Un mal entorno

CAPITULO DOS

Eran varios escombros lo que se encontraban allí, el lugar estaba demasiado destruido y abandonado desde esa vez en la que apareció, arrebatando cruelmente varias vidas del instituto, tanto alumnos como profesores. La sangre permanecía seca sobre las paredes, los cadáveres que estaban varios años allí siguieron intactos, lanzando un olor repugnante en el lugar. Nada cambio desde ese día, había quedado así y nadie piso el lugar, debido a que se encontraba fuera del pueblo y corría el rumor en que allí habitaban demasiados de esas entidades malignas, cuál no fallaban en eso.

Nunca se supo que ese lugar iba a ser imposible entrar, ni las entidades que circulaban cerca del viejo instituto podían ingresar por más que lo intenten. Sin embargo, aún se encontraban personas que se refugiaban allí, simples estudiantes que lograron sobrevivir por no ser como el resto. Por más que hayan tenido suerte, no confiaban mucho en sus habilidades ni menos como usarlas, únicamente la última vez que usaron fue en ese día al que consideraban uno horrible y en dónde crearon el velo.

Al principio de esos tiempos habían creído que no iban a sobrevivir por mucho tiempo y que las entidades podrían romper el velo que los protegía o quien causó la destrucción, supiera de la existencia de ellos. Los primeros días vivían con el miedo constante, cada noche temían dormir por si llegaban a ser asesinados o el velo se deshaciera.

Fue pasando el tiempo y ya se habían acostumbrado a vivir de esa forma, se sentían más seguros y aquel olor repugnante ya no hacía efecto en ellos, no les provocaba mucha sensación verlos. No tenían mucho con que alimentarse, anteriormente ninguno quiso usar esos cuerpos para sobrevivir y no tuvieron más opción que expandir un poco el velo, haciendo cercanía hacia el bosque. No conseguían mucho ahí, más que frutas o animales que llegaban a cruzar, solo uno de ellos era quien los mataba. Habían tenido muchas discusiones y conflictos entre ellos, entre diferencias o pensamientos, pero a medida que iba pasando el tiempo ya se habían acostumbrado al otro y a la manera de vivir. No tenían de que quejarse.

—Ya prendí el fuego—anuncio Rhory con una sonrisa, sintiendose aliviado después de tantos intentos para encenderla—Si que me costó está vez—menciono con un tono agotador.

—Igual ni siquiera llegaron esos dos, están tardando demasiado—se quejo Mallory, sin apreciar aquel esfuerzo—Pasaron dos horas ya, tengo hambre.

—Tiene razón—Agrego Belrose, que estaba acostada sobre el suelo mirando el techo—A este punto el fuego se va apagar rápido.

—Ojala que no tarden tanto—deseo el chico mientras miraba el fuego, pensativo.

Mas lejos del sitio abandonado, estaban los otros dos chicos a los que se referian, cerca del bosque para conseguir algo de alimento, la cuál el día de hoy se les dificultaba más. Evigheden fue quien buscaba algunas hortalizas, mientras que su mejor amigo, un chico albino, era quien mataba a los animales que se les cruzaban. La mayoría de ellos siempre solían ser conejos pequeños, que apenas tenían tiempo de huir antes de que todo terminara en un silencio abrupto.

Hace tiempo que se había acostumbrado a ese acto de el, al ser más jóvenes nunca le gustó ver lo que su amigo hacía con aquellos animales, sin importar que se tratase de sobrevivir o no. Ya al crecer un poco más se fue acostumbrando a eso, ya no sentía demasiada lastima por los animales.

Después de una corta búsqueda, ya tenía en mano todos los vegetales que consideraba necesarios, acercándose hacia su amigo—¿Aún nada?

—Solo he conseguido uno, que fastidio—Noxen lanzó la navaja fuera del velo, con decepción. Miró un segundo al conejo—Bueno, creo que este nos alcanza.

—¿Porque tiraste la navaja, tonto?—Evigheden dejó caer de golpe los vegetales que traía, preocupado por el objeto—¿Ahora como vas a conseguirlo?

—No le digas nada a Rhory—fue lo único que dijo al darse cuenta de su acto, pensando unos segundos en que hacer—¿Y si cruzo y la alcanzó? No está tan lejos.

—¿Te estas escuchando lo que dices?—cuestiono el rubio con indignación—Si sales no entras.

—Sera un segundo, después le puedes pedir a Mallory que abra de nuevo el velo—respondio sin problema alguno—Llevamos varios años aquí, no me sucedera nada.

—Si lo abre tendrá que ser completo, ya te lo ha dicho muchas veces y no puedes ser tan confiado—comento furioso—¿Y ahora que vamos a hacer?

—Pues iré a cruzar, hazme el favor de decirle a Mallory que después me deje entrar—menciono, salió rápido del velo antes de que su amigo se lo impidiera.

—¡Idiota!—grito su amigo al ya verlo al otro lado del velo, sin atreverse a salir—¿¡Porque tienes que ser así!?

Noxen lo miraba sin entenderlo, permanecia quieto al ver hablar a su amigo—No te escucho.

Quien estaba dentro del velo tampoco podía escucharlo, con eso entendió que sería en vano gritarle y solamente le quedaba sentir molestia hacia el albino. Pensaba rápidamente en que hacer o como traerlo de vuelta, pero su expresión cambio al instante al ver que detrás de su amigo aparecio una de esas entidades. No parecía ser la misma a la que siempre solían ver, se notaba más grande y más oscura a diferencia de las otras. Se quedó en silencio, sin poder decir nada y estando inmóvil sin apartar la vista de aquel ser.

Los tres que estaban dentro ya estaban impacientes por la llegada de los que faltaban, ya el pelinegro empezó a sentirse igual que las chicas. Ya después de unos cortos minutos veían a lo lejos a Evigheden acercarse, cuando uno de ellos iba a lanzar algún comentario, se quedaron callados al verlo llorar en silencio. Rápidamente notaron la ausencia del amigo, cuál eso aumentó más la preocupación de los tres que estaban sentados alrededor del fuego.

—¿Qué es lo que pasó? ¿Dónde está Noxen?—Mallory fue quien cuestionó, esperando saber la respuesta con impaciencia como quienes la acompañaban. Ella junto a ellos dos estaban parados, mirando al frente al rubio.




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