Un Millonario En Clase Turista

Capitulo 17

A la mañana siguiente, después de una noche que todavía le parecía difícil de ubicar en la realidad, Clara despertó en su apartamento con esa sensación persistente que no desaparece con el café ni con la rutina, una mezcla de expectativa y recuerdo que no sabía exactamente cómo manejar, no habían pasado la noche juntos, Mateo se había ido con la banda y su amiga se había marchado a las tres de la mañana, y ahora todo volvía a su lugar, o al menos eso intentaba, porque tenía que ir a la compañía a recoger documentación para llevar a la aseguradora, tenía responsabilidades claras, tareas concretas, cosas que sí tenían nombre y estructura, y aun así, mientras se arreglaba frente al espejo, no podía evitar volver a la noche anterior como si algo de eso se hubiera quedado abierto.

La puerta se abrió sin aviso y Lucía entró con energía

—Apúrate, tenemos que irnos ya, quiero llegar temprano a California, quiero ver tiendas, recorrer todo antes del Super Bowl

Clara la miró por el espejo, levantando una ceja

—No entiendo por qué estás tan emocionada si ni te gusta el fútbol americano

Lucía se llevó una mano al pecho con dramatismo

—Clara, por Dios, que tú seas afortunada no significa que vengas a romperme el corazón así, más bien deberías presentarme a los amigos de Mateo

Clara soltó una risa breve, negando con la cabeza

En ese momento entró Renata con el celular en la mano, sin saludar siquiera

—A mí también me deben muchas explicaciones, pero eso será después porque en la compañía hay un caos, el dueño llegó a la sede y nadie lo esperaba, así que Clara, esta es tu oportunidad para hablar con él, mostrarle todo, lo del accidente, todo lo que está pasando, ese hombre nunca aparece por allá

Clara se giró por completo, atenta ahora

—¿El dueño?

—Sí, el dueño —repitió Renata—, y si no aprovechas hoy, no lo vuelves a ver en meses

Lucía intervino mientras revisaba la ropa de Clara

—Entonces hay que cambiar ese outfit, así no puedes ir, tienes que causar impresión, es el dueño, no Sebastián

Clara suspiró, mirando la ropa que llevaba puesta

—Perfecto, entonces además de todo, tengo que improvisar

Renata sonrió de lado

—Se te da bien improvisar últimamente

Clara no respondió, pero la miró un segundo más de lo necesario.

Al mismo tiempo, en las oficinas de Icobyl Company, la mañana había empezado mucho antes.

Eran las seis cuando Dominic llegó. Caminó directo hasta donde estaba el Dueño de la compañia, le entregó una carpeta gruesa, cargada de documentos y fotografías, y habló sin rodeos

—Ruiz, Tus sospechas eran correctas, encontramos más de lo que imaginábamos

Ruiz no dijo nada, abrió la carpeta y empezó a revisar

—Todo está más turbio de lo que parecía —continuó Dominic—, no es solo negligencia, hay fraudes económicos, no hay pagos de licencias, no hay liquidaciones, hay robos que llevan años ocurriendo

—¿Pruebas?

Dominic señaló la carpeta

—Suficientes para meter a varios en la cárcel, Para hundir a cualquiera.— asintió apenas, sin expresión.

Dominic no era cualquier investigador, era exmilitar, le decían La Bestia, no por exageración sino porque tenía la capacidad de encontrar lo que otros no veían, de seguir rastros donde parecía no haber nada, de moverse sin dejar huella, y cuando lo llamaban era porque alguien necesitaba respuestas que no podían conseguir por otros medios.

A las ocho de la mañana, Ruiz estaba en la cabecera de una mesa de cristal.

Todos estaban ahí, socios, representantes de cada sede en Latinoamérica, y Sebastián, sentado a su derecha, como siempre.

Ruiz lo miró

—Ponte al otro extremo—le dijo a sebastian—

Sebastián frunció el ceño

—¿Por qué?

—Porque necesito hablarte mirándote

Sebastián levantó las manos, incómodo, pero se levantó y cambió de lugar.

Ruiz apoyó las manos sobre la mesa

—¿Dónde están todos los empleados?

—No pensé que fueran necesarios —respondió Sebastián—, no son de altos cargos

Mateo lo miró fijo

—Te dije todos

—Pero…

—¿Qué parte de todos no entiendes?

El silencio se instaló en la sala.

Sebastián parpadeó, desconcertado

—Qué pasa?

—Llama a todos

Sebastián tomó el celular, nervioso, empezó a dar instrucciones, pero Ruiz lo interrumpió elevando la voz

—No solo recursos humanos, es todos los empleados, esta reunión es para todos, ah y a la señora Clara Mendoza

Sebastián tragó saliva

—¿Qué está pasando?

Ruiz lo miró sin moverse

Sebastián negó con la cabeza




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