Un Millonario En Clase Turista

Capítulo 11

Clara sostuvo la mirada de Mateo un segundo más de lo habitual, como si todavía estuviera ordenando lo que acababan de decirse, como si hubiera algo en el aire que no quería dejar pasar sin entenderlo bien.

—Espera siéntate, esto es diferente —dijo al final.

Mateo no apartó la vista.

—¿Por qué?

Clara cruzó los brazos, no a la defensiva, más bien como quien se organiza.

—Porque yo entiendo los mecanismos.

Mateo inclinó apenas la cabeza.

—Entender los mecanismos de algo no significa que no duela.

Clara exhaló por la nariz, aceptándolo.

—No… no significa eso.

El silencio que siguió no fue incómodo, fue de esos que se quedan un momento más porque todavía tienen algo que sostener.

Mateo habló sin cambiar el tono.

—¿Dolió?

La pregunta cayó simple, directa, sin rodeos, y Clara supo que no había forma elegante de esquivarla.

—Sí —dijo—. Mucho.

Mateo asintió..

Y por alguna razón, eso hizo que Clara bajara la guardia un poco más.

Pasaron unos segundos. Clara miró hacia la pista y luego volvió a él.

—¿Y usted? —preguntó—. ¿La echa de menos?

Mateo negó suavemente.

—A ella no.

Hizo una pausa corta.

—Al niño sí.

Clara lo miró con atención.

—No sé si es mío —continuó Mateo—, no lo conozco, no sé dónde está… pero siento que tengo que encontrarlo. Es raro de explicar, pero es como si fuera una parte de mi vida que está suelta. Y sea o no de mi sangre… lo voy a buscar igual.

Clara frunció un poco el ceño.

—¿Y eso le parece bien?

Mateo la miró de frente.

Era la primera vez que ella le devolvía una pregunta con ese filo.

—Sí —respondió sin dudar—. A mucha gente no le va a parecer bien. Otros van a opinar sin que nadie les haya preguntado. Pero es mi vida. Y no tengo por qué explicársela a nadie.

Hizo una pequeña pausa y añadió:

—Y no hablo de ti. Hablo del resto.

Clara sostuvo su mirada unos segundos más, como si midiera la firmeza de lo que acababa de decir.

Mateo desvió la vista hacia la pista y habló con un tono más bajo.

—Echar de menos a alguien no es un problema que haya que resolver. Es solo la forma que toma el cariño cuando ya no tiene a dónde ir.

Clara no respondió de inmediato.

Miró al frente.

Pensó en Sebastián. Pensó en los martes. Pensó en lo mucho que había evitado decir su nombre en voz alta.

—Eso es lo más preciso que he escuchado sobre echar de menos —dijo al final.

Mateo se encogió de hombros, como si no fuera nada.

Clara giró hacia él otra vez.

—¿Entonces el amor romántico no lo cree del todo?

Mateo pensó un segundo.

—Creo que existe —dijo—. Pero no siempre donde uno cree.

Clara lo miró con una media sonrisa.

—¿Ejemplo?

Mateo la miró de vuelta, sin apuro.

—Tú.

Clara levantó las cejas.

—¿Yo? ¿Yo qué?

Mateo se inclinó apenas hacia ella.

—Me encontraste en un aeropuerto.

Clara soltó una risa.

—Más bien tú tuviste suerte de verme aquí.

Mateo negó con la cabeza.

—Te recuerdo que fuiste tú la que puso fecha de boda.

Clara abrió la boca para responder, pero no alcanzó.

—¡OMG! —gritó una voz a su lado.

Ambos giraron al mismo tiempo.

Una chica los miraba con los ojos abiertos, claramente emocionada.

—¿Te vas a casar? Esto es una booooooomba.

Clara no dudó, entró en el juego sin mirar a Mateo.

—Eres la primera y la única en saberlo —dijo con total seriedad—. Si guardas el secreto, te invitamos a la boda. Todo depende de tu discreción.

Le guiñó un ojo. Y le dio su celular para guardar su contacto

La chica hizo un gesto de cerrar la boca con cremallera y lanzó una llave imaginaria al aire.

—¡Prometido!

Y se fue casi corriendo.

Clara la vio irse y luego miró a Mateo.

—Hiciste fans muy rápido.

Mateo se llevó la mano al pecho, fingiendo gravedad.

—Ten cuidado… ahora que saben que eres mi prometida, los paparazzi no te van a dejar en paz.

Clara cruzó los brazos otra vez, divertida.

—Ah sí… ¿y el anillo?




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