Un lindo adiós

Día 10

Quizás, como un arcoíris o una estrella fugaz, mi propósito fue brillar por un instante, iluminar apenas una etapa de mi vida. No solo fue pensar y tratar de seguir adelante; al final, todo se convirtió en un impulso por sobrevivir.

Hoy me acordé de ti y de lo lindo que viví. Sin querer, volví a sonreír por aquellos recuerdos en los que tú me querías a mí.

Una vez más me sentí sola, vacía, ignorada e insuficiente. Al llegar la noche, el sueño se marchó. En medio de aquella oscuridad abrumadora, con el silencio envolviendo cada rincón de mi alcoba, lloraba acurrucada en un extremo de la cama, incapaz de emitir un solo susurro. A mi lado se sentó mi perrito, regalándome el calor y la compañía que tanto necesitaba.

Hoy, al quedarme sola en casa, volví a sentir tu ausencia; el vacío que dejó tu existencia, la falta de aquella compañía, del hombro sobre el que alguna vez descansó mi cabeza.

Mientras caminaba por el parque, volví a pensarte. ¿Qué sería de nosotros si aún existiera un «nosotros»? Estaría feliz contándote cómo estuvo mi día, compartiéndote mis pequeñas alegrías y la energía que aún quedaba en mí.

Me he convertido en una batería agotada, esperando la chispa que despierte en mí la energía para volver a encenderme.

Una vez alguien me dijo: «Decepciónate de alguien, aunque no te haya hecho nada, para que, cuando lo haga, no te rompa ni te duela tanto». Con el tiempo entendí que vivir esperando la decepción también es una forma de dejar de confiar. Quizás la respuesta nunca fue cerrar el corazón, sino aprender a sostenerlo sin entregarlo por completo.

𝒵𝒽𝒶 𝐵𝓁𝑜𝑜𝓂




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