Capítulo 6: La jaula de oro y diamantes
Rous se despertó con la luz de la mañana filtrándose por las cortinas de seda del penthouse. La realidad le cayó como un balde de agua fría: estaba en la fortaleza de Lorenzo De Luca. Antes de que pudiera procesar la resaca emocional de la noche anterior, la puerta de la habitación se abrió. Lorenzo entró luciendo un traje impecable, trayendo consigo una bandeja con café negro y una laptop encendida.
—Toma café —dijo con esa voz tranquila y autoritaria—. Tu teléfono ya fue dado de baja por tu padre, pero aquí tienes un dispositivo nuevo con una línea privada e indetectable. Tus contratos con la agencia de Milán han sido reactivados y blindados bajo la protección del consorcio De Luca. Eres libre de trabajar, Rous.
Rous parpadeó, sorprendida por la velocidad con la que él había desmantelado el bloqueo de su padre en cuestión de horas. Tomó la taza de café, mirándolo con suspicacia.
—¿Y qué esperas a cambio hoy, De Luca? ¿Que vista de gala para tu junta directiva?
Lorenzo sonrió de lado, ajustándose los gemelos de la camisa.
—Hoy no. Hoy le daremos a tu familia una lección de diplomacia que jamás olvidarán. Prepárate. Salimos en dos horas.
A las doce del mediodía, la mansión Bozzo era un caos. Mateo Bozzo gritaba por teléfono a sus abogados intentando localizar a su hija menor, mientras su madre, Victoria, intentaba calmar al adinerado y furioso Guillermo. Gabriel y los otros hermanos buscaban explicaciones, y Dominic se mantenía en un rincón, cruzado de brazos, sabiendo perfectamente que la tormenta ya estaba en la puerta.
El sonido del timbre interrumpió la discusión. El mayordomo abrió y, sin esperar invitación, Lorenzo De Luca entró al salón principal con una elegancia arrolladora. A su lado, deslumbrante y luciendo un vestido blanco de corte impecable, caminaba Rous.
—¡Rousangela! —exclamó su madre, poniéndose de pie de golpe—. ¿Dónde estabas? ¡Tu padre y Guillermo han estado esperándote para resolver tu futuro!
Mateo Bozzo avanzó con la cara desfigurada por la ira.
—¡Te escapaste como una delincuente! ¿Qué significa esta falta de respeto, Lorenzo? ¿Por qué la traes tú?
Lorenzo no se inmutó. Caminó hasta el centro del salón con la serenidad de quien se sabe dueño del juego. Colocó una mano protectora y firme en la parte baja de la espalda de Rous, sintiendo cómo ella se tensaba, aunque mantuvo la barbilla en alto frente a su familia.
—Señor Bozzo, señora Victoria —habló Lorenzo, su voz resonando con una autoridad que acalló a todos en la sala—. He venido a ahorrarles tiempo y recursos. Les sugiero que cancelen cualquier compromiso o arreglo matrimonial que hayan contemplado para Rous.
Guillermo dio un paso al frente, encarando a Lorenzo.
—¿Y quién te crees tú para meterte en los asuntos de esta familia, mocoso?
Lorenzo ni siquiera lo miró. Deslizó la mano hacia el bolsillo de su saco y sacó un documento foliado junto a un estuche de terciopelo negro. Con un movimiento pausado, abrió el estuche, revelando un anillo con un diamante de corte esmeralda deslumbrante, de una pureza y tamaño que dejó sin aliento a la madre de Rous.
—Me creo el hombre con el que Rous ha estado saliendo en secreto durante los últimos seis meses —declaró Lorenzo sin pestañear, lanzando una mentira tan calculada y pulida que sonó incontestable—. Y me creo el hombre que, anoche, le pidió que fuera su esposa.
El salón quedó en un silencio sepulcral. Rous abrió ligeramente los ojos, impactada por la audacia de Lorenzo. ¿Seis meses en secreto? La historia era perfecta: justificaba la rebeldía de Rous, arruinaba los planes de sus padres y dejaba a Guillermo en ridículo.
—¿Qué... qué dices? —tartamudeó Victoria Bozzo, mirando el diamante y luego a su hija—. ¿Lorenzo De Luca?
—Así es —continuó Lorenzo, entregando el folio a Mateo Bozzo—. Este es el comunicado oficial de nuestro compromiso que acaba de salir a la prensa internacional y a las juntas directivas de ambas empresas. Las acciones de nuestras firmas se han revalorizado un cuatro por ciento en la última hora solo con el rumor de la alianza. Rous y yo nos casamos en un mes.
Mateo leyó el documento con las manos temblorosas. Entendió de inmediato la jugada: enfrentarse a Lorenzo De Luca era enfrentarse al conglomerado financiero más poderoso del país. No podía hacer nada. Había sido completamente desarmado.
Lorenzo tomó la mano derecha de Rous y, ante la mirada atónita de sus padres y hermanos, deslizó la deslumbrante joya en su dedo anular. Luego, inclinándose suavemente, besó la comisura de sus labios con una lentitud que le erizó la piel a Rous, enviándole una descarga eléctrica de rabia y algo indescifrable que no quiso reconocer.
—Nos vemos en la boda, suegro —dijo Lorenzo con una sonrisa helada.
Tomó a Rous del brazo y caminaron de regreso a la salida. Mientras cruzaban la puerta, Rous escuchó el murmullo de victoria de su madre y la maldición ahogada de su padre. Habían ganado la batalla contra su familia. Había recuperado su libertad profesional y su apellido estaba a salvo.
Sin embargo, al subir al auto de Lorenzo y mirar el peso del diamante deslumbrando en su mano, Rous sintió un escalofrío. Miró a Lorenzo de reojo, quien conducía con la vista fija en el camino y una expresión de triunfo absoluto.