A las nueve y cinco, con el vuelo de Clara a noventa y cinco minutos, Mateo dijo que deberían desayunar algo más que café. No lo planteó como urgencia ni como plan estructurado, lo dijo con esa manera suya de dejar la puerta entreabierta, como si la decisión final siempre fuera del otro, y Clara, que ya había notado ese patrón, rodó los ojos con una sonrisa que no alcanzó a ocultar del todo.
—Claro, porque sobrevivimos a la noche… pero no al café del termo.
—Ese café debería venir con advertencia médica —respondió Mateo, levantándose—. Algo tipo: “consumir bajo su propio riesgo intestinal”.
Ambos rieron, definitivamente mateo era un chiste andante, pero en buen plan, pensó clara
Caminaron hacia la tienda del pasillo por tercera vez , lo cual ya empezaba a parecer una rutina no pactada. La señora del mostrador los reconoció apenas los vio acercarse, los miró con una mezcla de cansancio y diversión, como quien ya ha sido testigo de una pareja dispareja
—Ustedes otra vez —dijo—. son ultimaventa antes de entregar turno. No me lo hagan difícil por favor, -acuño sus manos como en forma de rezar, pero con una sonrisa-
Clara levantó las manos en señal de paz.
—Hoy vengo en modo responsable.
—Eso dijiste ayer —añadió Mateo, mirando el café con sospecha—. Y mírame. Sobreviví, pero con secuelas.
Clara le arrugo los ojo y miro a la empleada, pidió primero, revisando las opciones con la lógica práctica de alguien que ya no espera milagros gastronómicos en un aeropuerto.
—¿Qué hay?
—Sándwiches… y desayuno americano —respondió la señora.
—¿Qué es desayuno americano, el normal o que trae este? —preguntó Mateo.
—Huevo… en alguna forma, la que quieran.
Clara asintió.
—Me sirve. El huevo en cualquier forma me parece bien, mas si es temprano antes de empezar el día, aunque antes de volar no cae mal.—dijo mateo y giró la cabeza despacio, mirándola.—
—Eso suena a doble sentido. Todo lo llevas allá.— Clara le dio un golpe en el brazo sin pensarlo.—
Mateo se acomodó, serio de repente, cruzándose de brazos como si fuera a dar un discurso.
—Como dijo el sabio Cantinflas, usted es la que siempre quiere seducirme… pero yo no voy a caer. Usted es de esas que le coquetean a uno, lo hacen enamorarse, le quitan la flor más íntima… y luego lo cambian por alguien más joven.
Clara lo miró un segundo. Luego otro. Y empezó a reírse.
—No puedo contigo… en serio no puedo.
Levantó la mano con el café para evitar otro accidente… y en ese mismo movimiento, la señora del mostrador pasó justo por detrás.
El café se estrelló directo contra el pecho de la mujer.
Silencio.
Mateo cerró los ojos un segundo.
Clara se quedó congelada.
La señora miró su uniforme, luego a Clara.
—¿Qué tiene usted en contra del café? —dijo, agotada—. Siempre se lo lanza a alguien.
Mateo ya estaba riéndose.
—Le juro que es talento natural.
—Menos mal ya voy de salida —continuó la señora, limpiándose—. Porque otro turno con ustedes y renuncio.
Clara no sabía si disculparse o desaparecer.
—Lo siento… de verdad… yo…
—Ya, tranquila —dijo la mujer, cansada—. Solo no toque nada caliente.
—yo que tengo que ver hay, a mi si me puede tocar todo lo que quieras dragoncito
Ambas se atacaron a reír por las ocurrencias de mateo, la señora paso al mostrador aun riendo
Cuando por fin lograron sentarse con el desayuno, el silencio llegó, pero no incómodo, no del todo. Tenía algo distinto, como si debajo hubiera algo pendiente que ninguno terminaba de acomodar.
Mateo rompió ese equilibrio primero, sin mirarla directamente.
—¿Va a terminar la ponencia como estaba planeada?
Clara asintió.
—Sí.
—¿A pesar de que él va a estar ahí?
—Sí —repitió—. No voy a cambiar lo que hago por alguien que ya no está en mi vida.
Mateo la miró.
—¿A qué compañía vas?
—Icobyl Company.
Mateo levantó la vista.
—-Si la conozco, ¿que piensas de esa compañía?
—Entonces sabes más o menos lo que voy a decir.
—No exactamente. ¿Qué vas a decir?
Clara dejó el tenedor un segundo.
—Que tienen problemas serios. Que hay desgaste, que hay negligencia… y que la salud mental no es una opción decorativa. La verdad encontré varios errores en las diapositivas que me enviaron los de RRHH y otras directrices de allá, les indicare, ya si ellos lo asumen o no, no depende de mi, pero pueden llegar a tener muchas demandas de sus empleados porque tienen varias quejas y no le ven importancia a la salud mental, esta reunión se hará porque uno un suceso, no por rutina
Mateo apoyó los codos en la mesa.