Un Momento

Capítulo 1

El mensaje decía que la entrevista sería en el sexto piso, pero no consideré la posibilidad de que el elevador estaría averiado y tendría que subir por las escaleras, en tacones y casi corriendo para no llegar tarde, así que ahora estoy agotada tratando de recuperar la respiración y sudando más de lo que me gustaría admitir. Mi condición física está por los suelos.

Me paso las manos sobre el cabello en un vago intento por acomodarlo mientras avanzo por el pasillo mostrando tanta tranquilidad como me es posible. Doblo en una esquina y me detengo en seco.

Una fila de mínimo veinte personas se extiende desde el escritorio que deduzco es de la secretaria. Hombres y mujeres por igual, todos vestidos acorde a la situación con carpeta en mano que contiene sus respectivos currículums, lo sé porque yo también traigo el mío.

Un suspiro abandona mis pulmones y, sin más opción, me acerco a formarme detrás de la última mujer en la fila.

Llevo meses buscando trabajo, pero el hecho de ser una recién egresada de la universidad no me da muchas oportunidades ni opciones, hoy en día todos los trabajos tienen como requisito años y años de experiencia, cosa que a mis veintidós años es casi imposible. Y sin embargo, aquí estoy.

El común alboroto de oficina resuena por los pasillos y trabajadores pasan por nuestro lado casi trotando, la mayoría luciendo exhaustos. Ignoro todo a mi alrededor y abro mi carpeta tan solo para revisar por centésima vez el documento dentro, incluyendo mi solicitud de empleo. Estoy absorta en las palabras, verificando que no haya ningún 'error de dedo' ni ninguna 'coma' esté fuera de lugar cuando un estruendo me hace sobresaltar. Al mirar hacia enfrente, me encuentro con que el sonido ha venido de la puerta detras de la secretaria, en la oficina de recursos humanos. Una chica de aproximadamente mi edad sale a paso veloz con los puños a los costados y la cabeza gacha. Al pasar a mi lado logro distinguir sus labios apretados y un par de lagrimas escaparse de entre sus largas pestañas.

Mis ojos se abren reflejando la sorpresa y siguen a la chica hasta que se pierde en la vuelta del pasillo para después regresar al frente donde me topo con una mujer con los brazos cruzados de pie en la puerta de la oficina. Sus ojos, aunque escondidos detrás de sus rojizos anteojos, observan la fila con una inquietante severidad y, sin más, regresa al interior de la oficina, haciendo resonar sus tacones a lo lejos.

Saco el aire que inconcientemente estaba reteniendo y paso saliva con fuerza.

— No sé tú, pero yo no pienso arriesgarme — giro la cabeza lo suficiente para ver a la persona a mis espaldas —. Parece una bruja — suelta mirándome con una sonrisa traviesa. Río ligeramente y asiento.

— Concuerdo, sentí que con esa mirada nos iba a mandar a todos al infierno. — continúo la broma, haciéndolo reír esta vez.

— Soy Lucien.

— Elara.

Estrecho la mano que me ofrece a manera de saludo y le ofrezco una sonrisa amistosa, la cual es correspondida de inmediato.

— Yo me voy — suelta con total seguridad — ¿Te quedarás a enfrentarla?

Observo una vez más la oficina ahora cerrada, después mi carpeta, estoy apunto de decir que me quedo cuando recuerdo el estado en que salió la chica anterior y un escalofrío me recorre la columna vertebral.

— No gracias, también me voy.

Me indica el camino con su mano y me incita a avanzar primero. Agradezco con un asentimiento y comienzo a caminar por donde hace tan solo unos minutos llegué.

— No he tenido muchas entrevistas en mi vida pero jamás había visto a alguien salir llorando de una — comenta mientras avanza a mi lado.

— Ni yo — confirmo —. A saber qué cosas le habrá dicho.

Antes de poder llegar a las escaleras, el sonido del elevador capta nuestra atención. Ya está en funcionamiento y sin dudarlo, nos dirigimos hasta él.

Las puertas se cierran tan pronto toco el botón de la planta baja y el típico silencio de elevador nos envuelve. Mis manos juguetean con la carpeta mientras mi mirada se mantiene fija al frente, observando el cubículo como si fuera la octava maravilla del mundo.

La pantalla marca el piso número tres cuando mi estómago comienza a hacer acto de presencia y siento mis intestinos moverse. Presiono mis manos sobre mi abdomen con discreción y rezo internamente para que el hambre no comience a provocar ruidos, sin embargo, parece ser que mis silenciosas suplicas fueron cruelmente ignoradas cuando un sonido largo y fuerte rompe el silencio. Presiono con más fuerza mi abdomen con la esperanza de que eso logre callarlo.

Mis mejillas se calientan de verguenza y me niego a girarme hacia mi acompañante.

— ¿Tampoco desayunaste?

Toda esperanza de que no haya notado el ruido se esfuma con esa pregunta, es más que obvio que lo ha escuchado.

— No me dió tiempo. — respondo vagamente.

— A mi tampoco — secunda —. Hay una cafetería justo enfrente, planeaba pasar después de la entrevista, ¿te gustaría ir?

Estoy por negarme cuando un rugido más fuerte que el anterior parece responder por mi, provocando una ligera risa en Lucien. Con la verguenza tiñéndome la cara de rojo por fin me animo a mirarlo, descubriendo que su mirada ya estaba sobre mí a la espera de una respuesta.

— Claro, me encantaría.

Sus blanquecinos dientes se asoman a través de la gran sonrisa que me ofrece junto a un apenas audible "excelente". Regresa su atención al frente y se pasa una mano entre su negro cabello, despeinándolo y provocando que un par de mechones caigan sobre su rostro. El movimiento es tan natural y atractivo a la vista que una punzada de envidia me dice que debería ser yo quien lo haga. Me reprendo mentalmente y espero a que las puertas se abran en el piso seleccionado.

A la salida del edificio entregamos los gafetes especiales que nos permitieron la entrada y abandonamos el lugar.

— Incluso las vibras de este lugar se sentían raras... Pesadas — reinicio la conversación.




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