
Gimoteó un poco pero no lo deje quejarse por que con mi otra mano lo jale a mi para unir nuestros labios en un beso violento de manera brusca.
El gemía contra mi beso mientras con la mano libre de mi miembro se apoyaba en mi pecho para no caer sobre mi por completo.
Mis dedos se movían ágilmente dentro de él mientras nos besábamos. Me gustaba esto, sexo sin amor. Solo sexo.
Cogíamos duro y sin miramientos, y tambien nos relacionábamos con mas personas sin miedo a que escena de celos.
Follábamos donde se nos daba la regalada gana y ninguno de los dos decía absolutamente nada con mezclar sentimientos en lo que sea que teníamos, era simple y sencillamente. Sexo casual.
Nos besábamos sin sentir, y era mejor. Porque si sentíamos ibamos a morir.
El de un movimiento hábil saco mis dedos de su interior y se auto penetro con mi miembro erecto y empezo a montarme sin piedad a sí mismo.
Se movía de arriba a abajo brincando sobre mi, mientras yo solo gemía y gruñía mientras mordía sus labios rojos de tantos besos de vez en cuando.
Nos devorábamos mutuamente y por eso no habia queja alguna de posibles marcas en nuestros cuerpos. Las cuales siempre quedaban.
(...)
Él estaba boca abajo en la cama, completamente rendido. Su espalda subía y bajaba de forma acompasada con su respiración, y había algo en su quietud que me calmaba... aunque también me hacía sentir culpable. No tenía ánimos de regresar a casa, y ya era tarde. El peso del día, de mis emociones, de la confusión... todo me empujaba a quedarme ahí, donde al menos podía fingir que no pasaba nada. Así que solo envié un mensaje rápido a mi madre:
Tú:
Me quedaré en casa de un amigo, tenemos que terminar un trabajo. Mañana llegaré temprano para alistarme para el Instituto.
(00:27 a. m.)
Una mentira más. Una pequeña excusa para no enfrentar lo que realmente sentía.
Me bajé de la cama sin ropa, el frío del suelo me sacó un suspiro leve mientras buscaba mi ropa en el caos de la habitación. No recordaba exactamente dónde la había dejado, pero tampoco me importaba mucho. No tenía prisa por vestirme, ni por volver a la realidad.
Kall gimoteó en sueños. Su cuerpo se movió apenas. Me acerqué a él un segundo y me detuve. Lo observé en silencio. Había sido demasiado para él... no solo físicamente. Emocionalmente, también. Aun no se recuperaba del todo de lo que había pasado el día anterior, y yo lo sabía. Pero también sabía que estar conmigo esta noche había sido, para los dos, una forma de buscar consuelo sin tener que decirlo en voz alta.
Le tenía mucha estima. Kall era parte de mi vida desde que tengo memoria. Literalmente crecimos juntos, compartimos veranos, partidos de fútbol, tareas, secretos, peleas... todo. Cuando él se graduó del Instituto hace tres años y medio, nuestras conversaciones empezaron a ser cada vez más escasas. No por falta de cariño, sino porque la vida se lo tragó y se lo llevó lejos.
Nuestros encuentros íntimos comenzaron hace dos años, después de una borrachera que nos dejó sin filtros ni límites. Fue la segunda vez que estuve con un hombre... pero esa noche también sellé una parte de mí que jamás había querido mirar de frente: mi identidad. Fue la noche en que me declaré activo, jamás pasivo. No por ego, sino porque me sentía más seguro así. Más yo. Me sentía libre.
Jamás imaginé que uno de mis mejores amigos se convertiría en mi escape favorito. Mi vía de escape de los sentimientos que me asfixiaban. Una distracción con piel cálida y ojos claros y dulces. Una forma silenciosa de seguir adelante mientras todo dentro de mí gritaba que aún estaba roto.
Y la verdad es que lo estaba.
No podía seguir negándolo. Estaba rompiéndome lentamente. Mi corazón no estaba solo agrietado... estaba a punto de convertirse en polvo. ¿Y por qué? Por una sola persona: Anghelo.
Ya había dado el primer paso. Ignorar sus mensajes. Parece simple. No lo es. Me costó mucho. Tuve que apagar la pantalla varias veces, cerrar los ojos, respirar profundo. Tenía que hacerlo. No por orgullo, sino por mí. Por lo que quedaba de mí.
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Editado: 15.07.2026