Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 15

Capítulo 15: La noche de las luces y las sombras

​París en otoño era un espectáculo de elegancia, pero dentro del exclusivo hotel particular donde se hospedaban los De Luca, la tensión se podía cortar con un cristal.

​La campaña de alta costura había comenzado temprano en los estudios cerca del Sena. Rous estaba en su elemento: bajo los potentes reflectores, vistiendo un diseño audaz de escote pronunciado y espalda al descubierto, posaba con una gracia felina que hacía suspirar al equipo fotográfico. Sin embargo, en la penumbra tras bambalinas, la atmósfera se volvió sofocante en cuanto una figura masculina cruzó la puerta.

​Lorenzo no vestía como un espectador más. Su presencia en traje oscuro emanaba tal aura de dominio que hasta el director de arte bajó la voz al saludarlo.

​Lorenzo se mantuvo en silencio, apoyado contra una columna de hierro forjado, con los ojos fijos en Rous. Pero su frialdad impecable comenzó a fracturarse cuando el modelo masculino de la sesión —un joven francés de mirada audaz— se acercó a Rous para la serie de fotos en pareja. El modelo deslizaba su mano con demasiada familiaridad por la cintura descubierta de Rous, pegando sus rostros según las indicaciones del fotógrafo.

​En la penumbra, los nudillos de Lorenzo se pusieron blancos al apretar su copa de champán. El aire a su alrededor parecía arder. Rous, que notó la rigidez de su esposo desde el set, le sostuvo la mirada directamente a través del lente de la cámara, regalándole al fotógrafo una sonrisa sensual y provocadora que sabí perfectamente que terminaría clavándose como un dardo en el orgullo de Lorenzo.

​Cuando el director gritó «¡Corten!», el modelo francés rozó la nuca de Rous con un gesto caballeroso para agradecer la toma. Antes de que el joven pudiera decir una palabra más, la sombra de Lorenzo se proyectó sobre ambos.

​—La sesión ha terminado por hoy —sentenció Lorenzo con una voz tan helada que el equipo fotográfico se quedó inmóvil.

​—Señor De Luca, aún nos queda una toma de plano corto... —intervino el fotógrafo, dudando.

​—Dije que ha terminado —repitió Lorenzo sin levantar la voz, pero con una autoridad implacable que no admitía réplicas. Miró fijamente al modelo francés hasta que este, incómodo, dio un paso atrás y se retiró.

​Rous se cruzó de brazos, luciendo su bata de seda sobre el vestido de alta costura, y caminó hacia Lorenzo con una sonrisa victoriosa.

​—¿Problemas de control, De Luca? Es solo trabajo.

​Lorenzo la sujetó del brazo con una firmeza impecable, guiándola hacia el camerino privado antes de cerrar la puerta de golpe.

​—Es mi esposa posando con las manos de otro sobre su piel —murmuró él, acorralándola contra la puerta del camerino. Sus ojos oscuros ardían con una mezcla peligrosa de celos contenidos y posesión pura—. Te permito tu carrera, Rous, pero no tientes a tu suerte frente a mí.

​—Te recuerdo que el patrocinador de esta semana de la moda eres tú —desafió ella, elevando el mentón a escasos centímetros de sus labios—. Si no soportas la vista tras bambalinas, puedes esperarme en el hotel.

​Lorenzo sonrió con frialdad, acercándose hasta que su aliento cálido le rozó la oreja.

​—Prefiero estar en primera fila para recordarle a cualquiera que intente tocarte a quién le perteneces. Prepárate para esta noche. La gala de la alta sociedad francesa nos espera... y vas a ser mi acompañante.

​La recepción en el Palacio de Luxemburgo reunía a la aristocracia europea y a los magnates más influyentes del continente. Rous apareció deslumbrante con un vestido de corte sirena en tono verde esmeralda, que acentuaba sus curvas y contrastaba de forma sublime con su piel dorada y su cabello platinado. A su lado, Lorenzo lucía imponente, manteniendo su mano posesiva sobre la parte baja de su espalda durante los saludos protocolares.

​Sin embargo, Rous no había viajado a París para ser un adorno en el brazo de su marido.

​Durante el cóctel, mientras Lorenzo conversaba con un grupo de banqueros franceses sobre la expansión del consorcio De Luca en Europa, un diplomático parisino de porte sofisticado se acercó a Rous para elogiar su portada en la revista italiana. Rous, notando que la mirada de Lorenzo se desviaba discretamente hacia ellos cada dos segundos, decidió jugar su siguiente carta.

​En lugar de mantener la distancia prudente que la etiqueta exigía, Rous se reclinó sutilmente hacia el diplomático, riendo con elegancia de sus comentarios y aceptando una copa de champán de sus manos. La conversación en francés fluido que entabló atrajo la atención de varios invitados alrededor.

​Lorenzo disculpó su presencia ante los ejecutivos y caminó a través del salón con pasos lentos y dominantes. Al llegar al lado de Rous, pasó su brazo con firmeza alrededor de su cintura, pegándola contra su costado de una forma tan posesiva que cortó la conversación del francés al instante.

​—Encantado de saludarlo, Barón —dijo Lorenzo en impecable francés, su voz exudando una calma cargada de advertencia mientras sostenía la mano de Rous—. Disculpe que interrumpa, pero mi esposa y yo tenemos un asunto privado que atender.

​Antes de que el diplomático pudiera responder, Lorenzo guio a Rous hacia uno de los balcones privados que daban a los jardines iluminados del palacio, alejados del murmullo de la fiesta.



#1876 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 29.09.2026

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