—¡Baje la guardia, soy un imbécil! —gritó y golpeó la pared enfurecido—. ¿¡Qué debo hacer ahora!? ¡Necesito que alguien me diga qué hacer! —abolló la pared nuevamente hasta que un calor empezó a brotar de sus nudillos.
Miró mis puños y encontró que estos estaban sangrando… Se los limpió en el traje y volvió a golpear la pared por última vez con una fuerza impresionante; pudo escuchar cómo sacudía lo que sea que había del otro lado de la pared.
—Debo parar… —mencionó, pero una idea se le vino a la cabeza—. ¿Y si fue Aldrich? —preguntó cerrando los puños—. Tiene que haber sido él, es el único más inteligente… ¿Cierto? —apoyó una de sus manos con la intención de golpear una vez más la pared, pero frenó a medio camino—. Tranquilízate, Kendrick, se lo prometiste…
Un recuerdo fugaz apareció en su mente como si de un cometa se tratara… “Kendrick, ¿qué te he dicho de lastimar a los demás?” Sus palabras sonaron como ecos profundos en su mente.
—Tienes razón, madre… Debo calmar mi rabia, es lo mejor para todos, Ash en específico; él diría lo mismo que tú. —respiró profundo y dejó salir un suspiro prolongado—. Entonces ahora debo… —pensó en silencio durante varios segundos.
—Abriendo compuerta de vacío. —nombró la hojalata espacial.
—Ash, ¿dónde estás? —clamó una voz femenina conocida.
El muchacho se acercó a los griteríos para ver a Cecilia y Aixa alteradas en medio del pasillo que daba con la cabina de mando.
—Hola, ¿qué les pasa? —indagó despreocupado.
—¿Dónde está Asher? —gritaron a la vez.
—Wow, cálmense, chicas, él está en la enfermería.
Aixa salió corriendo hacia la enfermería y Cecilia se quedó perpleja, mirándole de arriba para abajo fijamente; Kendrick, extrañado, le preguntó qué le pasaba… —¿Estás bien?
—No me digas que esa es su sangre… —Interpeló señalando sus manos.
—¿Qué? —miró sus manos enrojecidas y las escondió detrás de su espalda—. Ehhh, no, es mía…
—¿Qué, porque tienes sangre en los puños? ¿Entonces?
—Me enojé… —soltó arrepentido y rasqué la cabeza con incomodidad.
—Suspiro exhausta—. Sin palabras, ven, vayamos a ver a Ash.
Lo miró con mala cara y comenzó a dirigirse directo a la enfermería; el muchacho, sin querer que se enojara aún más, decidió no objetar y seguirla en silencio. Al llegar, vio a Aixa sentada en un sillón al lado donde recostaba Asher y estaba mirando hacia el suelo con la cara metida entre sus manos, mostrando bastante desespero. Cecilia inmediatamente le tomó la presión y lo comenzó a revisar atentamente…
—¿Qué le pasa? —preguntó Aixa, casi al borde de la desesperación.
—Ahora está inconsciente… —aclaró y siguió observando.
—¿Qué? ¡Estaba quieto cuando lo acosté ahí! —vociferó el muchacho, aterrado, y se acercó a él.
—Cálmate, solo está durmiendo muy profundamente… Parece que sufrió de falta de oxígeno —agregó y suspiró con calma—. No ha sufrido isquemia en ninguna parte de su cuerpo, puedes relajarte, Aixa.
—Resopló angustiada—. Menos mal, estaba consternada… —dijo poniéndose una mano en el pecho.
—¿Eso es bueno? —preguntó confundido.
—Sí, Dri, está a salvo… lo hiciste bien —aclaró orgullosa.
—Gracias a los Salvadores… —nombró alegre, mirando al chico de pelo marrón liso de ojos marrones.
—Ahora permíteme vendarte; no quiero que sigas chorreando sangre. —dijo mientras rebuscaba en los bolsos médicos.
—¿Estás bien, Kendrick? —cuestionó Aixa.
—Sí, solo tuve unos problemitas; después me gustaría hablar contigo, si puedes… —mencionó poniendo una cara seria.
—Claro, pero recuerda que por estos momentos me llamo Luna. —explicó con una sonrisa cordial.
Cecilia le vendó las manos e inmediatamente el muchacho le preguntó algo. —Cecilia, ¿te parece si me quedo a dormir acá? —cuestiono con insistencia.
—¿Por? ¿Pasó algo? —interrogó desconcertada.
Después que lo terminaron de vendar, se acercó a Aixa por detrás y la empezó a empujar hacia afuera de la enfermería. —Ken-Kendrick, ¿qué haces? —interpeló, negándose a proseguir.
—Solo deja, es algo importante... —susurró mientras la jalaba con más fuerza.
La siguió empujando durante todo el trayecto de la enfermería al pasillo donde anteriormente golpeó la pared; ella, en un descuido del muchacho, se frenó y volteó para mirarlo fijamente. —¡Kendrick, dime qué está pasando! —gritó señalando—. Primero tus manos y después esto.
—Esto no fue casualidad... —confesó, tratando de que bajara el tono de su voz.
—Se giró y lo miró atónita—. ¿Cómo dices?
—Entra a los dormitorios y te explicaré todo. —compartió con insistencia.
Entró a la habitación de paredes metálicas que contaban con refuerzo del casco para el transbordador para darle mayor resistencia a la presión. El habitáculo medía ocho metros de largo por seis de ancho; no contaba con ninguna decoración en las paredes, pero sí con bastantes muebles de estructura metálica con algún que otro complemento hecho con lana de oveja. Los sofás tenían forma redonda y eran simples, pero incómodos como para quedarse por mucho tiempo.
Las camas estaban igual de compuestas por la misma estructura, aunque, a diferencia de los sillones, estos fueron diseñados para una buena comodidad a la hora de dormir. Lo negativo era que contaban con dos sábanas y una pequeña manta que no era demasiado abrigada.
Se encendieron las luces y se mostró la mochila del traje de Asher en el piso; Aixa, confundida, preguntó qué hacía esta aquí.
—Encontré algo extraño en su mochila, no sé qué es... —la agarró y después se la acercó para que la viera—. Mira ambos tanques.
Se agachó y comenzó a analizarlos; en el tanque de oxígeno poseía un corte en el lateral no muy profundo, pero los más peligrosos eran en el tanque de combustible, el cual tenía una perforación profunda en la base del tanque y otra en el chispero que encendía la propulsión…
—Se alejó asustada—. E-Eso puede estallar…
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Editado: 01.09.2026