Un Inesperado Mate

56 - Anghelo Rachman

—Si ellos no te tienen —concluyó mi padre—, puede que jamás encuentren al Yin que buscan. No hasta que él encuentre a su Yang por cuenta propia.

Bufé, con impotencia. Rodé los ojos, no por desdén, sino para contener el peso que caía sobre mis hombros. Eran más responsabilidades y problemas de las que me habían enseñado a soportar...

—Anghelo… —murmuró Light al verme, apenas notó mi presencia en la sala.

Sus ojos brillaban ligeramente bajo la tenue luz del pasillo, y aunque intentó mantener la compostura, su voz tembló sutilmente al pronunciar mi nombre.

—¿Qué tan confiable es la información que dio el consejo? —le pregunté a mi padre, avanzando lentamente hasta él, sin apartar la vista de su rostro.

Mi padre giró el rostro hacia mí, serio, con la espalda erguida como si llevara horas sentado sin moverse.

—Infiltraron a tres guardias especiales en la manada de ellos —comenzó con tono grave—. Han estado cerca de los que tienen presos a sus padres…

—¿Ellos están bien? —interrumpió ella, con urgencia. Su voz fue como un eco de angustia que cruzó el salón.

Mi padre asintió suavemente, tratando de calmarla.

—Lo están. No te preocupes —le dijo con un tono más suave. Luego suspiró—. Como decía… esa información viene directamente de ellos.

—¿Y por eso es confiable? —pregunté con desdén, arqueando una ceja. La intriga me recorría por dentro como una corriente eléctrica.

No confiaba del todo en el consejo. Habían cometido errores antes, y si algo le pasaba a Nail por una información mal filtrada, no se los perdonaría.

—¿El Yin… ha aparecido cerca de mí? —preguntó Light de pronto, con un dejo de temor que erizó mi piel.

Miré a mi padre de inmediato, como si mi sola mirada bastara para exigirle un silencio contundente. Él pareció sentir la presión, porque negó con la cabeza sin decir una palabra.

Ella soltó un suspiro sonoro, como si contuviera el aire desde hacía días.

—¿Y los que están en mi manada…? —empezó a preguntar, pero fue interrumpida.

—Están buscándote —agregó mi padre con seriedad. Ella se tensó al instante, sus hombros se encogieron como si el mundo le cayera encima.

—¿Está dispuesto a tenerme aquí sabiendo que toda su manada corre riesgo conmigo aquí? —dijo sin atreverse a mirarlo a los ojos.

—Claro que sí —respondió él sin dudar. Su tono fue firme, seguro… y por alguna razón, eso me irritó.

Rodé los ojos.

—¿El Yin solo estará cerca de ella, o también el Yang? —pregunté, colocando ambas manos en el espaldar del sofá donde él estaba sentado.

Mi padre se encogió de hombros con indiferencia.

—No han escuchado nada respecto al Yang. Solo del Yin. Es a él a quien están buscando —dijo, su rostro serio, sin rastro de emoción.

Solté un gruñido bajo, frustrado.

—Lo que me faltaba… —murmuré, apretando la mandíbula.

—Lo siento… —susurró ella con culpa.

—No te disculpes, idiota. No es tu culpa —le respondí sin mirarla—. Solo esperemos que esos bastardos no te encuentren. Sería bastante peligroso que te tuvieran...

Suspiré profundamente, dejando escapar el aire como si intentara exhalar también las emociones que me ahogaban.

—¿Qué hora es? —pregunté sin mucho interés.

—Las doce de la madrugada. Casi. —Mi padre respondió con la voz más neutral del mundo, como si no importara lo que habíamos dicho.

—¿Tan tarde? —fruncí el ceño, sorprendido.

—No despiertes a Nail. Llamé a su casa diciendo que se quedaría aquí esta noche —dijo mi padre con calma.

Asentí, más tranquilo.

—Su madre se escuchaba algo… —Se detuvo, sin terminar la frase.

—Lo sé —respondí sin darle lugar a más.

—S-si no les molesta… iré a dormir un poco. Fue un día pesado en el café y estoy algo cansada —murmuró Light, sin levantar la vista.

—Está bien, niña. Descansa —dijo mi padre. Ella asintió y se levantó del sofá, caminando lentamente hacia las escaleras. Sus pasos eran silenciosos, casi tristes.

Esperé a que desapareciera de nuestra vista.

—No se te ocurra decirlo… —advertí a mi padre con tono bajo, pero firme, cuando ya no se veía por las escaleras.

Él me miró con esa expresión suya que mezclaba terquedad con conocimiento.

—Tenía que saberlo —alegó, levantándose con calma.

—Así como yo tengo prohibido hablarle de eso, tú también tienes prohibido decírselo —le dije con una mordacidad que me salió del alma. Mi mirada era fuego. Él retrocedió un paso, no le di importancia—. Buenas noches...

Y sin más, tomé rumbo a las escaleras.

—Por eso necesito que mantenga oculto al lobo —dijo mi padre desde abajo mientras subía. Me tensé—. De alguna manera, está destruyendo todo en su casa. Pero aquí… no pasa nada aún.

Tragué en seco. No respondí. No me giré. Solo seguí subiendo, una pisada a la vez.

Nail era el Yin que esos estaban buscando.

Y mientras todos temían lo que él pudiera llegar a ser… yo solo podía pensar en el hecho de que él ya no tenía familia. Que él era el más afectado por todo esto, y aún así… todos lo miraban como si fuera la raíz del problema.

Él no podía ser culpable de que su mundo se estuviera cayendo a pedazos. No cuando él ni siquiera tenía un lugar real al que llamar hogar.

Eso quería creer. Eso necesitaba creer.

Según el consejo, su Yang aún no había aparecido. Por eso su esencia como Yin no era del todo destructora… todavía. Y por eso también su marca no se había manifestado aún en su cuello.

Cuando su Yin despertara por completo, cuando se liberara… entonces sí. Su esencia se desataría como un río desbordado, y la marca sería imposible de ocultar.

Eso explicaba el tamaño de su lobo.

Un lobo enorme, más grande que el de cualquier otro…

Y aún así, crecería más cuando el Yang apareciera.

Suspiré con el pecho apretado, con los pensamientos aplastando mi cabeza como una piedra caliente.

"Alguien que lo complementaría… el Yin y el Yang."




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