Luego de hacer las compras y de llamar a sus amigas para verse en el hotel, Clara se metió en la tina y se quedó ahí más tiempo del necesario, no por descanso sino porque necesitaba ordenar lo que no estaba ordenado, porque todo lo que había pasado en el aeropuerto no encajaba con la forma en que ella entendía las cosas,una terapeuta de apego que había pasado años explicando vínculos y patrones y que podía nombrar casi cualquier reacción emocional sin titubear, y sin embargo ahí estaba, repasando una risa, una mirada, una conversación, un beso, como si fueran piezas sueltas de algo que todavía no tenía forma, Mateo había entrado en su rutina sin pedir permiso, con esa manera suya de decir las cosas sin imponerlas, de moverse sin ruido, de observar antes de hablar, y en menos de un día había logrado lo que su ex no logró en años, moverle algo que ella creía bajo control, y eso no le gustaba, pero tampoco le disgustaba, y esa mezcla era lo que la tenía ahí, con el agua ya tibia y la cabeza llena de sonrisas a recordarlo.
Cuando sus amigas llegaron, Clara salió envuelta en la bata y se sentó en la cama con ellas, y lo contó todo, sin omitir nada, desde el café en la camisa hasta la libreta, desde la conversación de madrugada hasta el beso en el corredor, y mientras hablaba veía sus caras cambiar, la incredulidad primero, luego la emoción, luego esa sonrisa cómplice que aparece cuando alguien sabe que está escuchando una historia que no es común, y cuando terminó, una de ellas soltó una risa larga y dijo
—Esto no es real, esto es película, Clara, ¿en serio te pasó todo eso en una noche?
Clara levantó la mano donde aún tenía la argolla de llaves que Mateo le había puesto, la miró como si la estuviera viendo por primera vez y soltó una risa breve
—Mírame, ni me la he quitado
—Te enamoraste —dijo otra, sin filtro
Clara negó con la cabeza, pero no respondió de inmediato, se limitó a encogerse de hombros mientras sonreía
—No sé qué es esto, y no voy a ponerle nombre todavía
—Claro que no —dijo la primera—, porque si le pones nombre se acaba la magia
—Cállate —respondió Clara riéndose—, no existe la magia
—Ah no, entonces explícanos eso —dijo señalando la argolla
Todas rieron, y Clara negó otra vez, sin argumentos esta vez.
Comieron hamburguesas, pidieron cerveza, hablaron de otras cosas, pero siempre volvían a lo mismo, a Mateo, a la noche, al beso, como si no hubiera otro tema que valiera la pena, y cuando empezó a caer la noche, Clara se quedó de pie frente a la cama pensando este hombre en tan solo en un día y una noche logro capturar su corazón con canciones risas y elocuencias de ego super elevado, un don juan conquistador hasta en los baños, él era ese picante que hacia falta en su vida, el cual pensó que al salir del aeropuerto jamas volvería a ver y todo quedaría en ese beso, pero él se hizo de mañas, de información que le saco a ella en conversaciones, para enviarle ese ramo de rosas en el momento justo, donde sabia que necesita algo que la trajese a realidad y la sacara del estrés laboral.
clara no sabia que ponerse para ir al bar, incluso estaba indecisa en si ir o no. decidio mandarle un mensaje al numero que mateo le dio.
—Hola mateo soy clara, este es mi número
Inmediatamente el mensaje fue respondido y seguido una llamada.
—Hola mi dragoncita. Ya estas lista para ir al bar con tus amigas?
—No, la verdad estoy cansada no sé si ir, neceito dormir, ya sabes que las sillas del aeropuerto no es de 5 estrellas.
—Entiendo, pero debes ir, según me dijeron se presentara una buena banda hoy, te sirve para salir de la rutina, dijo mateo
—Comó te fue en la reunión? Pregunto mateo
—No lo sé, Sebastian me dijo que sin importar nada, no le invertirá seguro de salud mental a los empleados, ya todo se sale de mis manos, yo no hago parte de esa compañía, solo soy de la aseguradora, y ya depende de mi empresa las medidas que tomen si ocurre otro accidente, creo que le pedirán reunión con el dueño ya que sebastian no se presta a hablar. Pero no quiero hablar de eso, ya sabes mas de lo que deberías.
—Con mas fuerza te digo, ve al bar, desestresate, quizá te sirva lo que veras para sonreír
Clara, cuelga la llamada y empieza a arreglarse para ir. Su amiga, llego con dos jeans de la boutique y dos camisas blancas sencillas cortas. Apenas claras las ve grita y con las manos mueve en negación.
—No, no, no, no, que te pasa... esas camisas son muy cortas eso no me lo colocare.
—Clara estaremos e un bar, si no es esto que es lo mas casual que encontré a ultimo minuto, serian estas o unos vestidos provocadores que también vi
Clara niega con resignación, se maquillan y salen directo al bar
Al llegar al lugar, El Hard Rock Café de Nueva York a las ocho de la noche era exactamente lo que uno esperaba de un lugar con ese nombre en esa ciudad a esa hora: ruidoso y lleno y con una energía que venía de todas las direcciones al mismo tiempo, con la música de fondo compitiendo con las conversaciones , era un bar muy famoso, se sintieron un poco mal vestidas, pero ya estaban ahí, hicieron la larga fila para entrar, a unos los dejaban pasar y a otros no por mas que insistieran
—Clara estas segura que nos dejaran pasar? pregunto lucia
—No lo sé, espero que si, sino , lo mato por hacerme pasar una verguenza hahahahaha
Cuando llegaron donde el portero del tamaño aproximado de un armario ropero de dos puertas, con el uniforme del local y una lista en la mano y la expresión profesionalmente neutral de quien ha visto entrar a mucha gente, y ha decidido que ninguna es particularmente sorprendente, era un hombre grande de piel oscura y corpulento, a lucia se le hizo agua la boca, pero no dijo nada, mas no dejo de verlo disimuladamente.
—Hola se aclara la vos clara, venimos
—Boleta, dijo él, con la economía verbal de quien ha dicho esa palabra cuatrocientas veces esta semana.