Un loco fanfic de Supernatural

CAPÍTULO 02

El pueblo parecía muerto incluso antes de que llegaran.

Dean Winchester apagó el motor del Impala y miró el letrero oxidado.

—Odio cuando los lugares ya se ven embrujados desde la entrada.

—Dos desapariciones en tres días —respondió Castiel—. Y una presencia angelical inestable.

Dean frunció el ceño.

—¿Ángel como tú?

Castiel dudó apenas un segundo.

—No exactamente.

Y eso no tranquilizó a nadie.

El motel era peor que el anterior.

Una sola cama.

Dean dejó caer su bolsa.

—Ni lo menciones.

—No iba a hacerlo —dijo Castiel, aunque claramente sí lo había pensado.

Silencio.

Incómodo.

Cargado.

—Puedo dormir en la silla —añadió el ángel.

Dean rodó los ojos.

—Eres un ángel, Cas. No duermes.

—Aun así.

Dean lo miró.

Y algo en su expresión cambió.

—Quédate en la cama.

Castiel lo observó, sorprendido.

—Dean—

—Es una orden —interrumpió, pero su voz salió más suave de lo que pretendía—. Además… no es como si no hubiéramos pasado cosas peores.

Castiel asintió lentamente.

Pero no dejó de mirarlo.

Esa noche, algo cambió.

Dean estaba despierto, mirando el techo.

Sabía que Castiel tampoco dormía.

—¿Por qué te importa tanto? —preguntó de repente.

—¿El caso?

—No —murmuró Dean—. Yo.

El silencio duró demasiado.

Luego:

—Porque cuando no estás… —Castiel se detuvo, como si las palabras pesaran— el mundo es más vacío.

Dean cerró los ojos.

Eso dolía más de lo que debería.

—Cas…

Antes de que pudiera continuar—

Un golpe en la ventana.

Ambos se levantaron de inmediato.

Y entonces lo vieron.

Un hombre con ojos completamente blancos.

Pero no estaban solos.

Detrás de él había alguien más.

Un ángel.

Y estaba mirando directamente a Castiel.

Minutos después, fuera del motel.

El otro ángel descendió con una presencia imponente.

—Castiel —dijo—. Has estado distraído.

Dean se tensó.

—¿Y tú quién demonios eres?

—No es asunto tuyo, humano.

Dean dio un paso al frente.

—Hazlo asunto mío.

Castiel extendió el brazo, deteniéndolo.

—Dean, no.

El gesto fue automático.

Demasiado cercano.

Demasiado íntimo.

El otro ángel lo notó.

—Ahora lo entiendo —murmuró con desdén—. Has desarrollado un apego.

Dean sintió algo arder en el pecho.

—Cuidado con cómo hablas.

—Es una debilidad —continuó el ángel, ignorándolo—. Y las debilidades deben eliminarse.

El aire se volvió pesado.

Peligroso.

Y entonces Castiel dio un paso adelante.

—No lo toques.

Silencio.

Dean lo miró.

Y algo dentro de él se rompió, o se encendió.

No estaba seguro.

Más tarde.

El peligro había pasado por ahora.

El motel estaba en silencio otra vez.

Pero ya nada era igual.

—¿Debilidad? —murmuró Dean, apoyado contra la pared—. ¿Eso soy para ti?

Castiel lo miró.

Directo.

Intenso.

—No.

Se acercó.

Paso a paso.

—Eres lo que me hace elegir.

El aire desapareció.

Dean no se movió.

Castiel estaba demasiado cerca.

Podía sentir su respiración.

Sus ojos bajaron hacia los labios de Dean.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.