Un Inesperado Mate

55 - Anghelo Rachman

Me removí un poco en donde estaba. No sabía qué hora era, pero sí sabía que ya era tarde. En algún momento de la película me había quedado dormido en el suelo, junto a Kriss, quien seguía con los ojos fijos en la televisión como si aún tratara de entender lo que pasaba en la pantalla.

Abrí lentamente los ojos. Sentí algo cálido bajo mí y, al enfocar la vista, noté que estaba recostado sobre el pecho de Nail. Ambos seguíamos en el suelo. Él estaba dormido, pero su brazo me envolvía con firmeza, como si temiera que me alejara. Aún dormido, me mantenía contra él, como si su subconsciente se rehusara a soltarme.

Mi cara se encendió al instante, una mezcla de vergüenza y algo más que no me atrevía a nombrar. Mi corazón empezó a latir con fuerza, golpeando contra mi pecho como si intentara advertirme de algo. Mis nervios se dispararon al sentir que Nail se movía ligeramente. Contuve la respiración. Pero no hizo nada más que apretarme un poco, asegurándose de que aún estaba ahí. Luego, volvió a quedarse profundamente dormido.

Suspiré, soltando todo el aire que sin darme cuenta había contenido. Traté de calmarme. Me incorporé con cuidado, deslizándome fuera de su abrazo con el menor movimiento posible, y luego lo subí a la cama como pude. Era más pesado de lo que parecía. Acomodé una manta sobre él y me quedé viéndolo unos segundos más. Aún dormido, tenía esa expresión tranquila que pocas veces mostraba cuando estaba despierto.

Me giré hacia la ventana. El cielo estaba cubierto de nubes espesas y oscuras. Parecía que en cualquier momento estallaría una tormenta. La oscuridad del cielo no me dejaba adivinar qué hora era. Tal vez era medianoche. Tal vez más.

Salí de mi cuarto y bajé las escaleras en silencio. Desde la mitad de la escalera, escuché voces en el living. Una era la de mi padre. La otra, de Light.

Cuando llegué al último escalón, la vi sentada en el sofá, con la mirada clavada en sus manos. Varias lágrimas caían silenciosamente por sus mejillas. Mi padre estaba a su lado, hablándole con ese tono paciente que solo usaba cuando explicaba algo realmente importante.

Me apoyé en la pared, justo detrás del sofá. No me atreví a interrumpir. Algo en el ambiente me dijo que estaban hablando de algo serio. Algo que, de alguna forma, también tenía que ver conmigo.

—S-se supone que los lobos Yin y Yang son simples mitos... —susurró ella, su voz quebrándose apenas.

Mi padre asintió con gravedad.

—Lo sabemos. Pero hay quienes no lo creen así. Según un hechicero, uno muy antiguo, en ti podrían encontrar a uno de ellos. Fueron a tu manada por ti, Light. No fue casualidad. Tú eres su puente.

Ella levantó la mirada, confundida.

—¿A mí...? ¿Pero por qué?

—Porque piensan que eres la clave. Que llevas en ti algo que los guiará hacia el Yin. Lo que querían, en realidad, era a él.

Tragué saliva. Un escalofrío me recorrió la espalda.

No podía ser...

—Pero cuando huiste, cuando pediste ayuda, lo cambiaste todo —siguió mi padre—. Interrumpiste su plan. Les hiciste perder el rastro. Y eso nos dio tiempo... tiempo para entender qué está pasando.

Light parpadeó, aturdida.

—¿Qué quieren exactamente?

—Al Yin —repitió mi padre con voz grave.

Sentí que todo mi cuerpo se tensaba. Bajé la mirada, apreté los puños. El gruñido que amenazaba con salir se quedó en mi garganta, pero apenas pude contenerlo.

—¿El que causa destrucción...? —dijo ella, alarmada—. El que posea al Yin no podrá controlarlo sin su Yang. Por eso son dos lobos. Uno sin el otro... es peligro.

Mi padre asintió.

—Y esa es precisamente la intención. Quieren encontrar al Yin, separarlo de su Yang. Quieren usar su descontrol, su rabia... dirigirlo como un arma. Prometerle que, si hace lo que le piden, le entregarán al Yang.

Light se llevó ambas manos al rostro, aturdida.

—Pero eso es cruel...

—Así es —respondió mi padre, con el ceño fruncido—. Pero no lo saben todo. No saben quién es el Yang. Ni siquiera están seguros de si realmente lo encontrarán sin tí que eres el puente. Eso nos da ventaja. Nos da tiempo.

Ella alzó la mirada de nuevo.

—¿Y usted cómo sabe todo esto? —preguntó con cautela.

—El Concejo. Este tiempo no ha sido en vano, niña. El Hechicero del Concejo ha investigado. Al tenerte aquí, nos ha compartido lo que sabe. No eres una simple niña perdida. Eres parte de esto, como te dije, eres su puente de guía.

Light se quedó en silencio, temblando ligeramente.

Mi padre continuó.

—Mi misión como alfa es protegerte. Y proteger todo lo que pueda —agregó, mirando brevemente hacia donde yo estaba, aunque no supiera que lo observaba.

Sentí un nudo en la garganta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.