Un Marido ideal

Capítulo 23

 

Capítulo 23

NARRADOR OMNICIENTE.

La pequeña línea que separa el amor y el odio se llama distancia. La distancia injustificada de una separación, la distancia de un adiós que nadie dijo, o la distancia de un amor que se enfrío sobre una estufa caliente.

Ninguna de esas distancias afecto a Milna y a Mike, ellos supieron como debían ser las cosas desde el principio. Les llego la notificación de cuando se debía de empezar y de cuando se debía terminar. Al menos un tiempo aproximado.

Y eso fue lo que hicieron, disfrutaron el tiempo que tenían juntos, amasaron sus cuerpos con ánimo y regocijó, anhelaron sus mentes con sincera lealtad y gusto. Su tiempo compartido fue el sinónimo de gozo, placer y probidad.

Pero dolió, el dolor si estuvo involucrado cuando Milna se tuvo que detener frente a Mike y mirarlo a los ojos para una última despedida antes del final que ninguno sabría cuando llegaría.

—Estás muy hermoso hoy —Milna le puso las manos en los hombros —, tú pelo gris siempre me ha encantado. Te da ese toque irresistible que me encanta.

»Tu rostro luce bien sin moretones, intenta mantenerlo así un rato… —Deslizo su tacto hasta las manos de él, ya empezaba a sentir el nudo en su garganta —Voy a escribirte siempre que pueda, con siempre que pueda me refiero a cada minuto, más o menos, cuando te canses solo me lo tienes que decir.

—No me voy a cansar de tus mensajes —Mike se acercó a ella y la abrazo, acaricio su pelo —, deja de decirme que te pare, no lo voy a hacer. Nunca, así que haz lo que quieras. Envíame millares de mensajes, de nota de voz, de emojis, envíame lo que quieras.

»Soy tu esposo, te conozco y entiendo la inseguridad que tienes, pero yo no soy ninguno de tus antiguos conocidos. Estaré para ti las veces que me necesites, siempre voy a estar. Deja de decir que te paré.

—Sé que, a veces, soy un tanto intensa.

—Eres tú, y me encanta —Él despego sus cuerpos y la beso —, déjame decirte que yo también te enviaré muchos mensajes, voy a intentar tapar tu ausencia con mensajes. No sé cuánto tiempo pueda hacerlo, pero al menos vamos a intentarlo.

»No quiero divorciarme. —Por fuera estaba sonriendo, pero por dentro se sentía destrozado.

—Yo tampoco quiero. —Ella por su parte también estaba herida, pero lo aceptaba como algo de la vida, no importaba lo que pasará luego, en su presente estaba totalmente feliz. Se sentía amada, segura y era la esposa de su amor verdadero —Siempre creí que me tendría que divorciar porque habrían cuernos involucrados, pero no, no sufriré por el amor que no me tienen.

—Tienes que cambiar de círculo de amigos —Mike estaba siendo sincero, le causaba mal cuerpo pensar en Milna volviendo a ese horrible lugar donde ni siquiera quería que él fuera con ella.

—Lo sé, ya estoy trabajando en eso.

—¿Cómo lo harás? —Quiso saber él, balanceándose con ella en brazos, de un lado a otro.

—Ya mandé a buscarme una casa, para salir de la de mis padres, he dado instrucciones precisas de cómo tratar con la prensa, he dejado claro que preguntas voy a responder. —Ella creía que lo estaba planeando todo a la perfección.

—¿Cuál vas a responder?

—¿Tiene alguna relación reciente? —Puso su mejor voz de entrevistadora —, les diré que sí.

—¿Cuál no vas a responder? —Mike tenía curiosidad por como era su vida pasada.

—¿Conocemos al afortunado?, les diré que no y daré por terminada la conversación.

—¿Me mantendrás oculto?

—Sí, eres mi mejor secreto.

—Yo creía que cuando tuviera una esposa me luciría como a un trofeo. —Mike estaba bromeando, Milna sintió su risa vibrar contra sí.

—Lo haría, pero tengo que cuidarte del mundo. —Ella beso su cuello, no había ningún gesto o palabra para expresarle lo que sentía. Lo que añoraba con hacer el resto de su vida.

—Que linda. —Él por su parte, también, se estaba haciendo el fuerte. Aquello era un equipo desde el principio hasta el fin.

—Voy a dejar toda mi ropa aquí, dónala o haz lo que quieras, algunas valen bastante, no sé ni porque las traje, al final no use nada de eso. —Nada había salido como ella lo planeo al inicio, eso no tuvo importancia, todo había salido mejor de lo que alguna vez hubo soñado.

—¿Segura que quieres que la done?

—Por supuesto. No hay necesidad de llevarme nada de eso.

—¿Quieres que deje algo de ropa para cuando vuelvas? —Esa era la pregunta del millón.

—Mike… —Milna no quería hacerse ilusiones sobre su vuelta.

—Lo sé, lo sé —Él nunca había renunciado a nada, ahora no lo iba empezar a hacer con ella —, déjame soñar. —Beso su frente.

—Alguna vez nos volveremos a encontrar, la situación es, que no te pondré en peligro por nada del mundo. Si puedo alejarme de todo y quedar limpia pronto, volveré pronto, pero si no es así, ya sabes lo que tienes que hacer.

A ella le estaba doliendo decirle aquello. Quería aferrarse con todas sus fuerzas a lo que tenían, pero ella nunca fue dada a esconderse de la realidad y en esa realidad Mike tenía una vida que seguir viviendo.

Él por su parte, quiso preguntarle si podría ir a buscarla, pero no lo hizo. Prefería vivir con la duda a esa pregunta a tener una respuesta que le destrozaran las pocas esperanzas que quedaban.

 

 

 

 

Milna se subió al avión con el corazón en la mano y una sonrisa en el rostro, Moe venía detrás de ella. La decisión de un jet privado para el corto viaje fue de ella, ya que tenía que terminar con aquella parte de su vida, lo haría a lo grande. Además, así tendría un lugar preferente para apartarse de los paparazis y llorar a gusto.

—¿Cómo te sientes? —Moe era el mejor guardaespaldas, siempre se preocupaba por ella.

—Destrozada Moe, —Se puso sus lentes oscuros, se había reservado todas sus lágrimas para cuando estuviera sola —creo que voy a llorar hasta que lleguemos.




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