Un mal entorno

CAPITULO UNO

Cómo de costumbre las calles se sentían vacías, sin ninguna presencia alrededor, como era de esperarse de todos los años desde aquel día. Lo único que los protegía era estar refugiados en su casa, lo más seguro para quienes habitaban en el lugar.

No había mucho para hacer, siempre en la vida de cada uno era repetible y nada nuevo. Una mujer que pertenecia al pueblo, se encontraba en su casa, tranquilamente cocinando después de haber terminado limpiando toda la casa. Sus tres hijos dormían profundamente, solían despertarse horas más tarde a diferencia de su madre.

—La comida ya esta lista—Aviso Ginnade alzando mínimamente la voz al terminar, ella estaba en la cocina preparando una sopa de verduras como almuerzo.

—¡Ya vamos!—contesto la hija más menor, mostrando cansancio en su voz, que con aquel llamado la despertó al instante. Con sus ojos entreabiertos y difícil de abrirlos por el momento, vio a sus dos hermanos aún acostados sobre la cama—¿Se van a despertar o que?—Jayda les pregunto con un tono suave, esperando la respuesta de algunos de sus hermanos, olvidando el hecho de que seguían dormitando.

La menor se levantó de su cama, tendiendola con delicadeza. Después de eso se acercó hacia su hermana, quien dormía de espaldas en aquel entonces. Tocó suavemente su hombro, sacudiendola despacio mientras le pedía en un tono bajo a qué se despierte. Mayormente siempre era difícil despertarla, era de las que tenían un sueño profundo.

—Asi no lograrás despertarla—comento su hermano mayor, apareciendo sorpresivamente detrás de su hermana y conservando una sonrisa burlona, fijando su mirada a su otra hermana.

—No lo hagas, no seas así—Jayda sonrió ligeramente, ya sabiendo de lo que el hablaba. No era que insistiria mucho por más que el se niegue.

—No será fuerte, será suave—Norrie coloco su mano en el brazo de su hermana que aún estaba acostada. Lanzó una pequeña descarga que recorrio por el brazo de quién dormía, logrando que se incorpore de un salto.

—¡Te dije miles de veces que no me hagas eso, idiota!—Wynne exclamo con furia, teniendo el ceño fruncido con la mirada hacia el castaño y sobándose repetidamente su brazo.

—Jayda lo intento por las buenas, tuviste que elegir por la mala—contesto con su actitud burlona.

—Pues seguiré durmiendo, no iré a comer—aviso para luego acostarse de nuevo, dándole la espalda a los dos.

—No me dejas de otra entonces—el chico estaba nuevamente por tocarla y está vez en su espalda, pero antes de que lo hiciera, lo tomaron desprevenidamente de la muñeca.

—Ya me despierto, no hagas ninguna estupidez—menciono Wynne con una expresión seria ante el.

Ya después de ese pequeño momento, los tres estaban en la mesa sentados junto a su madre. Conversaban apenas, sin decir mucho entre ellos, pero sin dejar que el silencio domine del todo el hogar. Quien más sacaba conversación en la hora del almuerzo era la menor, hablando con entusiasmo con las pocas personas de su familia que tenía presente.

—¿Y pudiste salir tranquila, no te paso nada?—pregunto Jayda después de dar un bocado de su plato de sopa, centrando su mirada hacia su madre.

—Si, todo bien—Ginnade respondió con una sonrisa nerviosa, sin mirarla del todo a su hija y únicamente a su plato—Por suerte, todo bien.

—Me alegra eso—La menor dijo con una sonrisa poco convincente, tenía su opinión respecto a eso—Aun no lo entiendo.

—No empieces con el tema, Jayda—pidio la mujer, mirándola con seriedad.

—Es que no lo puedo dejar pasar, es ilógico lo que haces—opino alzando un poco de más el tono—No se cuantas veces hablaremos del tema y lo seguirás negando, pero comprende que sería mucho menos si nosotros saliéramos a buscar cosas para la casa y sabes perfectamente porque te lo digo—menciono, ya creando un ambiente incómodo para sus otros dos hermanos—Tu estarías más segura y a salvó si te quedas aquí, lo único que te salva es la suerte.

—Que no—exclamo la madre, furiosa, alzando el tono de voz y mostrandose molesta por la opinión de la castaña—Yo también te lo he repetido milésimas de veces, así que ya no quiero tocar el tema.

Por aquel momento se quedaron en silencio, Ginnade seguia molesta, aunque sabía que en el fondo estaba preocupada, sin aceptar la verdad. En cambio los tres estaban algo incomodos y Jayda podía sentir injusticia sobre la situación, por más que no hablase. La mesa volvió a estar en silencio y ninguno se atrevía a hablar, ya al terminar de cenar cada uno se fue a su habitación directamente para acostarse en sus camas.

—¿Por qué tuviste que decir eso, Jayda?—cuestiono la pelimalva con seriedad, aprovecho para hablar de la situación ya que su madre no los escucharía—Sabes perfectamente que a ella le hace mal hablar del tema.

—Pues porque estoy harta, Wynne—Contesto la menor, mínimamente molesta y alzando ligeramente la voz—Estoy cansada de vivir encerrada en la casa, sabes muy bien que nosotros tres podríamos salir sin ningún problema.

—¿Si sabes que papá también podía, verdad?—pregunto—Y aun así, el ha muerto por pelear con alguna de esas malditas cosas—Menciono, furiosa al recordarlo—¿Qué te hace pensar que nosotros podemos? Somos jóvenes y no sabemos bien como usar nuestros poderes, además son insignificantes.

—¿Y qué sabes tu si son insignificantes o no? Si en la maldita vida los hemos usado o hemos practicado—se quejo Jayda, aferrada a su pensamiento—Y apenas Norrie los puede usar, solo para sus estupideces.

—Yo en ningún momento te falte el respeto y ni me puse a discutir contigo, así que no me incluyas en la discusión—Norrie frunció el ceño—Y mejor que dejen de discutir las dos, no van a lograr nada con eso, así que mejor duérmanse si no tienen nada mejor que hacer.

Las dos decidieron dejar de discutir ya que sabían que su único hermano tenia razón, pero aun así estaban molestas una con la otra. Horas mas después, su madre se levanto temprano a la madrugada cuando apenas salía el sol mientras que sus hijos estaban durmiendo como era de esperarse, ella antes de salir de la casa tomo el canasto de madera con el que siempre salía y luego cerro con llave la casa para que así nadie pudiera ingresar.




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