Un Loco Amor Tóxico.

Seis: Cabos sueltos.

 

 

Madrugar siempre ha sido mi peor enemigo. Odio madrugar, pero es para mi bien. Me siento en la cama mirando la hora en mi reloj. Seis en punto. Me pongo de pie y piso algo que provoca que me apegue más de lo normal al suelo. Mi cara se estampó contra el suelo, golpeando mi rostro, mis brazos y mis piernas. Ya este lugar me está hartando de a poco. Era demasiado pequeño para mí.

Me tomo una ducha, me visto y cuando mis pies estaban por acercarse a la puerta, ésta es abierta por una figura que ya reconozco. Ralph.

— ¿No te han enseñado a tocar?-alzo mi voz al darme cuenta que entró a la habitación sin prestarme atención-¿Qué haces aquí?

— Volvimos porque al director lo tuvieron que cambiar de habitación en el hotel y le teme a las alturas. Una estupidez ¿No crees?

— ¿Qué haces aquí?-remito molesto ya que no me responde.

— Vine a ver el por qué me preguntaste por esa droga ¿Alguna vez  la has consumido?-su pregunta me tomó por sorpresa ¿Cree que yo consumiría drogas?

— Es una larga historia…

— ¿Reconoces esto?-me interrumpe mostrándome la jeringa con el líquido que inyecté en Joshua. Mis ojos se abren involuntariamente-¿Por qué no lo experimentas en vez de preguntarme?-doy un paso atrás en dirección a la cama, pero este me acorrala.

— ¿Te volviste loco?-aleja su brazo tomando impulso para clavar esa aguja en mi cuerpo.

Lo detengo tomando sus muñecas con mis dos manos. La aguja estaba en dirección a mi cuello-Ralph...-tenía demasiada fuerza. Cierro mis ojos por un segundo para intentar recargar fuerzas y veo que quien tiene la jeringa en sus manos es Joshua ¿Qué demonios está pasando aquí? Lo alejo pegando un empujón y logro escuchar un grito a lo lejos. Un solo grito que me eriza la piel, que provoca que mi corazón se acelere.

Logro salir de la habitación y corro en dirección a la habitación de Lila. Tenía que subir dos pisos, pero el ascensor estaba en reparación, así que fui por las escaleras. Mi corazón nunca estuvo tan acelerado, nunca me dolió tanto, mis manos temblaban y mis pies se movían por sí solos. Tenía miedo.

Llego a la habitación de Lila y la puerta estaba abierta. Mi mundo se detuvo al acercarme lentamente y verla a ella tirada en el suelo, con un vestido blanco, pero las manchas de su sangre estaban por todas partes. Mi pecho ardía. Mis pies no soportaron mi peso que me hicieron caer a su lado. Tomo su rostro para observarla y sus ojos estaban abiertos pero su frente estaba llena de sangre. No tenía pulso. La abracé mientras mis ojos ardían como el mismísimo infierno. No pude contener las lágrimas y solo las dejé correr. No puedo fingir que estoy bien cuando ella estaba así. No podía.

Mis lágrimas caían en su rostro y cuello. Quería que todo vuelva a ser como antes. Quería volver a sentir lo mismo que sentí cuando la conocí. Quería besarla de nuevo y sentir que su corazón se acelere junto al mío, que ambos corazones se sincronicen. No podía soportar el saber que no la tendré junto a mí. Debí haber confesado mis sentimientos que eran reales, pero fui un idiota y no quería admitirlo.

Tomo su mano y estaba muy fría. En mi garganta se ubicada un nudo enorme provocando que grite. El eco de la habitación hiso que se escuche aún más fuerte pero no podía dejar de gritar al saber que ya no iba a estar conmigo. Tensaba mi mandíbula sin poder creer lo que estaba pasando.

Cerré nuevamente mis ojos y ahí fue el momento en el que agradezco con todo mí ser el que haya despertado. Mis brazos temblaban en mi cama. Estaba sudado y mis ojos ardían y no era por despertar repentinamente. Me pongo de pie y se cumplió lo mismo que en mi pesadilla. Me tropecé con mis llaves, pero esta vez me lastimé mi pie. Tomé asiento en un pequeño sillón de allí y examiné mi pie. Estaba sangrando. Me puse de pie en busca de algún botiquín o alguna venda y la puerta se abre sin previo aviso. Un pelirrojo se adentra a la habitación provocando que mi corazón se acelere.

— Miller-habla acercándose. Me pongo de pie rápidamente retrocediendo con algo de miedo, sin importarme el dolor en mi pie-¿Qué te ocurre?-me interroga ante mi extraño comportamiento.

— ¿Por qué volvieron?-solo espero no escuchar la misma respuesta.

— Al director lo tuvieron que cambiar de habitación y…-no me importó mi pie y salí corriendo de ahí.

Pude notar como mi pie dejaba manchas de sangre en el suelo, pero solo le resté importancia. No podía saber que mi sueño se iba a cumplir. Mi pesadilla.

Los pisos me hacían resbalar y más por la sangre, pero logré llegar a su cuarto. Tenía un vestido blanco, el mismo de mi sueño, pero ahora estaba dormida. Estaba sobre su cama dándole la espalda a la puerta. Sin pensarlo dos veces, me acerco a ella despertándola. La tomé por sorpresa que casi cae.

— ¿Cómo estás?-mis ojos ardían como en mi sueño. Ya me estaba volviendo loco.

— No es la hora de que me traigas mi medicina ¿Qué quieres?-vuelvo a actuar impulsivamente tomando su rostro, para luego besarla con euforia.

— Lamento haber escondido mis sentimientos por mucho tiempo-reposo mi frente en la suya. Ella solo sonríe-no he podido sacarte una sonrisa desde que volví-ella niega con su cabeza y se aleja un poco.

— ¿En dónde está el doctor y la mujer?-arqueo mis cejas sin comprender a quién se referían-el chico que quedó a cargo de mí y la mujer que me ayudó todo este tiempo. Quiero agradecerle porque por fin puedo estar contigo.

— ¿De qué mujer hablas?-fui yo quien se alejó un poco más para estar en una distancia prudente por si alguien entraba.

— La mujer que siempre dejaba mi puerta abierta para que fuera a buscarte, ella me enseñó a cómo expulsar los medicamentos y a cómo vomitarlos…

— Lila ¿De qué demonios me estás hablando?-esperaba que fuera un sueño, otra vez.

— Una mujer, que me dio un nuevo medicamento, es morena, sus labios son gruesos ¿La recuerdas? Ella siempre intentó ayudarme para poder estar contigo. Ella dejaba la puerta de mi habitación abierta para que fuera a buscarte, me ayudó con la medicación. Me enseñó todo para poder estar contigo y ahora mi sueño se cumplió-toma mis manos con una sonrisa enorme. Alim ¿Ella es quien dejaba a Lila salir? Tomo nuevamente su rostro para darle un beso corto pero dulce.




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