Un loco fanfic de Supernatural

CAPÍTULO 07

El silencio era ensordecedor.

Nadie se movía.

Nadie hablaba.

Solo se escuchaba la respiración débil de Sam Winchester.

—Sam… —murmuró Dean Winchester, todavía sosteniéndolo—. Ey, mírame.

Sam abrió los ojos lentamente.

Confundido.

Dolorido.

Pero vivo.

—¿Dean?

Dean soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Estoy aquí.

Siempre.

Unos metros más allá.

Crowley seguía en el suelo.

Inmóvil.

Sam lo vio.

Y algo en su expresión cambió.

—Él…

Intentó levantarse.

Dean lo detuvo.

—No. Quédate.

—Dean, él—

—Está bien —cortó, aunque claramente no lo sabía—.

Pero Sam sí.

Lo sentía.

—No lo está.

Del otro lado…

Castiel finalmente logró incorporarse.

Cada movimiento le costaba.

Pero lo hizo.

Sus ojos fueron directo a Dean.

Y a Sam.

Y luego a la distancia entre ellos.

No dijo nada.

No hacía falta.

Sam ignoró a Dean y se levantó igual.

Tambaleándose.

—Sam—

—Necesito… —respiró hondo— necesito verlo.

Dean dudó.

Pero lo dejó ir.

Porque sabía.

Sam llegó hasta Crowley.

Se arrodilló.

—Ey… —susurró, con una suavidad que no era típica en él—. Ey, despierta.

Nada.

Silencio.

—No hagas esto ahora.

Sus manos temblaron un poco al tocarlo.

—No después de eso.

Una pausa.

Y entonces Crowley respiró.

Débil.

Irregular.

Pero suficiente.

—Oh mira eso… —murmuró apenas, sin abrir los ojos—. El gigante se preocupa.

Sam cerró los ojos un segundo.

Aliviado.

Molesto.

Todo al mismo tiempo.

—Eres un idiota.

Crowley sonrió apenas.

—Sí, pero soy tu idiota favorito.

Sam no respondió.

Pero no se apartó.

Dean observaba todo desde atrás.

Y lo entendió.

Esa mirada.

Ese tono.

Esa conexión.

Giró la cabeza lentamente hacia Castiel.

Y por primera vez se permitió verlo.

De verdad.

Castiel estaba de pie.

Pero apenas.

Herido.

Agotado.

Y aún así. Presente.

Dean se acercó.

Lento.

Casi dudando.

—Cas…

Castiel lo miró.

Tranquilo.

Como siempre.

—Está vivo —dijo, refiriéndose a Sam.

Dean asintió.

—Sí.

Silencio.

Pesado.

—Gracias —añadió Dean.

Castiel inclinó ligeramente la cabeza.

—No fue por mí.

Otra pausa.

Más difícil.

Dean tragó saliva.

—Yo… —empezó, pero no terminó.

Porque no sabía cómo.

No había forma correcta de decirlo.

No después de lo que había hecho.

Castiel lo ayudó.

Como siempre.

—Elegiste a tu hermano.

No era una acusación.

Eso lo hacía peor.

Dean apretó la mandíbula.

—Tenía que hacerlo.

—Lo sé.

Y lo sabía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.