El día de mi graduación de universidad ya estaba aquí. Había pensado que jamás lo lograría. Luego de cuatro largos años llenos de estrés, por fin caminaría por el escenario para recibir mi Licenciatura en Terapia Física y Rehabilitación, y no podía estar más feliz por ello.
Pero, a su vez no podía evitar pensar que después no tenía nada. Durante mis años de universidad no logré hacer ninguna amistad; aunque tenía otras fuera de ella, tampoco tenía una pareja ni un trabajo estable. Básicamente, no había nada emocionante esperándome al salir de ahí.
Me sentía en pausa y eso nadie lo sabía. Jamás contaba nada a nadie, ni por más cercano que fuera. Desde pequeña había sido una niña distante y solitaria; tal vez porque yo así lo quería, tal vez no. Con el paso de los años intenté cambiarlo, aunque eso jamás se fue.
Aún era esa niña solitaria, solo que con un poco más de años. Por lo que este verano, después de mi graduación, estaba decidida a cambiar completamente eso, porque de verdad deseaba encontrar una razón para poder sentirme viva.
–Poly, seguimos nosotros –habló mi compañera a mi lado, poniéndose de pie y dándome su mano para que hiciera lo mismo.
–Finalmente –dije.
Camine con pasos seguros detrás de mis compañeros hacia el escenario lista para tomar aquella foto recibiendo una carpeta vacía ya que el titulo llegaría meses después, pero eso no me importaba. Solo quería que terminara pronto, para celebrar con mis otras amistades y probablemente irme por fin de esta ciudad.
Porque si algo tenía muy en claro, es que no me iba a quedar ahí más tiempo, estaba cansada.
Quería ver el mundo, conocer otras personas, otras culturas, otro todo. Por eso había elegido mi carrera. Me gustaba poder sentir que hacía algo por los demás, que podía darles un poco de felicidad, esa que yo aún buscaba.
Tome la carpeta sonriendo y saludando para la foto esperando por lo menos haber salido bien porque para nada era fotogénica. Una vez me hicieron la seña de que la foto ya había sido tomada baje por los escalones del escenario y volví a mi lugar.
Poco más tarde todos los graduados lanzamos nuestro birrete hacia el aire celebrando que por fin oficialmente ya no regresaríamos a la universidad porque nuestro trabajo estaba hecho.
El público, que en este caso eran nuestras familias aplaudían lo más fuerte que podía haciéndonos saber que estaban orgullosos de nosotros y nosotros sonreíamos porque... ¿a quien no le gusta enorgullecer a las personas que quiere?
Salimos de el lugar de el evento y una vez fuera todo mundo se encontraba con sus familias quienes los recibían con abrazos, flores, globos, etc.
Yo no fui la excepción. Mis padres, Julieta y Arturo, me recibieron con un abrazo efusivo en cuanto me vieron. Me repitieron muchas veces lo orgullosos que estaban de mi, de lo que había logrado y yo solo sonreía porque me gustaba escucharlo de ellos.
Éramos una familia pequeña. No tenía hermanas, ni hermanos. Solo éramos nosotros tres desde siempre...y estaba bien. Ellos me daban lo que podían, incluso más algo que agradecía profundamente.
Aún así, había una sensación dificil de ignorar. Como si algo faltara, aunque no supiera exactamente que era.
–De verdad estamos muy orgullosos de ti, hija. Ver que cumpliste otra de tus metas nos hace feliz–dice mi madre por milésima vez.
–Lo sé mami. Me gusta verlos felices.
–Nosotros a ti, hija –dijo esta vez mi padre muy sonriente.
–¿Quieren venir al festejo con mis amigos?–les pregunté.
–No, hija, ve tú. Disfruta. Tu padre y yo te esperaremos en casa, tal vez mañana salgamos los tres a celebrar tu graduación.
–¿Seguros?
–Muy seguros –afirmó mí papá.
Asentí sonriente, los abrace una vez más y caminé en dirección a un auto color blanco. Ahí me esperaban mis otras amistades, esas que había conocido durante mis años de primaria, secundaria y preparatoria.
Los quería, de eso no había duda, me trataban demasiado bien, pero sabía que nunca encajé del todo.
Siempre había sido diferentes a ellos y aún sabiéndolo, nunca me aleje. Tal vez por miedo a quedarme completamente sola.
Por eso mismo, ahora quería irme. Ir a un lugar donde nadie conociera mi nombre y empezar de nuevo. Así que por última vez decidí disfrutar con ellos el resto del día en un club, aunque antes fuimos a comer juntos.
Cuando llegue a casa por la noche, mis padres ya estaban dormidos, así que hice el menor ruido posible y subí a mi habitación. Cambie mis zapatillas, vestido y maquillaje por algo más cómodo y me senté frente a mi laptop.
Comencé a buscar lugares que me gustaría conocer. Y entonces lo encontré.
Sin duda, era perfecto para pasar mis vacaciones antes de recibir mi título y comenzar a trabajar en lo que tanto me gustaba.
Con un destino decidido, empecé mi segunda búsqueda: una agencia de voluntariado. Porque si, no solamente quería conocer su cultura o sus paisajes, también quería ayudar.
Por suerte encontré varias opciones. Después de investigar todo lo que me fue posible, me decidí solo por una.
Ofrecían distintas actividades y la descripción me convenció.
Sin pensarlo demasiado, comencé a llenar la información que me pedían. Una vez terminé, envié mi solicitud.
Según la página, tardarían hasta tres días en responder.
Así que ahora...solo quedaba esperar. Y tal vez, por primera vez en mucho tiempo, eso no me parecía tan malo.