Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 20

Capítulo 20: El vacío del imperio

​El ascensor privado del edificio De Luca se abrió en el silencio sepulcral del penthouse.

​Lorenzo caminó hacia el salón principal sin encender una sola luz. La penumbra de la noche parisina había quedado atrás; ahora era la iluminación fría de los rascacielos de la ciudad la que se filtraba por las paredes de cristal, proyectando sombras largas y afiladas sobre el mármol.

​Caminó directo al bar. Se sirvió tres dedos de coñac puro, pero en lugar de beberlo, se quedó sosteniendo la copa con los nudillos rígidos, observando el reflejo de su propia figura en el cristal.

​Por primera vez en años, Lorenzo De Luca sintió el peso aplastante de la soledad.

​El departamento no estaba simplemente vacío; estaba deshabitado. Faltaba el perfume a jazmín y maderas que Rous dejaba a su paso. Faltaba el chasquido agresivo de sus tacones sobre el piso de madera al regresar de un rodaje, el sonido de su voz helada lanzándole una réplica contable a mitad de la cena, o el destello de furia en sus ojos verdes cada vez que descubría una nueva maniobra corporativa.

​Rous se había ido. Y aunque el coche de la empresa y los escoltas sabían perfectamente que estaba bajo el techo de Dominic, para Lorenzo la distancia entre su penthouse y ese departamento se sentía como un abismo insalvable.

​«Quiero el divorcio».

​Las tres palabras de Rous no dejaban de resonar en su mente, como un eco persistente que su fría lógica no lograba silenciar. Se pasó una mano por la cara, desabrochándose el cuello de la camisa con una brusquedad inusual en él.

​Había pasado años diseñando esta red. Cada paso, cada cláusula del contrato, cada movimiento en la junta directiva y cada maniobra para desarmar los planes de los padres de Rous habían sido calculados con la precisión de un cirujano. Sabía que ella lo odiaba por su control; sabía que lo consideraba un tirano arrogante. Pero Lorenzo se había convencido a sí mismo de que mantenerla acorralada bajo su apellido era la única forma de protegerla de una familia que solo la veía como una ficha de cambio, y de un mundo de depredadores que codiciaban su belleza y su talento.

​Sin embargo, al verla romperse esa misma noche, refugiada en los brazos de Dominic y dispuesta a quemar su propia reputación con tal de escapar de él, Lorenzo entendió la grieta en su ecuación.

​En su empeño por ser su único refugio, se había convertido en su carcelero.

​Caminó despacio hacia el despacho principal. Sobre el escritorio impecable reposaba la carpeta de cuero con el contrato original firmado con la tinta de Rous. Lorenzo deslizó los dedos sobre el papel. Recordó la noche en que ella llegó mojada por la llovizna, con el orgullo roto pero la barbilla en alto, prefiriendo entregarse a él antes que dejarse casar con el prospecto que sus padres le imponían.

​Él quería su fuego, su pasión y su cuerpo, sí. Pero por sobre todas las cosas, Lorenzo deseaba su entrega voluntaria, algo que ningún documento legal ni ninguna amenaza corporativa podían comprar.

​Apretó los dientes, sintiendo una punzada de rabia mezclada con una angustia desconocida. Amenazar a Dominic con la ruina de los Bozzo a las doce del mediodía había sido su último recurso de dominación, su reflejo instintivo para no admitir que la estaba perdiendo. Pero sabía muy bien que si forzaba a Rous a regresar bajo chantaje, lo único que tendría en su casa sería una sombra vacía y resentida.

​Dejó la copa sobre el escritorio sin haber probado un solo sorbo. Se apoyó con ambas manos sobre el borde de la mesa de caoba, mirando hacia la penumbra de la ciudad.

​Había ganado el imperio De Luca, había sometido a la junta directiva y tenía el control de los mercados financieros. Pero ahí, en la soledad de su cima de cristal, Lorenzo De Luca comprendió la aterradora verdad de su propia trampa: si Rous no cruzaba esa puerta por su propia voluntad al mediodía, el contrato no habría sido su victoria más grande... sino su derrota más definitiva.



#1876 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 29.09.2026

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