Un lugar al que llamar hogar (asher)

N8. ¿Un intento de homicidio?

—¡Baje la guardia, soy un imbécil! —grité y golpeé la pared enfurecido—. ¿¡Qué debo hacer ahora!? —me pregunté con molestia—. ¡Necesito que alguien me diga qué hacer! —golpeé la pared nuevamente hasta que un calor empezó a brotar de mis nudillos.

Miré mis puños y encontré que estos estaban sangrando... Me los limpié en el traje y volví a golpear la pared por última vez con una fuerza impresionante; pude escuchar cómo sacudí lo que sea que había del otro lado de la pared.

—Debo parar... —mencione, pero una idea me vino a la cabeza—. ¿Y si fue Aldrich? —me pregunté con enojo—. Tiene que haber sido él, es el único más inteligente... ¿Cierto? —apoyé mi puño con la intención de golpear una vez más la pared, pero frené a medio camino—. Tranquilízate, Kendrick, se lo prometiste...

Un recuerdo fugaz apareció en mi mente como si de un cometa se tratara... "Kendrick, ¿qué te he dicho de lastimar a los demás?" Sus palabras sonaron como ecos profundos en mi mente. —Tienes razón, madre... Debo calmar mi rabia, es lo mejor para todos, Ash en específico; él diría lo mismo que tú. —respire profundo y deje salir un suspiro prolongado—. Entonces ahora debo... —pensé en silencio durante varios segundos.

—Abriendo compuerta de vacío. —nombro la hojalata espacial.

—Ash, ¿dónde estás? —clamó una voz femenina conocida.

Me acerqué a los griteríos para ver a Cecilia y Aixa alteradas en medio del pasillo que daba con la cabina de mando. —Hola, ¿qué les pasa? —indagué despreocupado.

—¿Dónde está Asher? —gritaron a la vez.

—Wow, cálmense, chicas, él está en la enfermería.

Aixa salió corriendo hacia la enfermería y Cecilia se quedó perpleja, mirándome de arriba para abajo fijamente; yo, extrañado, le pregunté qué le pasaba... —¿Estás bien?

—No me digas que esa es su sangre... —interpelo señalando mis manos.

—¿Qué? —miré mis manos enrojecidas y las escondí detrás de mi espalda—. Ehhh, no, es mía...

—¿Qué, porque tienes sangre en los puños? ¿Entonces?

—Me enojé... —solté arrepentido y rasqué la cabeza con incomodidad.

—Suspiro exhausta—. Sin palabras, ven, vayamos a ver a Ash.

Me miró con mala cara y comenzó a dirigirse directo a la enfermería; yo, sin querer que se enojara aún más, decidí no objetar y seguirla en silencio. Al llegar, vi a Aixa sentada en un sillón al lado donde lo había dejado a Asher y estaba mirando hacia el suelo con la cara metida entre sus manos, mostrando bastante desespero. Cecilia inmediatamente le tomó la presión y lo comenzó a revisar atentamente...

—¿Qué le pasa? —preguntó Aixa, preocupada.

—Ahora está inconsciente... —aclaro y siguió observando.

—¿Qué? ¡Estaba quieto cuando lo acosté ahí! —vociferé, alterado, y me acerqué a él.

—Cálmate, solo está durmiendo muy profundamente... Parece que sufrió de falta de oxígeno —agregó y suspiró con calma—. No ha sufrido isquemia en ninguna parte de su cuerpo, puedes relajarte, Aixa.

—resopló angustiada—. Menos mal, estaba consternada —dijo poniéndose una mano en el pecho.

—¿Eso es bueno? —pregunté confundido.

—Sí, Dri, está a salvo... lo hiciste bien —aclaró orgullosa.

—Gracias a Los Salvadores... —nombre alegre, mirando al chico de pelo marrón liso de ojos marrones.

—Ahora permíteme vendarte, no quiero que sigas chorreando sangre. —dijo mientras rebuscaba en los bolsos médicos.

—¿Qué, estás bien, Kendrick? —cuestionó Aixa, confundida.

—Sí, solo tuve unos problemitas; después me gustaría hablar contigo, si puedes... —mencione esperanzado.

—Claro, pero recuerda que por estos momentos me llamo Luna. —explicó con una sonrisa cordial.

—Cecilia me vendó las manos e inmediatamente le pregunté algo—. Cecilia, ¿te parece si me quedo a dormir acá? —pregunté con insistencia.

—¿Por? ¿Pasó algo? —interrogó desconcertada.

—me puse detrás de Aixa y comencé a empujarla—. Ken-Kendrick, ¿qué haces? —interpelo, sorprendida.

—Solo deja, es algo importante... —susurre tensado.

La seguí empujando durante todo el trayecto de la enfermería al pasillo donde anteriormente golpeé la pared. —¡Kendrick, dime qué está pasando! —gritó molesta—. Primero tus manos y después esto.

—Esto no fue casualidad... —confesé con enojo.

—se giró y me miró alterada—. ¿Cómo dices?

—Entra a los dormitorios y te explicaré todo. —compartí con insistencia.

Entró y encendió las luces para inmediatamente visualizar la mochila de Asher en el piso e inmediatamente preguntar confundida. —¿Qué haces con la mochila de Asher?

—Encontré algo extraño en su mochila, no sé qué es... —agarré la mochila y la lancé a uno de los dos sofás, cerca de la mesa—. Mira ambos tanques. —aclare, ansioso.

Se agachó y comenzó a analizarlos; en el tanque de oxígeno había un corte en el lateral no muy profundo, pero el más peligroso era el tanque de combustible, el cual tenía una perforación profunda en la base del tanque y otra en el chispero que encendía la propulsión...

—se alejó asustada—. E-Eso puede estallar...

—Ya no... —señale a una abolladura en el tanque.

—¡Idiota!

—suspiré con molestia—. Tú no eres como tu hermano...

—¡Tienes que moderar tu temperamento!

—Al menos me puedes agradecer por haberlo salvado...

—¡Si eso hubiera explotado, todo tu empeño habría sido en vano! —aclaró con insistencia—. Yo no soy Asher, mi única función es cuidarlo y protegerlo de todos... Eso te incluye a ti. —adjunto con desdén.

—Ash, me neces... —me interrumpí y tragué aire—. No eres la única que protege a Ash... y no es solo tuyo. —agregue con recelo—. ¿Cómo crees que Lance consigue los recursos para trasladar a los tres cuando los descubren? Todos los hemos apoyado durante todo este tiempo... ¿Y así es como me tratas? —pregunté indignado.

—Per-perdón, no conocía toda la historia... —bajo la cabeza tratando de disculparse.

—No te culpo; cualquiera se asustaría si me hubiera visto con sangre en los puños... —añadí arrepentido—. Creo que ya todo está dicho; supongo que no podré vigilar a Ash. Si me disculpas, necesito una ducha.




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