En seguida, Any intenta hablarle a su hija, pero se detiene. Cuando Ersaí le contesta a Sara:
— ¡Treinta y seis años!
— Aparentas menos.
Ersaí se sonríe, y dice:
— Gracias.
Consuelo les pregunta a Sara, al pastor y a Any:
— ¿Ustedes les gusta la torta fría?
Todos le contestan que sí. Cuando Inés con su niña en brazo les dice a todos:
— Pues, repartamos la torta.
De inmediato, todos disfrutan del pastel que le compraron a Ersaí, y este se acuerda de los muchos cumpleaños que vivió solo en la calle, y retiene su lloro, porque se acuerda también de que conoció a Dios...
En la mañana siguiente, Ersaí se va a trabajar a la Iglesia, y Joaquín lo acompaña por primera vez, mientras Consuelo se prepara para ir a trabajar. Cuando recibe una llamada de su hermana Martha...
Consuelo le contesta a su hermana, diciéndole:
— Hola Martha. ¿Cómo estás?
— Fatal, me siento fatal.
— ¿No me digas que otra vez estas alegando con Cristalda?
— Discutimos otra vez, y estoy empacando mis maletas para irme.
— Martha, Martha, no seas tan explosiva, ¿ahora porque discutieron?
— ¿Yo explosiva?
— Si, tu, eres explosiva y humillativa, perdóname por decirte esto así, pero es la verdad... ¡Martha! ¿Estás ahí?¡Martha! ... parece que colgó.
En ese momento, Martha termina de meter toda su ropa en las maletas y no se despide de su prima Cristalda y se va de la casa...
En la Iglesia, Joaquín ayuda al pastor y a su hijo a organizar unas cuerdas que van hacia la pantalla, y poner varios ventiladores más...
En ese instante, Joaquín recibe una llamada inesperada del jefe de la Dian, quien lo sita para hablar de trabajo...
Joaquín cuelga su teléfono, y le dice a Ersaí:
— Tengo una cita con mi antiguo jefe de la Dian.
— Que bueno.
— Gracias a tus oraciones.
— Gracias a Dios, pero todavía no nos adelantemos, ¿para cuándo es la cita?
— Para mañana.
— ¿Y ya se arregló ese problema del robo?
— No sé, yo estos días le dije con toda sinceridad, que yo no estaba metido en eso, y que investigaran bien. Y él me dijo que de hace tiempo han investigado, que, si hubieran encontrado algo, yo de hace tiempo estaría en la cárcel.
— Es muy bueno que el jefe diga eso, es muy probable que vuelvas a trabajar allá.
— Si, eso espero...
Minutos después, Martha está muy furiosa, y sin importar que le pase algo, llega al barrio Ciudad Jardín, y se pone al frente de su casa, y grita acaloradamente hacia la casa:
— ¡RATEROS! ¡LADRONES! ¡SALGAN DE MI CASA! ... ¿USTEDES QUE SE HAN CREIDO? PARTIDA DE LADRONES... ¡SALGAN! ¡AQUÍ ESTA LA DUEÑA DE LA CASA!
De inmediato, Filomena y varios vecinos salen de sus casas. Cuando los que tienen la casa de Martha; salen cinco de ocho personas que son, pues los otros tres no están.
Los cuatro hombres y la mujer salen al andén con malas intenciones al ver que es la dueña en persona. Cuando Martha les vuelve a gritar:
— ¡RATAS! ¡SALGAN DE MI CASA! ¡ESTO ES MIO! YO PASE TRABAJO PARA HACER TODO ESTO.
Filomena se acerca, y le dice a Martha:
— Amiga, cálmate y vamos para mi casa.
— ¡NO ME DIGAS NADA! ¡HOY ESTOY DISPUESTA AMORIR AQUÍ! ¿CÓMO ES POSIBLE QUE ESTOS ME VENGAN A ROBAR MI CASA ASI COMO ASI? ¿CUÁNDO YO LES HE FIRMADO PAPEL? PERO HOY ME TIENEN QUE ACABAR AQUÍ, PORQUE VENGO POR LO MIO.
— No digas eso.
— ¡QUITATE! Y NO ME MOLESTES FILOMENA.
Filomena teme que la golpeen y se retira un poco al ver tan brava a Martha. Cuando uno de los hombres que se están robándola casa; mira a todos los vecinos, y luego le dice a Martha:
— Vea señora, si usted no se acuerda que nos vendió esta casa, es su problema.
— ¡ESO ES MENTIRA! DEVUELVANME MI CASA! ¡RATEROS!
Uno de los vecinos de la esquina, reconoce a Martha y llama rápidamente a la policía, mientras Filomena entra a su casa y también llama a la policía.
Los cuatro hombres y la mujer se ponen nerviosos ante el escándalo de Martha y la mirada de todos los vecinos, que deciden entrarse todos. Cuando Martha les golpea la puerta dispuesta a todo...
Filomena vuelve a acercarse a Martha, y le expresa:
— ¡Martha! Hazlo por tu hermana Consuelo y no sigas con eso, deja que la policía se encargue de esto.
— Ellos no han podido hacer nada, por un papel que ellos le muestran.
Filomena ve un poco más calmada a Martha, la coje de las dos manos y la lleva hasta su andén, y le dice:
— Pero tienes ahora los vecinos como testigo, todos sabemos que esta es tu casa y que tú les arrendaste a ellos. Nosotros podemos ser de testigo.
— ¿Ustedes me ayudaran?
— Si, espera aquí, yo hablare con los demás vecinos.
— Bueno.
De inmediato, Filomena se va para el frente y habla con varios vecinos, y estos por miedo a una represaría o venganza, se niegan a testiguar.
Decepcionada, Filomena se va para la esquina para hablar con otros vecinos, pero estos también tienen temor y todos concuerdan en no querer tener problemas con esos hombres...
Filomena no busca más a nadie y se devuelve para su casa. Cuando Martha al verla le dice:
— ¿Qué dijeron?
— Pues, la verdad, es que la única que quiere atestiguar que tu eres la dueña de esa casa, soy yo.
— ¿Cómo así?
— Todos tienen miedo.
— Es entendible, todo el mundo quiere cuidarse de que no le vayan hacer algo malo.
— No te preocupes Martha, yo de hace rato llamé a la policía.
— Yo lo he hecho cuando estaba en España.
— Pero ahora estas aquí, y yo te apoyo.
— ¿No piensas en Alfredo y en tu hijo?
— Pues, ellos me apoyarían, esperemos a que llegue la policía.
— Bueno.
La policía llega al lugar, y Martha habla con los agentes; y les declara todo lo que ha pasado, mientras desde la ventana los hombres miran, y preparan el documento que tienen...
Luego de escuchar lo de Martha, los cuatro policías se bajan de sus motos, y van a la casa en disputa, pero antes de que estos toquen, la mujer abre la puerta y con documento en mano les dice: