Un Menesteroso

SIN RENCORES

Después de revisar los cuartos, el pateo y demás partes de la casa, tres de los cuatro policías, salen al andén. Cuando Rigoberto les dice:

— ¿Encontraron algo?

Una de los policías le responde a Rigoberto:

— Todo está bien.

El otro policía que tiene la cédula de Lina, se la entrega, diciéndole:

— ¡Aquí tiene!

— Bueno.

Martha se enoja bastante, y le dice a la policía:

— ¿Por qué se dejan engañar? Allí adentro hay más hombres.

Los policías ya ven con dudas a Martha, y uno de ellos le responde:

— Acabamos de revisar y solo están ellos dos.

Lina disimula su sonrisa, y le expresa a Martha:

— Sin rencores señora.

Los policías le devuelven el documento a Lina, y Martha se decepciona de la policía y se va a la casa de Filomena y llora en ese lugar, y luego de recibir ánimo de parte de Filomena, Martha llama a su hermana Consuelo, diciéndole que la ayude.

Consuelo le da la dirección de donde está trabajando, para hablar mejor con ella...

Minutos después, Martha llega a la oficina donde está trabajando su hermana, y le dice todo lo que pasó, y consuelo le dice:

— Fue muy arriesgado de tu parte, esa gente te pudo hacer algo.

— Si, pero en ese momento, yo no pensé en nada, estaba muy furiosa.

— Gracias a Dios, estas aquí.

— Pero sigo estando sin casa, y tu esposo no me quiere cerca.

— Han cambiado las cosas.

— ¿Cómo así?

— Si, nosotros ya somos cristianos, mi esposo, nuestros hijos y yo.

— ¿Pero cómo? Todos ustedes no creían de Dios.

— Ahora sí, y fue nuestro hijo Ersaí quien nos abrió los ojos, por fin vimos la verdad y confesamos que Jesús es nuestro salvador, y te digo; que tú también deberías de conocer a Jesús.

Martha cambia el tema, diciendo:

— ¿Me dejaras vivir en tu casa?

— Claro hermana, pero ya no estamos en el Limonar.

— ¿En dónde están ahora?

— En el centro, en la casa que le dieron a vivir a Ersaí.

— ¿Ustedes perdonaron a Ersaí? ¿Y viven con él?

— Lo perdonamos y él nos perdonó a nosotros, todos nos perdonamos los unos a los otros, y si no fuera por él, estaríamos pagando arrendo.

Martha pone su mano derecha en la frente, y se acuerda del día que echo a su sobrino, diciendo:

— Seguramente, mi sobrino no va quererme cerca, porque yo lo eché como un perro de mi casa.

— Pues, habla con él, no saques conclusiones todavía, quédate conmigo hasta que salga de trabajar.

— Bueno...

Horas después, luego de trabajar en la Iglesia, Ersaí y su padre van hacia la casa.

En ese instante, Joaquín recibe una nueva llamada de otro amigo del antiguo trabajo, y le dice a su hijo:

— Ya voy para la casa, me voy a reunir acá en el centro con otro amigo.

— Bueno papá, te espero...

En ese momento, Joaquín se va a su reunión, mientras Ersaí va por el camino, y piensa en Mónica y habla con ella por varios minutos, y al llegar a casa, quedan para verse el día siguiente.

Muy contento, Ersaí se sienta para seguir adelantando su libro, y le agradece a Dios por la cita con Mónica...

Ersaí sigue muy entusiasmado escribiendo su libro en el portátil, mientras Joaquín tiene su primera oferta de trabajo como administrador de una bodega de carbón.

Joaquín mira a su amigo, y le dice:

— Gracias John por esta gran oferta.

— Necesitamos un hombre serio como tú.

— Gracias amigo, ¿pero será que puedo pensarlo hasta mañana?

— ¿Cómo así? ¿No quieres trabajar en la bodega administrando el carbón?

— Si, solo que mi antiguo jefe de la Dian quedo en hablar conmigo, y es posible que hoy o mañana se resuelva algo.

— Ah, bueno, te esperaré tu respuesta hasta mañana, porque si tu no aceptas buscaré a otro, y después no vayas a decir que no consigues trabajo.

— Gracias amigo, mañana te daré respuesta...

Ersaí descansa de escribir, y va ala cocina en busca de algo de comer. Cuando ve entrar a su madre, y en segundos se lleva una gran sorpresa al ver a su tía Martha, diciendo:

— ¡Tía Martha!

Consuelo saluda a su hijo, y Martha muy apenada por haberlo echado, le expresa:

— Buenas tardes sobrino.

— Que sorpresa, buenas tardes tía.

Consuelo hace sentar a Martha, y le dice a su hijo:

— Hijo mío, como ya sabes, a tu tía Martha le...

Martha no deja terminar de hablar a su hermana, y se levanta rápidamente, diciéndole a Ersaí:

— Sobrino perdóname por haberte sacado de mi casa, fui una persona muy injusta.

— Tranquila tía, yo hace mucho tiempo que te perdoné, ni me acordaba de eso.

Martha abraza a su sobrino, diciéndole:

— ¿Es verdad eso? ¿No sientes nada?

— No tía, Jesús nos enseña a perdonar de verdad, no hay que guardar rencor, porque eso es muy malo.

Consuelo se alegra de ver a su hermana y su hijo abrazados, y le expresa a Martha:

— Déjame hablar con Ersaí.

— Bueno hermana, explícale tu.

En seguida, Consuelo le dice a Ersaí que a su hermana le robaron la casa y que peleo con la prima donde estaba viviendo, y que no tiene a donde vivir.

De inmediato, Ersaí mira a Martha, y le expresa:

— Pues aquí... vienes siendo muy bienvenida.

Martha salta de la alegría y vuelve a abrazar a su sobrino. Dándole también besos en su mejilla derecha...

Joaquín llega a la casa y se sorprende también de ver a Martha, porque pensaba que a donde estaba ella, no la iba a volver a ver en Colombia, y Consuelo y Ersaí le cuenta todo a Joaquín, y este también acepta a Martha...

Por separado, Martha le dice a Joaquín:

— Disculpa por meterme así a tu casa.

— Martha, primero que nada, esta no es mi casa, esta es la casa que le cedieron a mi hijo.

— Si, pero tú eres el papá de Ersaí, y puedes influir para que el no me acepte aquí.

— Basta Martha, tranquilízate, en esta casa eres bienvenida, además, yo también soy cristiano, yo ya no soy el mismo Joaquín de antes...




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