Un juego de amor

Capitulo 3

 

—¡Harry! Justo aquí. Te ves bien, hombre. Aplastaste a los Jaguares el domingo pasado.

Harry miró a los flashes. ¿Qué clase de loco era él, buscando una buena chica en el hotel y casino Wynn de Las Vegas? Pero había desperdiciado todo un día buscando en los lugares que había asumido que estaría, en la biblioteca, un refugio de animales, incluso una tienda de tejido, y salió con las manos vacías.

Las chicas de la biblioteca no lo dejaron hablar el tiempo suficiente para tratar de pedirles una cita.

El refugio de animales estuvo lleno de parejas asquerosamente felices y niños. Por no mencionar el hecho de que uno de los perros callejeros había desarrollado un extraño, y abrumador, cariño por él. El encargado del refugio empujó quince libras, de algo retorciéndose, lamiendo, oliente pelaje negro y marrón en sus brazos. A Harry no le gustaban las mascotas, demasiada responsabilidad, saber que algo lo esperaría todos los días en casa, dependiendo de él. Aun así, esos grandes ojos marrones casi habían terminado con él, y apenas había salido de ahí libre.

Extrañamente, la tienda de tejer era donde se había sentido más cómodo. Su abuela siempre tejía algo durante sus descansos en el casino cuando él era un niño y el chasquido de las agujas era el telón de fondo de su infancia. Razón por la cual no había recogido a una chica en la tienda de lanas. Se habría sentido como si estuviera traicionando a su abuela... a pesar de que ya era un mentiroso hijo de puta.

La luz del día se había ido y venido, y Harry no estaba más cerca de llevar a su "amor verdadero" a la habitación de su abuela de lo que había estado esa mañana.

Fue hasta su suite en el Wynn para quitarse el mal olor del fracaso. Era bueno en dos cosas: el fútbol y paradas de una sola noche con las mujeres que no esperaban nada más. No sobre el "amor verdadero".

Si alguien en el mundo era manejado por un par de tetas grandes, un escote y faldas ilegalmente cortas, ese era Harry. No es que alguna vez se quejara de ello, por supuesto. No hasta ahora.

No hasta que su abuela le dijo su deseo antes de morir. El deseo que le iría a conceder, incluso aunque eso lo matara.

Saliendo de la ducha, Harry se puso una toalla alrededor de su cintura y caminó hacia las ventanas que iban desde el techo al suelo que adornaban toda la suite. Mirando los techos de los casinos, él no veía las luces y los turistas caminando. Él veía su hogar su hogar.

Su abuela fue una de las mejores jugadoras de póker. Él aprendió mucho de ella. Cómo negociar directamente… y con trampa. Cómo trabajar duro. Y lo más importante: cómo perseverar.

Rendirse nunca era una opción. No para ella, ni incluso aunque su hijo y su nuera murieran en un accidente de avión, dejándola con un niño de cinco años que tenía más energía que sentidos. Tampoco para Harry.

Obviamente, él era atlético, pero su abuela era la causa de que él estuviera con los profesionales cuando hubiera sido más fácil ir a la universidad y conseguir un verdadero trabajo.

Se sacó la toalla y fue a su armario. Era hora de que dejara de llorar como un niño. Se pondría un buen atuendo y encontraría a una buena chica, demonios.

Si alguien lo mirara desde arriba (y Harry tenía más razones que el resto para pensar en ello, a causa de algunos incidentes de los que había salido del campo) estaba bastante seguro de que Él estaría riéndose ahora, diciéndole a alguien: “¿Puedes creer que ese gran idiota encontrará a una buena mujer en menos de 24 horas para llevarla a su abuela? He salvado su trasero demasiadas veces. En esta ocasión, dejaré que fracase.”

Pero a Harry no le importaba. Le había hecho una promesa a su abuela y ni Dios le impediría cumplirla.

 

**

 

 

Nose olviden en seguirme y hacia poder ver los siguientes libroa que publicaré.




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