Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 13

Capítulo 13: La tregua de los indomables

​Los días posteriores en la isla privada se convirtieron en una elegante danza de estrategia. Habían consumado su matrimonio y el reclamo físico de Lorenzo sobre Rous había sido absoluto, pero quien creyera que Rous Bozzo se transformaría en una esposa sumisa tras una noche de pasión simplemente no la conocía en absoluto.

​Al día siguiente, Rous se levantó antes que él. Se vistió con un llamativo bikini rojo de corte asimétrico y se instaló en el borde de la piscina infinita con una taza de café negro y un libro de finanzas corporativas. Cuando Lorenzo apareció en la terraza, impecable a pesar del calor caribeño, ella ni siquiera se molestó en alzar la vista de sus páginas.

​—Buenos días, señora De Luca —dijo él, apoyándose contra la columna de madera con los brazos cruzados, observando cómo la luz matutina doraba la piel de su esposa.

​—Buenos días, socio —respondió Rous con absoluta frialdad, pasando la página del libro con un chasquido impecable—. Si esperas encontrar a una mujer abatida o arrepentida por lo de anoche, te sugiero que busques en otra parte. Lo que pasó en esa habitación fue física pura y un ajustado intercambio de poder. Tu contrato sigue midiendo veinticuatro meses y mi meta de salir de aquí intacta no ha cambiado ni un milímetro.

​Su tono era firme, cargado de esa rebeldía natural que la definía. No había lágrimas ni reclamos; había una mujer que aceptaba el terreno en el que estaba parada y se negaba rotundamente a doblegarse.

​¿Cómo actuó Lorenzo?

​Cualquier otro hombre aristocrático de su círculo social se habría sentido frustrado ante la falta de sumisión de su esposa. Pero Lorenzo De Luca no era cualquier hombre.

​En lugar de enojarse o intentar imponer de nuevo su autoridad a la fuerza, Lorenzo sintió un renovado destello de fascinación. Una sonrisa lenta, calculadora y profundamente entretenida se dibujó en la comisura de sus labios. La resistencia de Rous no lo irritaba; le daba combustible al juego.

​Lorenzo caminó hacia la mesa del desayuno sin perder la compostura. Sirvió fruta fresca y se reclinó en su silla, mirándola con una serenidad que a Rous le resultaba exasperante.

​—Nunca esperé que te rindieras tan fácil, Rous —dijo él con voz pausada y grave, sosteniéndole la mirada—. De hecho, si lo hubieras hecho, me habría decepcionado enormemente. Disfruto demasiado verte intentar mantener esa distancia.

​—No es un intento, De Luca. Es una realidad —replicó ella, cerrando el libro de golpe y clavándole los ojos—. Marcaste tu territorio anoche, lo admito. Pero mi mente sigue siendo mía. Mis decisiones siguen siendo mías.

​Lorenzo se levantó con elegancia y se acercó a ella. No la tocó con brusquedad; en su lugar, se inclinó por detrás de su silla y le retiró suavemente un mechón de cabello rebelde de la nuca. Rous se tensó, pero se negó a moverse.

​—Propongo una tregua para lo que queda de la luna de miel —susurró él a centímetros de su oído, dejando que su aliento cálido le erizara la piel—. Dejemos de lado las cláusulas, el orgullo y la prensa durante estos días. Disfrutemos del mar, de la comida y de nosotros. Sin ataques... pero sin mentiras.

​Rous entornó los ojos, sospechando de cada palabra.

​—¿Y qué ganas tú con esta "tregua"?

​—Ganar tiempo —contestó Lorenzo con una honestidad desarmante—. Tiempo para que te des cuenta de que, por mucho que intentes pelear contra esta red, el único lugar donde encajas a la perfección es aquí, conmigo.

​—Sueñas demasiado, Lorenzo —espetó ella, aunque un leve rubor traicionero amenazó con delatarla.

​—Permíteme soñar, entonces —sonrió él de lado, extendiéndole la mano—. ¿Aceptas la tregua, Rous?

​Rous miró la mano tendida de Lorenzo. Sabía que aceptar era entrar en una tregua pactada sobre un terreno minado, pero también sabía que necesitaba un respiro antes de regresar a la ciudad a enfrentar la realidad del matrimonio.

​—Acepto la tregua —sentenció Rous, tomando su mano con un apretón firme y competitivo—. Pero la tregua se acaba en cuanto el helicóptero aterrice de vuelta. Y cuando regresemos, voy a exigir cada una de las condiciones de mi carrera.

​Lorenzo besó el dorso de su mano con una parsimonia irritante y deliciosa a la vez.

​—Hecho, señora De Luca. Que empiece la tregua.



#1876 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 29.09.2026

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