Despertar y observar ese lindo amanecer,
que llena de encanto todo tu ser.
Llevaré todos mis recuerdos a la isla de Nunca Jamás, para que queden escritos como un cuento, y puedan apreciarse desde la distancia; ya no con odio, ni obligación, ni ganas de devolver el tiempo, sino con gratitud por todo lo aprendido.
Dejaré que la risa vuelva a usar su magia,
que la paz llene de gracia mi alma,
que la esperanza florezca con la fragancia de mi esencia,
y que la luz de Dios, que siempre me acompaña,
ilumine cada paso hacia la calma,
mientras guía mi historia.
Por eso, seguiré mi día. Trabajaré con más esmero y comeré disfrutando cada sabor.
Mi noche se siente más esperanzadora. Sentí las fuerzas para hacer aquello que antes me costaba. Me lavé la cara, cambié mi uniforme y me dispuse a hacer mi rutina de ejercicios.
Leí, oré y me acosté; más ligera, más tranquila, más calmada, suspiré y mis ojos, poco a poco, se fueron cerrando.
Y mientras el sueño me arrullaba, comprendí que la paz no siempre llega de golpe; a veces comienza con la decisión de cuidar de uno mismo.
𝒵𝒽𝒶 𝐵𝓁𝑜𝑜𝓂
#1443 en Novela contemporánea
#441 en Joven Adulto
reflexiones, un nuevo comienzo, crecimiento personal / superación
Editado: 13.10.2026