—¿Eh? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago en mi cama? —dijo en voz alta, rascándose la cabeza—. Lo último que recordaba era estar en el comedor viendo hojas y archivos de algún tipo de exoplaneta similar al que... —un estremecimiento se apoderó de su cuerpo cuando recordó aquello que era tan importante—, ¡Cierto, la expedición! Por los Salvadores, ¿cómo se me puede haber ocurrido dormir en un momento como este? ¡Tengo que apurarme ya! —vociferó.
Se levantó del tirón y vio el diminuto comedor acompañado de la pequeña cocina con dos o tres electrodomésticos. Se acercó a la mesa redonda metálica que se encontraba cerca de las cuatro literas y la vio completamente ordenada con una única pila de carpetas de coloración marrón identificadas con nombres fáciles de identificar; algunos de ellos eran: gases atmosféricos de los exoplanetas rocosos, manuales de limpieza de trajes aereoespaciales, el de supervivencia, cómo identificar si la flora o fauna es dañina, manual de emergencia y otros tantos más. Yo no recordaba para nada haber ordenado los archivos y mucho menos clasificarlos para la expedición; al seguir buscando atónito, me percaté de una pequeña nota a la izquierda de ellos que decía.
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—Holi, Ash, espero que hayas podido conciliar el sueño. Te acomodé los archivos y también los clasifiqué para ayudarte con tu estudio (:b); además, te preparé un café de granos tostados, de esos que te encantan del sector granja. Espero que te guste.
PD: Cuando estés libre, te necesito en la Academia de Ciencias Astronómicas; me gustaría que ayudaras con una baliza de recolección.
Tu querida hermana Aixa <3
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—Jaja, con razón está todo tan ordenado. —sonrió y murmuró un gracias por lo bajo.
Después de estudiar y haber memorizado casi todos los archivos, salió y comenzó su trayecto hacia la Academia de Ciencias Astronómicas cuando… desafortunadamente, a lo lejos lo observó a él… Siempre era extraño para el joven estar cerca de alguien con su figura alta y atlética. Observaba a todos clínicamente; sus movimientos eran firmes y ruidosos, su forma de hablar fría, pero intensa, aunque sin duda lo peor es cuando sonreía… Parecía como si su cara se partiese a la mitad por la descomunal sonrisa, mostrando algunos de sus dientes chuecos y rotos debido a las varias peleas que tuvo. Al parecer, siempre supo que el joven lo veía de una forma diferente al resto, por lo que desde entonces lo ha estado acosando siempre que cruzan caminos… o al menos esa creía que era la razón principal, incluso antes de aquella elección.
El joven avanzaba por el mismo pasillo con la esperanza de que no se interesara por él esta única vez, hasta que, al cruzarse, lo agarró del hombro izquierdo por detrás y comenzó a hablarle lentamente, como si imaginara que este huiría al estar a una distancia segura de él.
—Mira con lo que me acabo de encontrar, hoy estoy de suerte. ¿A dónde crees que vas, mi querido amigo Ash? —preguntó con su voz grave y fuerte.
Antes de girarse y quitar su mano del hombro, trató de recomponerse para no mostrar un ápice de debilidad. —¿Qué es lo que quieres, Kryon? —indagó con frialdad.
Al mirar al chico de pelo negro liso, tan oscuro como la inmensidad del espacio, con el típico corte militar y ojos verdes lima que sentía como lo perforaban, esbozó una sonrisa de lo más siniestra y maliciosa. Esta sonrisa le hizo llegar escalofríos por toda la espalda, haciéndole perder todo el valor que había logrado reunir en un instante.
—Tranquilo, Ash, solo tengo curiosidad de saber por qué tienes tanta prisa. —mencionó mientras exhibía una mueca de arrogancia.
—No tienes por qué saberlo. —habló tímidamente.
—Bueno, tampoco es que me interese saber algo de tu vida, siéndote sincero. Aunque me parece irrespetuoso que me hables con esa arrogancia, sabiendo quién soy y encima formando parte de los agentes de adiestramiento —se agarró la mandíbula hendida que ilustraba una sombra de barba y mencionó—, ya me decidí. —dijo con una mezcla de frialdad y alegría—. Vendrás conmigo a la sala de interrogación y conversaremos con respecto a la sumisión, la cual tienes que mostrar enfrente de mí.
Lentamente, el joven lo vio sacar el bastón ASP mientras manifestaba una sonrisa repulsiva… —¡¿Qué es lo que haces, Kryon?! —exclamó con pánico.
—Solo me interesa jugar un poco contigo, no creo que sea algo malo… ¿Cierto? —agregó, esbozando otra sonrisa aterradora.
Las piernas del joven empezaron a debilitarse del inmenso pavor, amenazando con ceder y golpear el piso; lentamente comenzó a tomar distancia mientras él le seguía el ritmo. —¡Por favor, no quiero problemas! —chillo aterrado.
Kryon puso su cara espantosa nuevamente y murmuró algo con respecto a la ley; sin previo aviso alguno, su mayor terror se hizo realidad. Se escuchó una especie de botón activarse y unos ruidos eléctricos inundaron el ambiente; su porra se había encendido mientras mostraba luces fucsias y rojo carmesí combinados, creando un juego de colores aterradores.
—Entonces, ¿qué tal si probamos con un poquito de electricidad...? —se interrumpió y detuvo sus pasos en seco.
Aunque al joven le pareció extraño, no dudó y siguió retrocediendo mientras se tambaleaba del temor cuando chocó contra algo robusto. Aunque, a diferencia de la conocida sensación gélida de la pared metálica que caracterizaba a la estación espacial, sintió una calidez poco peculiar. Entonces alguien detrás de él puso unas manos firmes sobre sus hombros suavemente, como si quisiera reconfortarlo, y habló.
—Kryon, ¿me puedes explicar qué haces con tu porra ASP encendida? —interrogó poniendo una cara de pocos amigos—. Si no tengo malentendido, solo se puede usar en ocasiones de emergencia o descontrol, ¿cierto?
Al escuchar aquella voz cálida y grave, el joven pudo sentir cómo sus piernas dejaron de temblar inmediatamente; mientras recuperaba la compostura, vio cómo Kryon lo miraba fijamente con un odio capaz de percibirse en el mismo ambiente.
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Editado: 01.09.2026