Apenas el pequeño grupo que se había formado alrededor de Mateo para tomarse fotos con él, algunos incluso pidieron autógrafo.
Clara le parecía chistoso que solo por haber cantado una canción popular que incluso todos cantaron con él el coro, por haber sacado de la rutina de la gente le hicieran fila como si fuera un cantante famoso, y solo era mateo… un chico casual, despreocupado y relajado, alguien que sin querer le estaba haciendo más amena la estadía en el aeropuerto y sería una historia cómica para recordar, pues estaba segura que sus vidas no encajaban fuera de allí y no volverían a verse.
Cuando la gente empezó a dispersarse, la energía del lugar no volvió exactamente a donde estaba antes. Algo había cambiado. No era el espacio, ni la gente, ni siquiera la música que ahora Marcus seguía tocando en un tono más bajo, como si entendiera que ya había ocurrido el momento principal. Era otra cosa. Una especie de complicidad flotando en el aire que no necesitaba explicación.
Mateo volvió a sentarse junto a Clara con esa naturalidad suya, como si acabara de regresar de pedir un café y no de convertir una sala de espera en un pequeño concierto improvisado. Se acomodó en la silla, tomó su jugo como si nada y la miró de reojo.
—¿Siempre me miras así o es por el show? —preguntó, con una media sonrisa que ya empezaba a ser peligrosa.
Clara no apartó la mirada esta vez. Lo sostuvo, evaluándolo, como si estuviera decidiendo qué versión de respuesta darle.
—Estoy tratando de decidir si fue suerte o si de verdad sabes lo que haces.
Mateo fingió pensarlo un segundo, llevándose la mano al mentón como si estuviera en una decisión importante.
—Voy a elegir creer que fue talento. Me conviene más.
Clara soltó una risa, pero esta vez no fue inmediata, fue de esas que se construyen un segundo antes de salir, como si hubiera algo más detrás.
—Claro, humildad, ante todo.
Mateo sentado en la silla subió una pierna y entre risas y bromas le dijo, — ok ok te diré la verdad, pero no le digas a nadie, es un secreto de estado.
—soy un gran cantante, no sé porque no has reconocido este rostro de adonis que tengo, que ha aparecido en conciertos y pantallas grandes, — dijo esto dándose un pequeño puño en su mentón, dándoselas de galán de novela mexicana.
—si, si si, claro, — si en verdad eres un cantante de nivel mundial y apareces cantando en el super Ball yo ese día me caso contigo
—conste , que ya tiene fecha de boda. — dijo mateo, picándole el ojo.
Ok, señor cantante, entonces no eres arquitecto
—por desgracia, si lo soy, herede la empresa por mi padre.
Clara con esa anotación non sabia que pensar o que crear, afortunadamente, tuvieron otra interrupción, aplausos muchos aplausos
A las diez de la noche Marcus terminó de tocar con la misma naturalidad con que había empezado, guardó la guitarra en la funda, y recibió un aplauso espontáneo de la zona de descanso que tenía más calor del que uno esperaría de un grupo de personas cansadas y varadas en un aeropuerto, . Él agradeció con un gesto sencillo, sin teatro, y se instaló en una silla cercana a revisar el teléfono con la expresión de alguien que también tiene un vuelo cancelado y también está esperando noticias que probablemente no van a llegar hasta la mañana.
Clara sacó la almohada de viaje azul marino del reposabrazos donde la había dejado y la acomodó con la practicidad de quien ha decidido que dormir
—¿Duerme en los aeropuertos? — preguntó Clara, no con ironía sino con curiosidad genuina, porque ella no podía hacerlo—
—En un aeropuerto normal, no
Clara pensó en eso. Pensó en todas las veces que había estado en aeropuertos de paso, siempre de paso, siempre con el destino siguiente calculado, siempre con el tiempo suficiente pero no de más, siempre moviéndose. Pensó que nunca antes había mirado un techo de aeropuerto durante suficiente tiempo como para tener una opinión sobre las vigas.
—Creo que este es el primer aeropuerto donde me he quedado el tiempo suficiente para ver el techo.
—La arquitectura de este lugar es buena, Sabes desde pequeño me gusta dibujar, imaginar, crear, pero siempre el tema de lucrarse, el tema de licitaciones, de pelear por un proyecto le quitan la magia.
La noche siguió. El techo siguió siendo bueno. Y en algún punto entre las dos y tres de la madrugada, con el terminal C en su versión más silenciosa y la tormenta sobre Nueva York sin dar señales de ceder, Clara Mendoza se quedó dormida con la almohada azul marino contra el reposabrazos de la silla, y Mateo Ríos la escuchó quedarse dormida en el cambio de su respiración, Clara dormida dejo caer su cabeza sobre el hombro de mateo, él la acomodo y no dijo nada y no hizo nada y simplemente abrió la libreta en la oscuridad relativa del terminal y dibujó las vigas del techo porque eran buenas y porque algunas cosas merecen ser guardadas antes de que uno se vaya del lugar donde las encontró.