Un jardín que nunca se marchita

Un señor para las moscas, y uno para las estrellas

Habiendo redirigido la atención del profesor hacia Buer, Agustín se despidió de ambos y se disculpó, saliendo de los salones y corriendo hasta la parada de buses. Logró tomar una de las últimas cazadoras que llegaban hasta Santísima Trinidad. Se sentó del lado derecho, unos asientos antes de la última fila.

Sintió que por fin tenía un respiro, tanto de Buer como del resto de la vida, pero el trayecto se comenzó a hacer abrumador cuando volvió a pensar en Dagoberto otra vez. Entendía que la respuesta de su amigo no venía por casualidad, se venía tejiendo desde hacía un tiempo porque ya sospechaban que él escondía más que sentimientos de amistad. Había intentado acercarse con el tema un par de veces, y, aunque Dago no lo frenaba en seco, tampoco le daba mucha libertad de hablar antes de cambiarle la dirección de la conversación sin más remedio. Era obvio que Dagoberto no quería perder la amistad que tenía con Agustín; se habían conocido en el colegio y ellos dos junto con Douglas eran inseparables. Tal vez lo que más le dolía a Agustín era que, aun cuando sus invitaciones no indicaban segundas intenciones, Dagoberto ya no las interpretaba de la misma forma.

La única persona que sabía sobre esto era Marley, a quien se lo confesó durante una fiesta de cumpleaños en el apartamento de Mayté. Ella hizo lo que podía para consolarlo y no llamar demasiado la atención, ¿y qué más? Él no podía decírselo a sus padres y ellos eran los únicos amigos que tenía aparte del hijo del dueño de la imprenta, con el que practicaba fútbol los fines de semana.

Volvió a ver sus manos, que jugaban con las costuras del salveque. Las tenía frías y le temblaba un poco el pulso. Acercó el índice al lagrimal para evitar una lágrima que estaba formándose. Aspiró con fuerza y se aclaró la garganta. Llegando a la mitad del camino, Buer se acercó para hablarle desde el asiento de atrás.

—Me parece que quedó una pregunta sin resolver. ¿O no?

—¿Qué? ¿Por qué no se quedó con el profesor?

—Sí lo hice. Terminé la canción que estaba tocando cuando nos encontramos. Le gustó mucho, aunque tuve que decirle que era un estudiante de intercambio.

—Qué bueno; y no, no hay ninguna pregunta pendiente.

—Es sólo que la respuesta original no me convenció.

—¿Y resulta que ahora tengo que convencerlo?

—Bueno, no digo que sea una obligación, pero me sería más fácil ayudarlo si supiera más sobre usted.

—Pues no, no quiero hablar.

Agustín se bajó en la última parada, que llegaba hasta la cuadra donde estaba la iglesia de Santísima Trinidad, a unos 6 bloques de su casa. Buer lo venía siguiendo con paso lento, a diferencia de él que cada vez iba más rápido para tratar de perder al demonio de vista.

Creyó perderlo de vista después de 3 cuadras. El alumbrado eléctrico era tenue a esas horas, el cielo se pintaba de rojo después de las ocho de la noche cuando el clima traía neblina consigo. Agustín se detuvo debajo de un poste de luz para colocarse el abrigo.

—¿Creció aquí en Santísima Trinidad? —preguntó Buer, acercándose a la estela de luz.

—Me lleva el carajo a mí…

—Esto no sería tan difícil si nos diéramos la oportunidad de conocernos, ¿no cree?

—¿Para qué quiere saber de mí? El trato era por un deseo, no por ser mi psicólogo.

—Sí, yo entiendo eso; pero también comprendo que para encontrar un deseo genuino, hay que considerar necesidades que sólo nos dicta el subconsciente.

—¡No han pasado veinticuatro horas desde que usted apareció por primera vez, ¿cómo se supone que tome una decisión desde ya?

—Bueno, técnicamente nos vimos por primera vez en Hone Creek, y, además, muchas personas consideran integrar su solicitud en la letra del pacto inicial, para evitar estos inconvenientes. Ya sabe, ir al grano.

Agustín continuó caminando hacia su casa, dejando a Buer atrás. Entró por la recepción de la funeraria y saludó a su padre, que estaba bajando las cortinas metálicas. Su mamá lo recibió en la sala y le ofreció sentarse a la mesa a cenar, preguntándole cómo le había ido en el examen.

Después de la cena se fue a encerrar al cuarto, se cambió la ropa por algo más cómodo y se quedó leyendo cuando escuchó que tocaban la puerta. La abrió y no había nadie, al voltearse y ver su reflejo en el espejo del cuarto, pudo ver también a Buer, detrás de él, sonriente.

—¿Listo para dormir?

—No. Estaba leyendo. ¿Ahora qué quiere?

—¿Qué leía?

—El guardián entre el centeno. ¿¡Qué quiere!?

—Ah, qué elección tan interesante. Me preguntaba si podíamos ir a caminar o hablar en un lugar más solitario.

Agustín suspiró profundamente, medio harto, y le dijo que sí, alistando una jacket, tirando el libro a la cama y colocándose de nuevo los zapatos. Cuando iba a tomar las llaves, Buer lo detuvo, tomándole la mano y haciéndolo aparecer de inmediato a las afueras del distrito, sobre el puente de la línea férrea. Agustín dio un brinco tan pronto observó hacia el vacío a través de las líneas de soporte, aferrándose a Buer; se retractó de inmediato, sosteniendo ahora una columna del armazón lateral del puente.

—¿Verdad que es muy bonita la vista desde aquí?

—¿Está loco? ¡Hay como cien metros de caída abajo de este puente!

—Sí, pero no voy a dejarlo caer.

—¿Cómo podría estar seguro de eso?

—Supongo que a veces sólo hay que confiar, ¿o no? Además, aferrarse a las columnas del borde es aún más peligroso.

Buer le extendió los brazos a Agustín para que él se soltara, Agustín, aunque dudoso, finalmente se apoyó en el demonio para soltar la columna y caminar al centro del puente.

—¿Ahora sí podemos hablar?

—¿Qué más da? ¿Por qué le interesa tanto saber por qué me siento mal?

—No es que quiera saber por qué, porque ya lo sé, sólo quiero que me comente sobre la situación, sus pensamientos al respecto, todo eso.

—¿Lo de Dagoberto? No es nada, ahorita se me pasa. Sólo no quisiera haber arruinado todo. Desde antes del viaje a la playa está así conmigo porque me le insinué, y bueno, hemos sido amigos por mucho tiempo y yo no le había dicho nada sobre… eso. Por esa misma razón es que anda tan evasivo. ¿Ya?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.