Un loco fanfic de Supernatural

CAPÍTULO 09

El cielo estaba en silencio.

Demasiado limpio.

Como si supiera lo que iba a pasar.

La entidad apareció frente a ellos más estable que nunca.

Más fuerte.

—Vinieron —susurró—. Perfecto.

Dean Winchester dio un paso al frente.

—Esto termina hoy.

—Sí —respondió la cosa—. Pero no como crees.

El aire comenzó a vibrar.

Los vínculos se sentían como cuerdas invisibles tensándose entre ellos.

Entre hermanos.

Entre elecciones.

Castiel avanzó.

—Yo lo haré.

Dean lo agarró del brazo inmediatamente.

—No.

—Dean—

—No.

Silencio.

Ese tipo de silencio que solo ellos entendían.

—No eres tú —dijo Dean, firme.

Castiel lo miró.

Y en sus ojos ya había despedida.

—Tiene que ser alguien que pueda contenerlo.

—Entonces soy yo.

Eso lo detuvo.

A todos.

—Ni hablar —intervino Sam Winchester—. No voy a dejar que—

—No te estoy preguntando —respondió Dean, sin mirarlo.

Pero su voz no era fría.

Era firme.

Dolorosa.

Sam dio un paso adelante.

—Dean, no—

—Eres mi hermano —lo interrumpió—. Eso siempre va primero.

Silencio.

Sam tragó saliva.

—Para mí también.

—Lo sé.

Y lo sabía.

Dean finalmente miró a Castiel.

Y ahí todo lo no dicho.

—No puedes hacer esto —susurró Castiel.

—Claro que puedo.

Un paso más cerca.

—Es lo que hago.

Castiel negó.

Por primera vez realmente alterado.

—No esta vez.

Dean soltó una pequeña risa.

Triste.

—Siempre es esta vez.

Un segundo.

Solo uno.

Dean se acercó más.

Y lo besó.

No con duda.

No con miedo.

Con decisión.

Como despedida.

Castiel respondió.

Pero cuando se separaron ya sabía.

—Cuida de él —dijo Dean en voz baja.

Castiel cerró los ojos.

—No.

—Sí.

Dean retrocedió.

Giró.

Y enfrentó a la entidad.

—¿Quieres vínculos? —gruñó—. Toma todos.

La energía explotó.

Mientras tanto, Crowley observaba.

En silencio.

—Siempre el héroe… —murmuró.

Sam Winchester no podía moverse.

—Dean…

La energía envolvió a Dean.

Lo atravesó.

Pero no cayó.

Se mantuvo de pie.

Aguantando todo.

—¡AHORA! —gritó.

Castiel reaccionó.

Canalizó.

Contuvo.

Guiado por Dean.

La entidad gritó.

—¡NO!

Y entonces todo colapsó.

Silencio.

El aire volvió.

El mundo también.

Pero Dean ya no estaba.

Nadie habló.

Sam cayó de rodillas.

—No…

Su voz se rompió.

—No, no, no…

Castiel permanecía de pie.

Inmóvil.

Mirando el lugar vacío.

Como si aún pudiera verlo.

Crowley bajó la mirada.

Por una vez sin comentario.

***

La carretera.

El Impala.

El motor sonando suave.




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