Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 14

Capítulo 14: De vuelta al tablero

El rugido del helicóptero al despegar de la isla privada marcó el fin de la breve e intensa tregua del Caribe. Al pisar de nuevo el helipuerto de la torre De Luca en la ciudad, el choque con la realidad fue inmediato: asistentes, escoltas y la abrumadora agenda ejecutiva los esperaban a pie de pista. La tregua del paraíso había terminado; era hora de regresar al campo de batalla.

Rous descendió con unas gafas de sol oscuras, un traje sastre de corte impecable y la postura erguida que usaba en sus mejores pasarelas. A su lado, Lorenzo lucía de nuevo la armadura del temible presidente corporativo: traje de tres piezas, expresión impenetrable y ese aura de poder absoluto que infundía respeto a cualquiera que se cruzara en su camino.

—Tus maletas y tus pertenencias personales ya fueron trasladadas a mi penthouse —informó Lorenzo de camino a la limusina privada, revisando unos documentos en su tableta sin levantar la vista—. A partir de hoy, esa es tu residencia oficial.

Rous se detuvo en seco antes de subir al vehículo y lo miró con los brazos cruzados.

—Nuestra residencia oficial ante la prensa y ante tus auditores, Lorenzo. Recuerdo perfectamente el acuerdo. Pero exijo mi propio espacio: una habitación independiente y un estudio de trabajo donde pueda gestionar mis contratos de contabilidad y mi agenda de modelaje.

Lorenzo apagó la pantalla de la tableta y la miró con esa calma calculadora que tanto la desafiaba.

—Tienes una mansión entera de dos pisos a tu disposición en la cima de la ciudad, Rous. Puedes elegir el estudio que quieras. Pero la suite principal es una sola... y el contrato especifica claramente convivencia real para evitar filtraciones.

—La Cláusula 4.1 habla de la residencia, no de dormir en tu misma cama todas las noches —repuso ella con agilidad contable, sosteniéndole la mirada.

—Revisa el anexo de seguridad reputacional que firmaste en mi escritorio la noche que caíste en mi red —sonrió Lorenzo de lado, acercándose un paso a ella y bajando la voz—. No te preocupes, no voy a morderte... a menos que tú me lo pidas. Pero vas a dormir conmigo.

Rous apretó los dientes, conteniendo una respuesta filosa mientras subía al auto. Sabía que Lorenzo disfrutaría verla perder la paciencia, así que prefirió reservarse su energía para la verdadera sorpresa que le tenía preparada.

En cuanto llegaron al penthouse, Rous no perdió tiempo. Mientras Lorenzo se encerraba en su despacho para atender una videoconferencia de emergencia con la junta directiva, ella tomó su teléfono privado y contactó a su agencia de modelaje en Milán.

—Necesito que confirmen la campaña de otoño en París para la próxima semana —ordenó Rous con voz firme—. Y quiero que el comunicado de prensa salga mañana a primera hora.

—Pero Rous... ¿tu esposo, el señor De Luca, está al tanto de esto? —preguntó la directora de la agencia al otro lado de la línea, con evidente cautela—. Su consorcio maneja la mayoría de nuestros patrocinadores.

—Mi contrato de representación legal me otorga total autonomía profesional —sentenció Rous—. Confírmenlo. Voy a volar a París.

Al colgar, Rous sintió una descarga de adrenalina. Lorenzo creía que la tenía acorralada en su jaula de oro y que el acuerdo la mantendría bajo su control directo en la ciudad. Pero viajar a Francia para una campaña internacional de varias semanas era su jugada maestra para recordarle que no pensaba pedirle permiso a él ni a nadie para vivir su vida.

Poco después, la puerta del despacho de Lorenzo se abrió. Él salió en mangas de camisa, sirviéndose un vaso de agua en el bar de la sala mientras la observaba.

—Veo que ya te acomodaste —comentó él, apoyándose contra la barra.

—Totalmente —Rous se cruzó de brazos y le dedicó una sonrisa llena de suficiencia—. De hecho, te aviso que en cuatro días me voy a París. Tengo una campaña internacional que durará dos semanas.

Lorenzo detuvo el vaso a mitad de camino. Sus ojos oscuros se entornaron lentamente y el ambiente en la espaciosa sala se volvió tenso en un segundo.

—París —repitió él con una voz peligrosamente grave.

—París —asintió Rous, disfrutando cada segundo de la rigidez que notaba en los hombros de su esposo—. El contrato de trabajo está firmado y el compromiso profesional es inamovible. Así que espero que disfrutes de tu penthouse a solas unos días, De Luca.

Lorenzo dejó el vaso sobre la mesa de cristal con un golpe seco. Caminó hacia ella con pasos lentos y dominantes hasta quedar frente a frente.

—Te dije que tus contratos estaban blindados bajo la firma De Luca, Rous —murmuró él, inclinándose hacia ella—. Lo que olvidaste es que la firma De Luca es el patrocinador principal de la semana de la moda en París este año.

Rous parpadeó, sintiendo un repentino vuelco en el estómago.

—¿Qué estás diciendo?

Lorenzo esbozó una sonrisa sombría, cargada de un triunfo desarmante, mientras sacaba de su bolsillo un boleto de avión en primera clase a su nombre.

—Digo que me parece una excelente idea viajar a París —susurró él sobre sus labios—. Yo también voy. El presidente del consorcio no puede dejar que su hermosa y cotizada esposa viaje sola a la capital del romance, ¿no crees?



#1876 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 29.09.2026

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