Un lugar al que llamar hogar

N5. Un regalo diferente

Bostezó mientras despegaba su cabeza de la almohada. —Jajaja, buenos días, dormilón. —rió risueñamente tapándose la boca—. Realmente quedaste destrozado ayer; fíjate la forma exótica en la que dormiste. —comentó Aixa, mientras señalaba la litera.

Se frotó los ojos para aclarar su visión y sintió una marca de baba gigante sobre la almohada, por lo que inmediatamente se limpió con la manga de la polera; además, también tenía las piernas enroscadas de una forma extraña.

—¿Qué? ¿Siquiera cómo sucedió esto?

—Ni idea, tú sabrás cómo se gobierna tu mente. —se mofó señalando mientras reía.

Desenredó sus piernas de la posición extraña en la que había dormido y se sentó en el comedor con ella; después terminó por recostarse sobre la mesa, aún adormecido. Ella acarició su cabeza cálidamente y habló. —¿Quieres que te prepare un café tostado? —consultó con su típica sonrisa cordial.

—¿Qué? Ehhh… sí, me ayudará a… espabilarme un poco. —accedió medio dormido.

Pasaron algunos minutos y volvió con una taza que olía a café caliente más una pizca de canela; esta estaba acompañada de unos palitos de pan acompañados de una salsa cremosa más un huevo frito.

—Aquí tienes, disfruta de tu desayuno business. —agregó satisfecha.

—¡Guau! ¿Pero qué es este desayuno? —preguntó expresando una cara de asombro que lo dejó boquiabierto.

—Tus cumplidos me honran. —respondió sincerándose y haciendo una pequeña reverencia.

Mientras el joven tomaba el desayuno totalmente en sintonía con los espléndidos sabores del café recién hecho, pudo ver cómo Aixa lo miraba como si quisiera preguntarle algo con demasiada curiosidad y urgencia, pero no se animaba a hacerlo, por lo que la alentó. —¿Todo bien? ¿Quieres preguntarme algo? ¿O por qué es que me miras de esa manera? —le cuestionó con extrañeza.

—A-ahh, perdón… —susurró rascándose la nuca—. Es algo con respecto a Aldrich, me tiene un poco… desordenada. —se excusó con rapidez.

—Mmmm… Te dije muchas cosas realmente, ¿cuál fue la parte que te confundió? —preguntó mientras bebía un poco de café.

—¿Por qué te distanciaste de él cuando descubriste quién era realmente? —consultó y continuó—. Por lo que articulamos anteriormente, aunque siempre era bastante serio, te trató con lealtad y apego sin dudarlo. —mencionó con confusión—. Comprendería que se debiera a una posible aprehensión y a la advertencia de nuestros padres; pero tranquilamente podrías seguir viéndote con él a escondidas. —suspiró y esperó su respuesta pacientemente.

Abrió la boca para responder, pero las palabras se esfumaron como polvo en el espacio; dejó el café a medio terminar sobre la mesa y se sumergió en sus pensamientos para encontrar una respuesta a su pregunta, pero… parecía inexistente.

—Disculpa si es algo muy íntimo, pero realmente me desconcertó. —pronunció bajando la cabeza.

—No, no te preocupes… Tienes toda la razón, ¿por qué me distancié de él? —indagó en voz alta mirando para arriba.

«¿Por miedo?», —se preguntó en la cabeza—. «No, si ese fuera el caso, debería sentir lo mismo por Kendrick». —contestó confundido—. «¿Por lo que hizo su familia en el pasado?». —se cuestionó nuevamente—. «No, porque él no fue quien llevó a cabo aquellas atrocidades».

Cientos de preguntas invadían su mente y la única respuesta que siempre obtenía es… «No, no es su culpa». Era tan obvio como cierto, incluso después de haberlo ignorado por años enteros, y nunca se le ocurrió preguntarse algo de ese calibre. Encima, después de lo que pasó aquel fatídico día en el cual tristemente perdió a su madre… luego de que el pequeño Asher tomara aquella decisión, él aun así nunca se atrevió a culpar por lo sucedido.

También, ayer al concluir la reunión, se despidió de la forma más cálida posible; aquellas palabras resonaban en su mente como tambores: “Me alegro de haberme reconectado… tratemos de no alejarnos nuevamente".

—Vociferó de la frustración—. ¡¿Cómo pude haberle hecho eso?! —Aixa se levantó de golpe.

—¡Ash! ¿¡Por qué gritas de esa manera?! —exclamó agarrándole el brazo.

—Lastimé de una forma horrible a Aldrich y recién seis años después caigo en cuenta, soy de lo peor. —agregó sollozando—. Soy igual que los oficiales del puente de mando… —lloriqueó enfadado.

Se recostó sobre la mesa en silencio mientras las lágrimas empapaban sus mejillas, sintiéndose la peor persona del mundo por haber traicionado la confianza que a pocos les otorgaba, y continuó llorando desesperanzado.

—Ash… —alegó tratando de reconfortarme—. Eras un infante, apenas comprendías lo que era un régimen… —suspiró y lo abrazó—. ¿Qué tal si te disculpas… y quizás…? ¡Ya sé! —exclamó y lo agarró de la barbilla para mirarlo fijamente—. Tengo una idea: ¿por qué no le obsequias algo que hayan compartido entre ustedes, y lo modificas como hiciste con ese reloj para darle más “vida”? —soltó emocionada mientras sus ojos verdes brillaban.

«Ella tenía razón; no podía solo sentarme a llorar por la situación, tenía que arreglarlo», —pensó arrepentido.

—¿Ahora qué tanto esperas? Ponte a hacer arte, como dices tú. —articuló mientras le secaba las lágrimas y reía.

De inmediato se dispuso a husmear en sus cajones; perdió la cuenta de cuánto tiempo estuvo buscando en ellos. Al rato, Aixa encontró una especie de diario añoso, fabricado con cuero sintético que los padres del joven le habían regalado hace ya mucho tiempo. «Mis padres…» —sacudió la cabeza para borrar esos pensamientos y se centró nuevamente—. Si mal no recordaba, lo usaba para anotar todas las ideas locas que tenía en su momento; por lo que al abrirlo salió una especie de polvillo que fue expulsado al rostro de los hermanos por el movimiento brusco.

—¡Kof!, ¡Kof!… ¿Qué es toda esta tierra, Asher? Parece… ¡Kof!, ¡Kof!, una antigüedad. —aclaró tosiendo.

—¡Kof!, ¡Kof!… Es que hace demasiado tiempo que no lo uso. —comenzó a revisar página por página todas las entradas del libro hasta que llegó a una muy interesante.




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