Capítulo 3: Un bote de salvavidas con forma de veneno
Ver a Rous destrozar su plato de porcelana durante la cena fue la gota que derramó el vaso. Sabía que mi hermana era un volcán, pero verla acorralada por mis padres y mis tres hermanos me dejó un sabor amargo. Gabriel, Julián y Samuel eran unos expertos en alinearse con el viejo para proteger sus puestos en la empresa, dejando a Rous sola en el frente de batalla.
Al día siguiente, tomé las llaves de mi auto y me fui directo a su departamento. Necesitaba asegurarme de que no hubiera empacado sus maletas para huir al otro lado del mundo sin avisar.
Cuando abrió la puerta, lucía exactamente como me lo imaginaba: una taza de café negro en la mano, anteojos de marco fino asentados sobre la nariz, el cabello recogido en un moño desordenado y una pantalla de computadora escupiendo hojas de cálculo sobre la mesa del comedor. Mi hermana, la modelo cotizada, volvía a ser la contable implacable cuando necesitaba refugiarse del caos.
—Si vienes a traerme un catálogo de novios con la bendición de mamá, te sugiero que te des la vuelta antes de que te tire la taza por la cabeza —saludó sin mirarme, tecleando a la velocidad de la luz.
—Buenos días para ti también, pulga —dije cerrando la puerta con el pie y caminando hacia la cocina para servirme un vaso de agua—. Y no, no traigo catálogos. No estoy del lado de los inquisidores, lo sabes.
Rous suspiró, bajó la pantalla de la laptop y se quitó los anteojos, frotándose el puente de la nariz. Las ojeras delataban que no había dormido nada.
—Ayer te quedaste callado, Dominic. Seis contra una. Me dejaron como la loca caprichosa ante tu amigo el aristócrata.
—Me quedé callado porque si abría la boca, papá me habría quitado el manejo de la división internacional y a ti te habrían cerrado la cuenta bancaria familiar antes del postre —respondí sentándome frente a ella—. Lorenzo no es tonto, Rous. Vio lo mismo que yo: una emboscada.
Al escuchar el nombre de, De Luca, Rous torció la boca con un gesto de profundo fastidio.
—Lorenzo De Luca... El hombre perfecto, el empresario intachable, el hijo ejemplar. Me enferma cómo te mira, cómo nos mira a todos desde su altura. Siempre ha sido un arrogante de mierda. ¿Te acuerdas cuando éramos niños y me echaba de la sala cada vez que intentaba jugar con ustedes?
—Te echaba porque te la pasabas llorando y rompiendo sus maquetas de arquitectura, no seas dramática —le recordé con una sonrisa de lado, aunque por dentro la culpa me pesaba. Si ella supiera cómo la miraba Lorenzo anoche, no usaría la palabra arrogante, sino depredador.
—Da igual —refunfuñó ella, cruzándose de brazos—. El punto es que mamá ya citó a un abogado para revisar el fideicomiso. Quieren condicionar mis contratos de modelaje a mi "estabilidad matrimonial". Tienen el control de las marcas locales y si presionan a la agencia, me van a congelar. Estoy atrapada, Dominic.
Ese era el momento. La conversación que me había tenido dando vueltas en la cama toda la noche. Por un lado, quería proteger a mi hermana menor a toda costa; por el otro, sabía que Lorenzo era la única fuerza capaz de frenar a mi padre sin despeinarse.
—Hay una salida —solté con cautela, observando cada una de sus reacciones.
Rous alzó una ceja, escéptica.
—¿Qué salida? ¿Fugarme a París?
—No. Lorenzo.
Rous se quedó en silencio un segundo antes de soltar una carcajada seca, carente de humor.
—¿Lorenzo? ¿Qué tiene que ver ese iceberg en esto?
—Lorenzo está pasando por lo mismo. Su junta directiva y sus padres le están exigiendo un matrimonio para entregarle el control total del grupo De Luca —mentí piadosamente con parte de la verdad—. Hablé con él anoche después de que te fuiste. Tiene una propuesta para ti. Un trato estratégico.
Rous se inclinó hacia adelante, entornando los ojos con esa perspicacia contable que solía atemorizar a sus clientes.
—Habla claro, Dominic. ¿Qué clase de trato?
—Un matrimonio por contrato. Dos años. A ojos del mundo y de nuestras familias, estarán felizmente comprometidos y casados. Él acalla a los De Luca y obtiene su imperio; tú obtienes un blindaje legal absoluto contra papá y mamá. Nadie podrá tocar tus contratos de modelaje, nadie podrá obligarte a tener hijos ni a buscar marido, porque ya estarás "casada" con el hombre más influyente del círculo social. Y cuando el plazo termine, divorcio silencioso, indemnización por cláusula y cada quien por su lado.
El rostro de Rous pasó del estupor a la desconfianza pura. Se levantó de la mesa y comenzó a caminar de un lado a otro por la sala, procesando la información como si estuviera analizando un balance general al borde de la quiebra.
—Es una locura... Lorenzo me odia tanto como yo lo detesto a él. ¿Por qué aceptaría meterse en mi vida?
—Porque eres la opción más conveniente para él —dije, tratando de sonar convincente sin revelar las verdaderas intenciones de mi amigo—. Eres independiente, tienes tu propia carrera, no vas a exigirle amor ni un matrimonio real, y sobre todo, tu apellido encaja con el suyo. Es un negocio, Rous. Frío, calculado y sin sentimentalismos. Justo como a ti te gusta.