Un Inesperado Mate

36 - Anghelo Rachman

"...Me cansé de aparentar, Que era feliz contigo, sin ser feliz conmigo.

Ahora comprendí que yo era mi único enemigo, esta es la ultima canción que yo te escribo"

—Tienes que ayudarme —pedí con urgencia, abriendo la puerta del cuarto de Light sin siquiera tocar. Entré como si el tiempo estuviera en mi contra. Ella pegó un respingo, sentándose de golpe sobre su cama mientras me miraba como si hubiera visto un fantasma.

—¡Deja de hacer eso, me vas a matar de un infarto! —se quejó, tomándose el pecho y lanzándome una almohada con fuerza.

—Ni que te estuvieras tocando —dije con tono burlón, encogiéndome de hombros. Vi como su rostro se teñía de un rojo intenso que subía desde su cuello hasta sus orejas.

—¡ANGHELO! —chilló, arrojándome más cojines. Me reí, genuinamente divertido. Esa reacción en ella era una constante que me encantaba provocar.

—Y pensar que hace unas semanas eras toda sumisa y callada, pidiendo perdón por respirar —me burlé sin piedad, con una sonrisa ladina en el rostro.

—¡TE VOY A MATAR! —gruñó fulminándome con la mirada. Esa chica... a veces era como una tormenta que me hacía olvidar mis propios nudos internos.

Llevaba dos semanas quedándose en mi casa. Al principio, fue raro. Ahora, era simplemente cotidiano. Habían pasado tantas cosas extrañas en ese tiempo… Nail se comportaba como si Light fuera a la vez su enemiga y su aliada. Era confuso. Todo lo era.

Nail había hablado con sus padres sobre su orientación sexual, y ambos lo habían aceptado. Algo que yo sabía, pero verlo fue distinto. Ver ese apoyo tan natural me hizo sentir cosas que no entendía. Ahora, estaba en una relación con Zimû. Y aunque no quería admitirlo… esa relación me incomodaba.

No porque me hubiera quitado a Nail. No lo había hecho. Él seguía estando ahí para mí, en cada momento importante. Pero cada vez que veía cómo Zimû lo miraba, cómo lo abrazaba, cómo lo besaba... algo dentro de mí se tensaba. Como un amarre en el pecho que no se desataba. Una amargura silenciosa. Dolía, pero no sabía por qué.

Me decía que era su felicidad lo que importaba, que verlo sonreír de esa forma con alguien más debía bastarme. Que debía estar bien… Pero no lo estaba. Y no podía explicarlo.

Mishoi, prima de Zimû y miembro del equipo Mangetsü no Okai, se había vuelto cercana a Light. Y gracias a ella, Light ya no era esa chica cerrada que se disculpaba por existir. Ahora bromeaba, reía, se enojaba sin miedo. Era más... ella. Más viva.

Respecto a su manada, todavía no había respuestas. Mis padres se estaban moviendo con el consejo, intentando conseguir información, protección, algo. Pero nada era claro todavía.

Y Zimû… él era bueno. Demasiado bueno. Demasiado perfecto. Era dulce con Nail, considerado, atento. Todo lo que uno desearía para alguien que ama. Y ahí estaba el problema: yo deseaba eso para Nail. Pero no de él. Quería ser yo quien lo hiciera sonreír así.

—A lo que vine, sucia —gruñí, sacudiéndome esos pensamientos y lanzándole una de las almohadas que me había arrojado.

—¿Qué? —preguntó, todavía con las mejillas sonrojadas mientras abrazaba la almohada.

Me acerqué a su cama, apoyando los codos en el colchón.

—Ayúdame a buscar un regalo para Nail —dije con tono suplicante.

—¿Regalo?

Asentí, frustrado.

—En una semana es su cumpleaños. Y con todo este drama de Galilea, no he tenido tiempo de buscarle nada —me quejé mientras enterraba la cara contra el colchón y fingía llorar.

—Maldita víbora esa. Me obligaste a hacerme pasar por tu novia —bufó ella con cara de asco.

—Estás hablando de mi, sucia. Más respeto —repliqué, fulminándola con la mirada—. Y además, todos sabemos que te gusta Misai Mishoi —la piqué, moviendo las cejas de arriba abajo con picardía.

—¿Quieres morir, cierto? —dijo intentando ocultar su rubor. Sus ojos rosados brillaban con una intensidad extraña pero familiar. Ya me había acostumbrado a ellos.

—Es obvio, no actúes como si no fuera así —me quejé, rodando los ojos. Ella me fulminó de nuevo, pero esta vez con una sonrisa en los labios.

—Volviendo a lo importante… ayúdameee —dije arrastrando la última vocal como un niño dramático.

—Luego de eso, dos meses para que seas alpha... —murmuró ella en un tono que mezclaba nostalgia y solemnidad. Le lancé una mirada.

—Con todo lo que está pasando en la manada, ya ni quiero serlo —dije inflando las mejillas, con un puchero. Ella soltó una risa.

—Es lo que te toca.

—Lo sé —suspiré.

—Te ayudaré con el regalo de Nail. También quiero buscarle algo. ¿Cumple 17, cierto?

Asentí.

—Su transformación será esa noche... Eso significa que pronto encontrará a su mate —dijo con un dejo de emoción que me erizó la piel.

Fruncí el ceño, un nudo en el estómago me hizo apretar los dientes.

—¿Por qué tan emocionada? —pregunté con irritación.

—Nada —dijo ella rápidamente, bajando de la cama—. Mejor vamos. Con lo que me pagaron ayer en el café alcanza para un regalo decente —añadió mientras se ponía los zapatos.

Y yo… yo solo quería encontrar algo que le demostrara que, aunque todo a nuestro alrededor cambiara, yo seguía ahí. Que aunque Zimû fuera perfecto y su mate aún estuviera en alguna parte... yo jamás lo dejaría de querer.




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